ALONSO MOLEIRO | Clase media, burguesía y chavismo
 MUTATIS MUTANDIS Sábado 1 de Noviembre de 2014|TalCual

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… la izquierda venezolana era, toda ella, un proyecto de la clase media pensado para la nación

Fruto, sobre todo, de la expansión petrolera iniciada en la nación a partir de los años de Isaías Medina, la clase media venezolana es una realidad muchísimo menos insular de lo que el chavismo y cierta oposición acomplejada están dispuestas a reconocer.

A los dirigentes chavistas les encanta hacer análisis filomarxistas aludiendo, para sus adentros, la existencia de una “pequeña burguesía” por definición mezquina y antinacional, opuesta, a partir de su identidad y sus intereses, a cualquier proyecto revolucionario. Eso no les impide disponer de servicio doméstico, incluso para hacerle encargos impresentables, como ese que ha quedado evidenciado en el caso de Elías Jaua.

La clase media venezolana es fruto de la movilidad social que promovió la bonanza petrolera cuando el país tenía una democracia estable y una sociedad segura. Está integrada, en muy buena medida, por inmigrantes, que fundaron parte importante de la estructura comercial e industrial que hoy existe. En torno a ellos se fue tejiendo un pequeño mito local, aproximación derivada del “sueño venezolano”: aquellas historias que daban cuenta de españoles o italianos que arribaban a La Guaira con diez bolívares en el bolsillo, y que a los pocos años levantaron interesantes emprendimientos producto de su esfuerzo. El tejido venezolano que el chavismo está destruyendo en este momento.
La clase media venezolana ha estado vinculada de forma estructural a las tensiones de la nación. De hecho, protagonizó conflictos decisivos en la historia reciente: en la caída de Marcos Pérez Jiménez; y también en los años 90, momento en el cual el grueso de su composición abandonó decepcionada su filiación con Acción Democrática y Copei. La crisis política que produjo, a la larga, la salida del poder de Carlos Andrés Pérez, tuvo, sin duda, uno de sus epicentros en la clase media venezolana. Podemos afirmar lo mismo en torno a la primera candidatura de Hugo Chávez, en 1998.

Puede que a algunos no les guste, pero el grueso del conflicto guerrillero de los años 60 estuvo integrado casi por completo por dirigentes vinculados a la clase media: el origen pequeñoburgués de algún dirigente comunista o mirista, era uno de los argumentos más comunes de entonces para restarle autoridad frente a las bases a dirigentes que se supone encarnaban un proyecto obrero. Es una curiosa mácula, que, a estas alturas, ya ni importancia tiene: la izquierda venezolana era, toda ella, un proyecto de la clase media pensado para la nación. También lo fue Copei, y, en menor medida, Acción Democrática. El chavismo radical tiene algunos voceros ilustrados que detestan a la estética y la ilustración, y analizan como deformaciones naturales de la perversión, las conductas degradantes del mercado, presuntamente porque encarnan un genuino proyecto popular. Esfuerzos inútiles: sus vidas personales, y su perfil cultural, son las de un venezolano de clase media.

La clase media venezolana no es un instrumento portátil, ni un aditamento ajeno al país. Todo lo contrario: es uno de sus nervios fundamentales. Por eso, ni Chávez ni Maduro cesan de hacerle llamados. El chavismo jamás ha podido comprenderla: invoca su importancia y la invita a participar, pero en el fondo la desprecia. Aunque, como todo el mundo sabe, la totalidad de sus dirigentes lleva estilos personales y consume contenidos culturales bastante sofisticados: desde Juan Villoro hasta Carlos Cruz Diez. Desde los Habanos Cohiba hasta el Habana Club de Reserva. La exquisitez es uno de los aditamentos naturales del pensamiento burgués. No hay cosa más burguesa que un chavista en el gobierno. Se llame Suka Bar o la Patana Cultural.

La clase media está integrada, como suele suceder, por ciudadanos que emergieron de capas deprimidas, a partir de un esfuerzo personal propio digno de admiración. Su existencia lo único que indica es que Venezuela, aunque moribunda, sigue viva. De eso se trata el desarrollo nacional. De eso se trata el progreso: incorporar a los necesitados y los pobres a las clases medias. Que Venezuela, como Irlanda, Portugal o Malta, sea un país de ciudadanos de clase media. Que no dependan más de las limosnas estatales.

Que beban del milagro de la educación.

En 1998, cuando era candidato por primera vez, el propio Hugo Chávez lo decía: ojalá todos los venezolanos podamos ser de clase media. También lo dijo en 2006. La pobreza no es un diploma de méritos: es una circunstancia que hay que atender para eliminar.

La Oposición venezolana ha hecho un importante esfuerzo, exitoso, en buena medida, para acercar su mensaje a los sectores populares. Comete un error grave si le da la espalda a las angustias, los anhelos y el sufrimiento de la clase media. El corazón del sentimiento disidente en Venezuela. Omitir a la clase media en esta crisis seria una simplificación gravísima, totalmente antihistórica. El camino para fracasar.