Alejandro Arratia Guillermo | Rómulo Betancourt acción y principios democráticos

iberoamericanos.com.es 25/9/2014 Screen Shot 2014-09-25 at 7.01.57 AM

Notas para un modesto homenaje a Rómulo Betancourt. El “Plan de Barranquilla” nos sirve para analizar la consecuencia de su pensamiento y decisiones complicadas que, vistas fuera de contexto, resultan inexplicables. Observación de cierre: Con Betancourt y dirigentes como él habría abortado el sainete chavista (1992-99), o no se habría ido por los albañales la exitosa movilización popular de abril 2002.

Alejandro Arratia

Es obvio que lo que importa es entender la situación en su plena
singularidad; los individuos, el acontecimiento
y  los peligros particulares, las esperanzas y temores concretos
que intervienen activamente en un lugar determinado y en un momento determinado. Isaiah Berlin


PipaUnas notas en homenaje a Rómulo Betancourt (RB) con motivo del aniversario de su fallecimiento (28 de septiembre 1981) tropiezan con la dificultad de seleccionar los hechos por su trascendencia y el riesgo de perdernos en la riqueza de información pertinente a los acontecimientos de su vida. Obligados a escoger nos decantamos por el Plan de Barranquilla (PB), 22 de mayo 1931. Rómulo tenía 23 años, seguiremos la secuencia de su pensamiento en tiempos difíciles y decisiones complicadas que, vistas fuera de contexto, pueden resultar inexplicables.Screen Shot 2014-09-25 at 6.57.57 AM

Betancourt cumplió los 20 años en una mazmorra del dictador Juan Vicente Gómez (1908-1935). Apresado por los actos de la Semana del Estudiante (6 al 12 de febrero 1928), ese fue el bautizo político. Liberado por la solidaridad de sus compañeros y la presión popular, RB se unió a la fracasada conjura militar del 7 de abril y a los dos meses huyó a Curazao. Así comenzaron 7 años de exilio (Santo Domingo, Barranquilla, Costa Rica), de maduración intelectual y formación política.

Fue un tiempo de cuestionamientos y definiciones. ¿Subsumir las organizaciones a la doctrina marxista ortodoxa y la III Internacional? ¿Cómo podría construirse la democracia en Venezuela y Latinoamérica? ¿Qué actores sociales estaban llamados a hacerlo? ¿Cómo desarrollar formas de lucha idóneas contra las dictaduras? En ese debate de ideas Betancourt se erige cual defensor de la democracia, pese a sus compromisos circunstanciales con los comunistas y la participación en diversas asonadas militares.

Las relaciones con los comunistas por efímeras y contradictorias ofrecen luces acerca del talante democrático del joven conspirador. En el Partido Revolucionario Venezolano (PRV) formado por inmigrantes venezolanos en México duró 4 meses. Era una agrupación socialista donde convivían diversas posiciones ideológicas. En el PC costarricense cumple 3 años de militancia. Regresa a Venezuela en 1936 y participa un mes en la Comisión Organizadora del PCV.

Betancourt veía desde el exilio que el PCV era más estructurado y por tanto llamado a liderar la toma del poder; valoraba la plataforma organizada, pero tenía con ellos profundas divergencias ideológicas; eso explica los acercamientos y alejamientos hasta la ruptura total. El lenguaje marxista (“la rigurosa dialéctica materialista”) del Plan de Barranquilla era estatista pero de libertad, lo cual  ayuda a comprender la aparente dicotomía política personal.

LibroEn Barranquilla los jóvenes confirman la prioridad que daban a la creación de un instrumento de la revolución, “Los que suscriben este plan se comprometen (…) a ingresar como militantes activos en el partido político que se organizará dentro del país sobre sus bases”. RB asume los principios, los reitera y amplia toda su vida: pluralista, policlasista, nacionalista, antiimperialista, americanista, no ortodoxo. En 1936 fundan el Partido Democrático Nacional (PDN) y en 1941 Acción Democrática (AD)

Más complejo aun es el trato de Rómulo con los militares. Combatiente anti dictadura, pragmático y audaz, participa –ya registramos el hecho- a los 20 años en la conjura de abril; trata de incorporarse a la invasión del “Falke”, pero zozobró el vapor “La Gisela” donde iban al encuentro; el 18 de octubre de 1945 se une al movimiento de la juventud militar que derroca al General Medina, un golpe de Estado que avanzaba con o sin la presencia civil de los partidos políticos.

Rómulo preside la Junta Revolucionaria de Gobierno y pone en práctica el programa de AD, en otros términos, sigue siendo fiel a los postulados del Plan de Barranquilla. Tres largos años que transformaron para siempre a Venezuela. La dictadura militar cierra el ciclo con tan amarga experiencia. En 1958, ya de nuevo en la democracia, basta enumerar algunas acciones en las cuales RB fue protagonista principal para aquilatar la magnitud de un líder único.

El Pacto de Punto Fijo (1958) trasluce la superación de los errores de gobierno y oposición del período 1945-1948: organización de 15 ministerios y solo 3 carteras presididas por militantes adecos; modernización en el trato a los militares y debida sumisión al poder civil; armonía y espacios delimitados con la iglesia; estabilización de la economía, crecimiento entre el 4 y el 5%; promulgación de la Ley de Reforma Agraria; construcción de más de 3000 escuelas y 200 liceos.

Todo demócrata consecuente es radicalmente anticomunista y antimilitarista, rasgos ideológicos que definen a Rómulo en la madurez. La Doctrina Betancourt -cuando los regímenes de fuerza tenían cabida en el lado occidental de la guerra fría- exigía el aislamiento de las dictaduras y el gobierno de Venezuela rompió relaciones con Argentina, Perú, Guatemala, Haití, Ecuador, Honduras, República Dominicana, Cuba y España; en algunos casos divergiendo de los EEUU.

Atentado  2El panorama sería exiguo sin las referencias a innumerables intentos golpistas, invasiones castristas y agitación armada permanente que enfrentó durante su gobierno: 1960, 20 de abril, alzamiento del ex ministro de la defensa Castro León; 24 de junio, una bomba mandada por el dictador Leonidas Trujillo produjo graves quemaduras al presidente; 1961, 26 de junio, toma del cuartel Freites de Barcelona y del Batallón de Fusileros Mariño; 1962, 4 de mayo, alzamientos en la base naval de Carupano y 24 de junio en la de Puerto Cabello.

La relación anterior de choques muy cruentos es una pequeña muestra del ambiente en extremo convulso que caracterizó sus años de mandato. Betancourt enfrentó a los peores dictadores del continente, Leonidas Trujillo y Fidel Castro Ruz y salió airoso de la confrontación. Puso el ejecútese a la Constitución de 1961, la de mayor duración en Venezuela, y sentó las bases de la estabilidad institucional inaugurando 8 períodos constitucionales hasta 1999, cuando se consumó el suicidio de la democracia.

Screen Shot 2014-09-25 at 6.57.35 AMHace 33 años el curso natural de la vida apartó al luchador anti-dictaduras, al forjador de un gran partido, al estadista de visión latinoamericanista. El país quedó huérfano de grandes líderes. Hoy, sumergidos en la catástrofe, los venezolanos valoramos el papel de los conductores democráticos en la sociedad. Con Betancourt y dirigentes como él habría abortado el sainete chavista (1992-99), o no se habría ido por los albañales la exitosa movilización popular de abril 2002.

De los libros

<<negar que los laboratorios o los modelos científicos ofrecen algo –a veces mucho– de valor para la organización social o la acción política es puro oscurantismo, pero afirmar que tienen más que enseñarnos que cualquier otro tipo de experiencia es una forma igualmente ciega de fanatismo doctrinario que a veces ha llevado a la tortura de inocentes por monomaníacos seudocientíficos en busca del milenio. Cuando decimos que los hombres de 1789 en Francia o de 1917 en Rusia eran demasiado doctrinarios, que confiaban demasiado en teorías –bien fuera en teorías del siglo XVIII, como las de Rousseau, o en teorías del siglo XIX, como las del Marx– no queremos decir que aunque dichas teorías eran defectuosas, sería posible en principio descubrir otras mejores, y que esas mejores teorías lograrían al fin que los hombres fueran felices, libres y sabios, de suerte que ya no necesitarían depender tan desesperadamente de las improvisaciones de dirigentes dotados, dirigentes que son tan escasos y alejados en el tiempo, y tan propensos a la megalomanía y a cometer errores terribles.
Queremos decir lo contrario: que las teorías, en este sentido, no son como tales apropiadas en dichas situaciones. Sería como si buscáramos una ciencia de la degustación del té o una ciencia de la arquitectura. Los factores que se deben evaluar son en estos casos demasiados, y todo depende de la habilidad para integrarlos, en el sentido que he descrito, cualquiera que sea nuestro credo o nuestra finalidad, seamos utilitaristas o liberales, comunistas o teócratas místicos, o individuos extraviados en un oscuro bosque heideggeriano. Las ciencias, las teorías, son sin duda a veces útiles, pero no pueden ni siquiera sustituir en parte el don de la percepción, la capacidad para captar la configuración total de una situación humana, la interdependencia de las cosas; talento al que, cuanto más sutil e increíblemente agudo es, parece ajeno el poder de abstracción y análisis, si no abiertamente hostil>>.

Isaiah Berlin. “El juicio político”. Revista de Economía Institucional. vol.3 no.5 Bogotá Jul/Dic. 2001 Tomado de Isaiah Berlin, The sense of reality, Farrar, Straus and Giroux, Nueva York, 1996. Traducción de Alberto Supelano.