AMÉRICO MARTÍN @AmericoMartin | Puesta en escena

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En realidad el Gobierno no puede con la múcura

La ruina lo cubre todo

El 1 de septiembre cambió el domicilio del miedo

El país ya no teme ni se oculta

Guerra y Paz, la inmensa novela de Lev Tolstoi, hace fluir casi todas las posibilidades del ser humano. De hecho, la guerra y la paz son sus expresiones extremas.

Todas las posibilidades humanas se están manifestando en la tragedia que viven los venezolanos. La febril respuesta autocrática del Gobierno, estremecido por su visible retroceso frente al empuje disciplinado y masivo de la alternativa democrática, hace temer a muchos que el país se deshaga en manos de los extremos: la guerra para que haya paz, la paz para desarmar a los fanáticos.

¿Podría repetirse bajo el zarandeado régimen del presidente Maduro el trágico caleidoscopio descrito por el gran escritor ruso? Afortunadamente el artículo 233 de la Carta Magna facilita el camino. El referendo revocatorio es la paz, no la guerra.

De allí el respaldo que le ofrecen tantas instituciones, gobiernos y personalidades del mundo.

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thLo más reciente va del presidente Santos hasta la bella Sharon Stone.

El 1 de septiembre cambió el domicilio del miedo. El país ya no teme ni se oculta. La MUD retó al Gobierno a poner la solución en el soberano y renunció al secreto del voto, que la civilización democrática diseñó para garantizar la pureza de ese acto.

Debido a la impresionante demostración popular se entiende que el Gobierno llame al diálogo. Si no fuera otra argucia para impedir el RR obraría mejor para Venezuela que el inmerecido infierno al que nos ha conducido. La libertad de los presos, el regreso de los exiliados y de quienes han salido sin oportunidades ni futuro, son premisas inexcusables. El respeto a la plenitud de atribuciones de la Asamblea Nacional, la reintegración de los diputados de Amazonas, la remoción, no sin asco, de la Sala Constitucional, y el inmediato abordaje de las calamidades que pesan sobre la golpeada, la hambreada población, aliviarían el clima opresivo.

Imposible pasar por alto ciertas señales emanadas del mundo militar. Contra las apocalípticas advertencias del Gobierno las marchas fueron respetadas por la FAN. La MUD, a su vez, cumplió escrupulosamente su reiterada promesa de que no habría violencia ni marchas “sin retorno”. Nadie invocó el 350 porque el asunto fue revocar, no derrocar a Maduro, lo que convirtió los alardes sobre “conspiración” y “golpe de Estado” en raídas invocaciones sin fundamento alguno.

En Brasil la gente de uniforme dictó la pauta.

La salida de la presidente Dilma Rousseff se ajustó al procedimiento constitucional como lo demostraron la propia afectada y su partido al convalidarlo. Bregaron votos en el senado y recurrieron a todos los mecanismos de defensa posibles. El cambio de gobierno fue pacífico y constitucional, y el poderoso ejército no se puso al servicio de los demandados ni de los demandantes.

En Venezuela nadie le pide a la FAN que viole la Constitución o asalte el poder. En las condiciones internacionales de este momento sería invitarlas al suicidio, o a manchar su uniforme. No hay un solo gobierno integrado al sistema jurídico interamericano que carezca de legitimidad de origen o incumpla la cláusula democrática. Al anunciar que suspenderá por decreto ejecutivo la inmunidad parlamentaria, Maduro ha hecho sonar todas las alarmas, comenzando con Mercosur y la OEA. Sospecho que el irreflexivo Presidente dará marcha atrás dejando a la vista su creciente impotencia.

Américo MartínEn realidad el Gobierno no puede con la múcura.

La ruina lo cubre todo y parece indetenible. El hambre y las carencias básicas son intolerables.

Lo aconsejable es que Maduro se resigne a lo que no puede evitar y negocie o dialogue de veras con la oposición acerca de consecuencias y derechos.

A los militares venezolanos se les pide que no disparen contra el pueblo ni se presten a maniobras contra el revocatorio. Un diálogo serio y sin trampas puede impedir que siga corriendo la sangre.

Civiles y militares tenemos obligaciones contraídas con nuestra adolorida Venezuela. No es una fantasía creer que el cambio democrático favorecerá a todos y restablecerá la vida institucional.

Una inmensa mayoría lo demanda. Con ella en marcha trepidante no hay ni puede haber imposibles.