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“Actos de guerra” ELÍAS PINO ITURRIETA /EL NACIONAL – DOMINGO 7 DE JULIO DE 2013-SIETE DÍAS

Screen Shot 2013-07-08 at 8.07.37 AMEstamos frente a la médula de las afirmaciones del teniente Cabello: todo es asunto de “contad con la muerte”, todo consiste en exhibir cañones, como si estuviéramos a punto de repetir las escabechinas del siglo XIX

Como primer vicepresidente del PSUV, Diosdado Cabello ha ofrecido unas declaraciones sobre los planes de su organización que merecen firme comentario.

El país vive situaciones de confrontación, especialmente después de unas elecciones presidenciales cuyos resultados no convencen a más de la mitad de los votantes y a miles de ciudadanos que no votaron; especialmente después de que el CNE ha llevado a cabo una revisión del proceso para resguardo exclusivo de sus intereses; especialmente porque el TSJ se toma todo el tiempo del mundo para ver lo que millones de venezolanos ya hemos visto sobre el cuestionado triunfo de Maduro, pero no se han observado conductas ni se han descubierto planes convincentes que permitan pensar en una próxima explosión debido a la cual se deban preparar las armas. Ya las hubiesen convertido en espectáculo público los agentes del ministro Villegas. A menos que tomemos en serio las alucinantes afirmaciones de José Vicente Rangel sobre los aviones de guerra que ha comprado la oposición para arremeter contra el establecimiento. Esas son naves artilladas que, mientras no se demuestre lo contrario, apenas vuelan sin gasolina ni pilotos en el ámbito de una fatigada imaginación. Sin embargo, el teniente dice que todo está preparado para cruentos combates.

¿Quiénes van a ser los combatientes por la pureza de la “revolución”? De momento el teniente no anuncia la participación de las fuerzas armadas, ni de los milicianos fabricados por el Comandante Supremo. Los contingentes estarán integrados por una vanguardia de su bandería, que tendrá la tarea de llevar a cabo “actos de guerra” cuando los adversarios suenen el clarín de la contrarrevolución. Habla de 547.000 dirigentes, a quienes corresponderá la misión de movilizarse en 13.883 “unidades de batalla” desde cuyo escenario no sólo se encargarán de despachar al enemigo, si fuere necesario, sino también de buscar votos para las elecciones municipales. El teniente no explicó con claridad cómo actuarían de veras los combatientes, pero aseguró en tono amenazante que “ellos ya saben exactamente qué misión cumplir”. Nos dejó con la duda sobre las acciones que realizarían, pero apenas un poco, debido a que del tono críptico de este fragmento de sus afirmaciones únicamente se puede pensar en situaciones orientadas a sembrar pánico en la población.

Aparte del precario sustento de las afirmaciones, destaca el hecho de que relacione el próximo proceso electoral con un “acto de guerra” para cuya movilización no se hará como generalmente se ha hecho en Venezuela, a través de la pesca pacífica de votos, a través de las zancadillas y los discursos usuales, sino con el concurso de improvisados elementos armados que actuarían como si se tratara de una hostilidad que terminará necesariamente en batalla campal. Estamos frente a la médula de las afirmaciones del teniente Cabello: todo es asunto de “contad con la muerte”, todo consiste en exhibir cañones, como si estuviéramos a punto de repetir las escabechinas del siglo XIX con el Mocho Hernández convocando a la victoria. Habla en términos castrenses, se disfraza de Matías Salazar, se quiere parecer al Tigre de Guaitó, sólo le entrega su confianza a las palabras relacionadas con la guerra, mira la civil y lo cívico con ojos de cuartel para que adquiera mayor envergadura el rasgo autoritario que distingue cada vez con mayor intensidad a la “revolución”.

¿Considera las reivindicaciones universitarias como un “acto de guerra”? Se cuidó de una calificación tan estrambótica, pero en el paquete de sus declaraciones no dejó de referirse negativamente a las protestas del alma máter. Si las altas casas de estudio no forman parte todavía de un acariciado ataque llevado a cabo por 13.883 “unidades de batalla”, en cualquier momento preparará la toma del objetivo desde una tienda de campaña. La tienda de campaña puede ser la AN, pues el teniente preside lo que debiera ser recinto de la deliberación y hace con sus miembros lo que le viene en gana. Por fortuna, luchas como las de los profesores y los estudiantes de las instituciones autónomas nos advierten el peligro y el anacronismo de quien concibe la política como pudo concebirla un caudillo segundón del siglo XIX.

epinoiturrieta@el-nacional.com

@eliaspino