AMÉRICO MARTÍN @AmericoMartin | Rómulo y Jóvito

La historia privilegia la organización (la razón) antes que la tribuna (la emoción)Screen Shot 2017-09-15 at 12.33.30 PM

Aquella rutilante generación veinteañera que en 1928 rompió el sórdido silencio gomecista le guardaba especial reconocimiento a Jóvito Villalba. Fue el primer orador de la Semana del Estudiante. Erguido en el Panteón, junto a los restos del Libertador y mostrando el espíritu altivo del estudiantado, emergió primus inter pares, aun cuando en la pléyade juvenil destacaban Rómulo Betancourt, Miguel Otero, Gabaldón, Pío Tamayo, Isaac Pardo.

Dos estudiantes especialmente brillantes, Rómulo y Miguel, admitían en ese momento la primacía de Jóvito.

Cada uno seguirá después su propia ruta pero entonces los unía el alambre de las trincheras y la convicción del común destino.

Villalba se hará de nuevo visible en 1936.

El rector Rísquez y él, presidente de la FEV, serán quienes le arranquen al presidente provisional el Programa de Febrero, puente hacia la democracia.

A una pregunta del presidente, Rísquez cede la palabra a Villalba, quien los impresiona vivamente. Mira López al Rector: -¿Y usted comparte lo que dice el bachiller? -Sin duda. Es más, si tuviera su edad habría hablado con su misma elocuencia.

Será al siguiente año cuando comiencen a separarse los caminos de Miguel y Rómulo y de Rómulo y Jóvito.

Las emociones despertadas por el entusiasmo necesitaban cauces graníticos. La lucha por la presidencia se dibujaba en el horizonte de aquellos jóvenes y por lo que sabían del mundo nada sería posible sin fuertes partidos.

Sobre ese firme, crearon las organizaciones que más se avenían a su temperamento.

Para los comunistas la fórmula ya existía: la Internacional. Pero para quienes no entraban en ese molde, el asunto fue distinto. Rómulo fue al confiable partido que, con el nombre de AD dominará el escenario durante 50 o más años, y Villalba, conocedor del poder de la tribuna para quien supiera utilizarla y confiado al coraje prodigioso de los estudiantes, concentró su fuerza y esperanza en la juventud, prestigiada por su reciente activismo.

-Doctor Villalba: ¿qué opina de Betancourt? ¿Siguen siendo amigos? La pregunta se la he hecho en su casa. Me ha invitado apenas recuperada mi libertad en 1969, a la cual generosamente contribuyó.

Estoy para agradecerle el gesto y disfrutar de su amistosa conversación. Estuvo destinado a una presidencia que le resultó esquiva.

-Somos muy amigos, me responde. Pero yo soy de masas y Rómulo de grupos.

Es la palabra y la organización o la palabra que se hace organización. Tribuna o partido. Ambos son insustituibles, pero puesta a decidir, la historia privilegia la organización (la razón) antes que la tribuna (la emoción). He vuelto a este dilema impresionado por el enorme éxito organizativo y movilizador de las Primarias. Los partidos de la MUD sembrados en cada rincón, con liderazgo renovado y serenamente firmes ante el asedio del Poder y ataques opositores empeñados en culparlos por no regalar espacios ni compartir el bien intencionado suicidio abstencionista.

Cuando la flauta no suena, el régimen culpa a la guerra económica y varios honestos opositores, a la MUD.

Cómodo, sí; irrisorio, también.