Editorial -El fascismo en el poder
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En todos los casos de gobiernos fascistas, los resultados han sido, y en Venezuela siguen siendo, los mismos. Todo es propaganda, la mentira es un arma y la economía, el progreso y el bienestar se derrumban

Hitler y sus nazis incendiaron el edificio del parlamento alemán y culparon a los comunistas y los partidos democráticos. Mussolini y sus fascistas ofrecieron llevar a Italia a recuperar la grandeza, riqueza y poderío del imperio romano, y acusaron a los demócratas de la ruina italiana, mientras il Duce llevaba a Italia a una guerra brutal en la cual sólo pudo conquistar un pedacito de tierra africana a costa de arruinar a su país y a los italianos. Francisco Franco y sus generales culparon de todas las fallas acumuladas en España a los demócratas y los socialistas para justificar la guerra civil que le costó a los españoles la ruina total y casi un millón de muertos. José Stalin y el Partido Comunista de la Unión Soviética asesinaron a millones de campesinos –aparte de los otros millones de muertos en la guerra contra la Alemania hitleriana- y sojuzgaron a aún más millones de rusos, polacos, checoeslovacos, húngaros, búlgaros para lograr el control total a cuenta de hacerlos felices y de hacer de Rusia un país potencia. Tanta ferocidad, sangre y violación de derechos humanos sólo condujeron al desastre.

Los nazis culparon a los judíos de causar todos los males de Alemania, y de ser, junto con gitanos y otros grupos, razas inferiores que perjudicaban a los alemanes, y con ese pretexto asesinaron, encarcelaron y torturaron a millones. Franco negó toda opción a quienes defendieron a la democracia española contra la guerra de los militares y, después del millón de muertos, obligó a muchos mas a irse de su país. A cuenta de combatir a grupos mas bien pequeños de terroristas, los militares argentinos, uruguayos y chilenos asesinaron, desaparecieron y torturaron a miles de los ciudadanos a los cuales decían proteger. Para dar justicia y mejoramiento de vida a los chinos, Mao y sus comunistas sembraron de cadáveres, presos y torturados los extensos espacios de China.

Esas son las realidades del fascismo, siempre militarista, cuando tiene el poder. Mentir y sojuzgar para gobernar. En Venezuela, tristemente, el Gobierno acusa a Henrique Capriles de fascista, asesino e irresponsable,  a los gremios empresariales de desatar una absurda guerra económica contra el pueblo, a los importadores privados, industriales y comerciantes de acaparar productos y especular con los precios, a los medios que denuncian los problemas los tacha de mentirosos y conspiradores. No lo inventó Maduro, pero lo ha seguido y, de hecho, agravado.

En todos los casos de gobiernos fascistas, los resultados han sido, y en Venezuela siguen siendo, los mismos. Todo es propaganda, la mentira es un arma y la economía, el progreso y el bienestar se derrumban. La otra constante es que todos esos regímenes se comieron a sí mismos, las mentiras de desinflaron, sus economías se hicieron polvo y los gobiernos fascistas se derrumbaron. Ya está pasando con el régimen del mayor mentiroso de estos años, el ya vetusto Fidel Castro, a quien Dios ha dado vida para ser testigo del desplome y la desactivación de su desastre en manos de su hermano, cuyo único mérito ha sido entender y reconocer el fracaso.

Maduro y el chavismo andan caminando esos mismos caminos. Exponer al escarnio y la amenaza pública a los empresarios privados en afiches, no va a detener la bajada hacia el barranco de la historia. No hay tanque ruso ni Sukhoi capaces de aguantar el bomberdeo de la torpeza, la injusticia y la falsedad.