ALONSO MOLEIRO | López y Coello: dos historias paralelas

Screen Shot 2015-09-20 at 8.23.22 AMViernes 18 de Septiembre de 2015

En la historia que relata la decisión de Marcos Coello de fugarse y pedir asilo político en el exterior descansa el contrapunto perfecto que le sirve de marco a la reciente sentencia a Leopoldo López.

Hace poco, en la conocida entrevista a Fernando del Rincón, Coello le relató a todo el mundo la sistemática sesión de maltratos y torturas de las que fue objeto, muchas de las cuales han sido referidas y contadas por otros testigos de forma fragmentaria durante estos meses, presentes en las primeras noches de la represión del 2014.

No sólo ocurre que el gobierno de Maduro es el responsable directo de la crisis social y económica en desarrollo: con el objeto de controlar la ira popular, su gobierno ejerció, desde aproximadamente marzo de 2014, un excesivo e inmoral proceso represivo, que ha tocado las cotas más altas en las décadas recientes en cuanto a excesos, que trajo consigo allanamientos extrajudiciales, violaciones a la legalidad en los procedimientos y violencia ejercida con impunidad desde el estado, tal como lo relatan con suficiencia varias Organizaciones de Derechos Humanos.

También varios pistoleros famosos, amigos de la causa del gobierno, escoltas algunos, en ciertos casos, de protuberantes nombres del chavismo, están en este momento en la calle, o surcando procesos judiciales amables, con beneficios procesales pactados, pese a haber asesinados a dirigentes estudiantiles en la calle, a plena luz del día, para defender los intereses del chavismo.

Coello atestigua que fue amenazado de forma gangsteril; que le fueron suprimidos derechos elementales, que estuvo incomunicado varios días, que se le sometió a toda suerte de escarnios, golpizas y maltratos, incluyendo horas enteras arrodillado, en ayunas.

La sordidez de la historia en torno a Coello es una entre muchas que tuvieron lugar durante aquellos días y semanas de 2014.

Un momento en el cual el chavismo parece haber sentido que se desbordan los canales del malestar popular y decidió emplear, por primera vez, un procedimiento policial, sórdido, violento, malandro, y además, particularmente caradura. Asentado en los melindres institucionales de los poderes del estado que el Palacio de Miraflores controla completamente a placer.

Este es el entorno que acompaña la sentencia a Leopoldo López.

Una decisión judicial antojadiza y desprovista, completamente divorciada de los hechos acaecidos y del entorno que las trajo.

empeñada en ignorar el verdadero mar de fondo existente en torno a las penurias económicas, la hiperinflación, el acoso del hampa, pero sobre todo, la corrupción grosera, galopante y descarada, auspiciada de forma subrepticia por la élite chavista gobernante, directores de orquesta del cohecho, que saben emitir a sus huéspedes herméticos pases de seguridad en calidad de salvoconducto.

Los reportes de torturas a Coello no liberaron al ojo de la justicia chavista de su objetivo: propinarle a López una sentencia con el objeto de doblegarlo.

Para consolidar el reino de la impunidad, la camarilla del PSUV y su entorno de privilegiados ha decidido proceder con fiereza, con el objeto de agredir e intimidar al país descontento, la nueva sociedad que emerge de esta crisis.

Presumirán que con eso tendrán suficiente.

Un movimiento que se quedó sin pueblo y quiere imponer sus modales por la fuerza.

Las cosas se mueven, lo sabemos, en la política. No es la fuerza bruta, ni en esta, ni en ninguna actividad humana, la variable que necesariamente más cuenta.