América Latina pide a EE UU y Venezuela que se sienten a dialogar

País Washington 19 MAR 2015

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La OEA insta a los dos países a resolver sus diferencias

América Latina le ha dejado claro este jueves a Estados Unidos que está enormemente molesta por su decisión unilateral de declarar a Venezuela una amenaza inusual que requiere una declaración de emergencia nacional, un lenguaje que a la región le trae recuerdos intervencionistas del vecino del norte.

Pero si la canciller de Venezuela, Delcy Rodríguez, esperaba salir de la reunión que había solicitado en la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA) para denunciar la acción de Washington con un apoyo tan rotundo como el recibido días antes en las reuniones del Alba y Unasur, no ha podido cantar victoria. Porque pese a que ha recibido un claro respaldo ante la retórica estadounidense, este no se ha traducido siquiera en una declaración.

Además, Rodríguez ha tenido que escuchar numerosos llamados -diplomáticos, pero firmes- a que Venezuela resuelva de una vez y de forma pacífica, la polarización política y social que vive su país desde hace más de un año. Y a que se garantice la celebración de elecciones legislativas este año.

“Creemos que también a nivel interno el diálogo es la única forma de resolver las diferencias políticas”, ha dicho el vicecanciller colombiano, Francisco Echeverry , quien ha recordado que esa es una lección que su país ha tenido que aprender después de 50 años de conflicto. También ha destacado las elecciones legislativas venezolanas como “un importante momento para dirimir con todas las garantías constitucionales las diversas políticas existentes”.

Rodríguez había solicitado la reunión en la OEA -organismo al que Venezuela ha negado insistentemente el último año cualquier papel de mediador para solucionar la tensión que se vive en su país desde las protestas de febrero de 2014- para “alertar” a la región y al mundo de la “agresión” que suponen las medidas dictadas por el presidente Barack Obama el 9 de marzo.

En su alocución, ha reiterado los argumentos del Gobierno de Nicolás Maduro acerca de la “violación” de las normas nacionales e internacionales que suponen las sanciones estadounidenses. También ha vuelto a advertir de que podrían ser el preludio de una “intervención militar”. O de la imposición de un “bloqueo” económico y financiero al país como el que sufre Cuba desde hace medio siglo. Y ha ido más allá al afirmar que Washington podría tener en su mira con estas medidas el petróleo venezolano: “Alertamos que intereses hegemónicos pretenden apoderarse de la mayor reserva de petróleo del mundo, que está en la frontera de nuestro territorio nacional”.

Los señalamientos han sido rechazados tajantemente por la delegación estadounidense. “No estamos preparando una invasión militar. No buscamos desestabilizar o derrocar el Gobierno de Maduro mediante un golpe de Estado. No estamos participando en una conspiración internacional para dañar la economía venezolana o a su gente. Somos el principal socio económico de Venezuela”, ha declarado el embajador interino ante la OEA, Michael Fitzpatrick.

“Simplemente queremos impedir que venezolanos individuales que creemos que han violado derechos humanos de otros venezolanos viajen a EE UU o guarden su dinero en nuestro sistema financiero. Es así de simple”, ha agregado. “Frente a lo que cualquiera pueda afirmar, no hay más que eso”, ha acotado.

Durante las casi cuatro horas de sesión, la mayor parte de los países ha tomado la palabra para manifestarle a Washington su desacuerdo con el lenguaje empleado frente a Caracas, por mucho que le crea -o no- sus aseveraciones de que no tiene oscuras intenciones en Venezuela.

Desde Guatemala a Chile o Nicaragua, “cuando uno escucha hablar de una orden ejecutiva, por más que el representante de EE UU diga que no es una amenaza, uno tiene, por experiencia, por historia, por sensibilidad humana que entender que nosotros miramos la historia”, ha recordado el canciller argentino, Héctor Timerman. “Y esta nos indica que tal vez una orden ejecutiva que no es una amenaza acaba siendo después un desastre en nuestra región y crea condiciones imposibles de evitar una vez que comienza”, ha añadido.

Pero más que declaraciones de apoyo irrestricto a Venezuela, como las expresadas por Nicaragua o Ecuador, la preocupación compartida este jueves en la OEA es que el enfrentamiento entre Washington y Caracas, pueda “contaminar”, como ha dicho el representante de Brasil, la Cumbre de las Américas que se celebrará en Panamá en menos de un mes y a la que Cuba ha sido invitada por primera vez, tras el comienzo de la normalización de relaciones con EE UU.

Panamá será “la oportunidad que hemos anhelado por muchos años para que todos, sin excepción, construyamos juntos una agenda de desarrollo y prosperidad para nuestros pueblos”, ha recordado la subsecretaria mexicana para América Latina y el Caribe, Vanessa Rubio Márquez. Y temas bilaterales no deberían empañar una cumbre “histórica para nuestro hemisferio”, ha subrayado.

Para que esto no suceda, Washington y Caracas deben hablar, coincidieron la mayor parte de los países, que han ofrecido una vez más sus buenos oficios para propiciar ese diálogo anhelado por la región. El hecho, sin embargo, de que ni la delegación venezolana ni la estadounidense hayan querido revelar si durante la estancia de Rodríguez se ha producido algún tipo de diálogo bilateral demuestra lo difícil de esa tarea, más aún cuando el tiempo hasta la cita panameña vuela.

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