AMÉRICO MARTÍN @AmericoMartin | Conspiras contra ti mismo

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Esos errores amenazan el zigurat de piedras de dominó edificado para encubrir el colapso de tu modelo

La enfermó, privilegiando la ideología y no la ventaja recíproca, la endeudó y descapitalizó

Ha tomado el peligroso choque de poderes como tema de orgullo.

Le jura a su imagen en el espejo que con él no se juega. Ignorante de su aislamiento interno, internacional y ante los poderes fácticos de la economía y el mundo petrolero, se hace la íntima apuesta de que echará el resto para sobrevivir, lo que en el estado en que se encuentra ya sería algo.

Le urge recuperar su estabilidad emocional, sin importar el precio que está pagando, ni la marcha adversa de la opinión pública, a la que desprecia porque no sabe convencerla, minando todavía más su credibilidad.

¡De la oposición me encargo yo!, se dice a sí mismo mientras con el puño se da un sonoro golpe en el pecho. ¡Humillaré a la inculta AN que no ha leído a Lenin! ¿Dónde está el poder real? En los militares, el TSJ, las cárceles, las armas. ¿Leyes? ¡Ilusiones pasajeras! Los escándalos son efímeros, los nuevos desvanecen los anteriores. La gente olvida rápido, no crean.

¿Por qué este hombre acorralado, hundido en el pantano de una crisis insondable, no es capaz de entender la situación que lo envuelve? Pudo sacar algo de las derrotas que ha sufrido, recogidas en bárbaras variables económicas; o ese 6D que le quitó el sueño. Pero nada, no se atreve a cambiar ni menos a dialogar. Se sacude, cual rebullones de Juan Primito, las razones que aconsejan el viraje, y sigue mirando obsesivamente el espejo retrovisor.

Este año no solo será de confrontación política, debates intensos y consultas electorales. A esas realidades ineludibles se añade el tsunami económico. Se estima con probidad que en el tercer trimestre 2016 rozaremos la hiperinflación, con el badajo bailando entre 700 y 800%. Porcentajes de tal magnitud desestabilizan países y determinan conmociones, según recuerdan las dictaduras afirmadas en el Cono Sur varias de las cuales fueron doblegadas por el impacto inflacionario y la confluencia de factores de parecida índole.

Chávez había construido un sistema de alianzas que, en el marco del sostenido mercado alcista de nuestro casi único producto de exportación, le proporcionaban un cierto aire de victoria.

Alba, Celac, Unasur, Petrocaribe, ingreso en Mercosur, relación especial con Lula, Kirchner, Guyana, para no mencionar Centro América y el Caribe.

Claro que sepultó la economía venezolana como nadie antes. La enfermó, privilegiando la ideología y no la ventaja recíproca, la endeudó y descapitalizó, la sometió a dogmas risibles y abrió cauce a la corrupción más fétida que se conozca.

Ni Guzmán Blanco asaltó de manera tan ominosa los caudales públicos.

No obstante Guzmán hizo obras que la revolución bolivariana ni por asomo. Dijo Mariano Picón Salas que Guzmán hizo de Caracas “una como pequeña París tropical”. La tuya, Maduro, es la de Jorge Rodríguez, que ya es decir.

Aseguras tener la majagua lista para batear leyes de la AN. Aprovechas el servilismo de ciertos magistrados. Esos gestos te retratan. El aparataje financiado con dinero petrolero y concesiones patrimoniales y territoriales desgarradoras, desaparece en la penumbra. Kirchner ya no está, Lula y Rousseff tienen destino incierto, Correa se desmarca, la OEA acumula expedientes y Raúl, ¡ay Nicolás! en negociación amistosa con aquel a quien tú le cargas la cuenta de tus errores.

Esos errores amenazan el zigurat de piedras de dominó edificado para encubrir el colapso de tu modelo.

Quizá sea ese el costo para hacerte entender la importancia de acuerdos que mitiguen peligros extremos.