AMÉRICO MARTÍN @AmericoMartin | Renacimiento

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El desiderátum es: cambio pacífico, electoral y democrático

Por segunda vez en dos décadas avanza un profundo viraje latinoamericano que involucra a todo el hemisferio.

Podría decirse que Venezuela ha sido el eje de los puntos de cambio.

La opinión internacional se las arregló para indicar que la primera vez su signo fue radical, envuelto en la cobertura pretendidamente ideológica del socialismo actualizado. Fue aquel un lema esgrimido por el liderazgo que se sintió cómodo identificándose con el izquierdismo suave de Lula. El viraje se revistió, así, de ideología. No había una sustancia teórica identificable pero dos factores le confirieron cierta homogeneidad: las tensiones contra EEUU, y el protagonismo del munífico comandante Hugo Chávez, favorecido por un mercado petrolero en alza, sin precedentes.

No puedo olvidar un comentario de Fidel Castro cuando nadie sabía de la existencia de Chávez, duro de palabras el comandante barinés, escaso de conceptos: – Si nosotros hubiéramos disfrutado del petróleo venezolano, Cuba sería una gran potencia mundial.

La amalgama petróleo-revolución se produjo a comienzos del nuevo milenio bajo la dirección egocéntrica del mandamás venezolano. Esa palanca apuntaló el vuelco hacia el auto declarado socialismo siglo XXI.

Sólo que Venezuela, lejos de convertirse en “potencia mundial” no tiene más que exhibir sino escombros, lo que demuestra que no es la abundancia de recursos fiscales sino el modelo implantado lo que arruina países. La magia de la riqueza venezolana ha desaparecido y con ella la capacidad del gobierno madurista de torcerle el brazo a Estados-miembros de la OEA.

Estamos ahora bajo un nuevo viraje, pero hacia la democracia, certificada matriz del desarrollo y la libertad.

No debe creerse que la causa eminente de tan importante cambio sea el agotamiento de la chequera venezolana.

Hay mejores razones.

Una: la toma de conciencia en el sistema jurídico global de la urgencia de enfatizar la esfera de los DDHH, así como la democracia representativa, la única que favorece de veras la participación ciudadana. Otra: la creciente convicción de no dejar sola a Venezuela.

Defender firmemente la soberanía es un deber irrenunciable, pero no contra los DDHH. Y aunque sean todavía muchos los apegados a un mundo de reyezuelos destruyendo pueblos, bendecidos por la complicidad internacional son más los que rechazan la “legalización” de dictaduras cobijadas por lo que llaman “injerencismo” Presenciamos un emocionante rescate de la condición humana. Confluyen los luchadores nacionales por la democracia y contra la degradación económico-social, y personalidades y gobiernos que no desearían para sus países un modelo como el venezolano. Con la Asamblea Nacional al frente, Venezuela exige elecciones libres supervisadas, Poder Legislativo con plenitud de facultades, libertad de presos políticos, destitución y juicio de los 7 magistrados felones y medidas frente a la crisis humanitariaalimentaria. Con solidaridad planetaria, dirección unificada y agenda compacta la tragedia será superada.

El desiderátum es: cambio pacífico, electoral y democrático.