AMÉRICO MARTÍN @AmericoMartin | La razón de la sin razón

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Sería milagroso que todo el mundo guardara una paciente calma en medio de la borrasca

No es que los críticos procedan de mala fe, pero son víctimas de la angustia por el cambio

La razón de la sin razón del obsesivo cuestionamiento alentado por algunos contra la MUD precisamente cuando más se afirma la necesidad de su liderazgo, tiene que ver, sin duda, con el tempestuoso momento que viven los venezolanos. No es que los críticos procedan de mala fe. Más bien exhiben una buena dosis de ella, pero son víctimas de lo que bien podría denominarse la angustia por el cambio que ya muestra su rostro pero todavía no se materializa. La otra sin razón es que cuando más se necesita juicio sereno y tiempo para amplias consultas, miren de reojo los días de deliberada espera que se tomó la MUD antes de responder al CNE.

Pero tampoco hay por qué alarmarse. Sería milagroso que todo el mundo guardara una paciente calma en medio de la borrasca.

La ansiedad tiende a volcarse hacia la búsqueda de culpables en el propio campo opositor. Alguien a quien respeto por sus avíos intelectuales, llegó a decirme que él nunca se sentaría a dialogar, no digo con el Gobierno, sino incluso con la Mesa, como si pudiera tomarse en serio el exabrupto de que esté envuelta en malsanas negociaciones con el dinosaurio moribundo que la persigue y demoniza como a nadie. Otro me habló de Manuel Rosales. ¿A qué viene a Venezuela? se preguntaba, convirtiendo así el mérito de atreverse a hacerlo en el demérito de las secretas confabulaciones. Llegó y en la cárcel está aherrojado sin causa ni juicio, tal como lo está Ledezma. Mal “negocio” sería ese.

De la misma especie fueron las dudas vertidas contra Ramos Allup, Capriles, Ledezma, Leopoldo, Falcón, por sus preferencias estratégicas y su “sospechosa” renuencia a colocar la Partida de Nacimiento de Maduro en el frontis de todas ellas. El régimen que tomó por asalto los Poderes Judicial, Electoral y “Ciudadano”, despojó de funciones constitucionales a la Asamblea Nacional y desconoce groseramente la inmunidad que protege a los diputados; ese portento de indecencia se supone que se retiraría en forma hidalga, botando tierrita y no jugando más, no bien le presenten la mágica partida. No estoy en contra, por cierto, que avance semejante investigación; lo que me parece ingenuo es depositar tantas esperanzas en el singular papel, y sobre todo preferirlo a la inmensa movilización de masas que ha significado el buen uso del instrumento referendario, recurso constitucional conocido hoy hasta por las piedras.

En fin, el país y la significativa disidencia civil que, sin pertenecer a la MUD va en la misma dirección, han quedado plenamente satisfechos por la inteligente cuan firme respuesta de la Mesa a las arbitrarias condiciones impuestas por el CNE. Lo primero fue asumir el reto, y lo mejor dentro de lo peor fue que apareció una “fecha cierta” para recoger el 20%, lo que hará fluir la pasión del país, que si bien se palpa en cada esquina vuelve a ser recogida en las más recientes consultas de Venebarómetro y Keller y Asociados.

Queda una verdad grabada con fuego: Como bien sintetiza Elizabeth Araujo, la MUD supera holgadamente al Gobierno en “todos” y cada uno de los estamentos sociales, incluidos el C y D, y en “todos” los estados del país. Millones de ciudadanos lo demostrarán en la calle, durante tres días y dos noches de octubre.

Maduro no da más, no está en condiciones de seguir. Su mejor forma de despedirse sería reconocer el dictamen del soberano, que ya no sabe ni puede bloquear.

También podría evitarse el bochorno de la tunda electoral anticipando su renuncia, como con probidad le ha pedido María Corina. Y en cualquier caso dialogar sobre justicia y no sobre venganza en el camino hacia una sucesión incruenta, así como acelerar el abordaje -por la nación unida- de la tragedia que cae como plomo derretido sobre la espalda de nuestro abrumado pueblo.