AMÉRICO MARTÍN @AmericoMartin | Espacio vital

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No votar es permitir que el otro cope todos los cargos sin esfuerzo

Hay debates decisivos porque nos va mucho en que pueda reunirse la sabiduría suficiente para llevarlos adelante.

Si bien los hay también inútiles, caprichosos o arrastrándose en líneas kafkianas, éste que ahora nos envuelve es trascendental. Las opciones son terminales. Se trata de ganar la prosperidad de la civilización democrática con justicia y sin venganzas o perder toda esperanza. Aquí no caben orgullos heridos ni calumniar a quien piense distinto. Todo eso aleja la victoria y acerca la catástrofe.

Lo sorprendente es que nunca hubo tantas posibilidades de victoria. Un gobierno débil, arrinconado contra la pared, mundialmente aislado, una economía mordiendo a sus sepultureros, malestar en todos los rincones incluso en las instituciones que lo soportan. Frente a ese enrarecido panorama, la oposición es una consistente mayoría que no deja de crecer.

¿Qué le queda al gobierno? Aprovechar la justificada ira de los venezolanos para desacreditar las regionales e inducir la abstención, tabla a la que se aferra con desesperación de ahogado. No entiende que le iría mejor afrontando elecciones justas que le garantizarían protección constitucional.

Daríamos un paso enorme si la disyuntiva de votar o abstenerse se coloca sobre bases racionales sin sustituir argumentos por calumnias y chismorreos. Votar es unir, organizar, aumentar la confusión adversaria y la fuerza propia. No votar es permitir que el otro cope todos los cargos sin esfuerzo, costo ni alegatos de fraude. Si te niegas a usar tu derecho de votar no puedes reclamar que te hayan robado.

Después de la mayoritaria abstención de 2005 no faltó quien proclamara que la “mayoría abstencionista” asumiría la dirección política. ¡Para nada! Estallaron divisiones, desmoralización, ácidas recriminaciones recíprocas. En cambio, la victoria parlamentaria del 2015 provocó un impacto mundial y obligó al gobierno a repartir zarpazos que le destruyeron su compleja red interamericana de abrigo, creada por Chávez con imaginación y petróleo.

El 6D pusieron el carro en retroceso: elecciones nunca más, salvo que la presión los obligue y en ese caso se esmerarán en sabotear si no pueden convencernos de dejarles libre el campo. ¡Sería un regalo de dioses, más si la democracia puede conquistar limpiamente los “espacios”! ¿Espacios? Palabra hoy despreciada, siendo que en tiempos totalitarios la lucha se escenifica en cada pulgada de ellos. Las dictaduras clásicas destruyen la Constitución, las totalitarias la reescriben a su imagen mientras dominan todos los espacios y la mente individual. Controlan por fuera y por dentro.

Pérez Jiménez no imponía ideologías únicas en la enseñanza, el totalitarismo sí, además de cambiar la historia, perseguir legisladores y luchadores. Dado que los espacios abandonados los ocupará el rival ¿le donaremos 23 gobernaciones? Un fraude sería harto costoso ¡Pagarían lo que no tienen! Votar es cobrar aun si el otro “gana” mediante falacias o muere en el intento. O cobrar completo si se repite el 6D. ¿Difícil? Quizá ¡Pero hombre! ¿Suicidarse para evitar que nos pise un carro?