AMÉRICO MARTÍN @AmericoMartin | Tres premisas

Screen Shot 2016-09-16 at 8.17.55 AM

El cambio no tiene que ser trágico para quienes piensen distinto

¿No era el momento apropiado para dar un viraje? Obviamente que sí

Luis Almagro vuelve a la carga para desesperación de sus disminuidos enemigos. ¿Por qué insiste el secretario general OEA en el tema de la Carta Democrática Interamericana? La razón es sencilla como el pan. El señor Maduro y su entorno son víctimas de su desarbolada política. Extremando la represión y revistiéndola de apocalípticas amenazas, no logran su objeto. 

Más bien la dinámica del zarpazo oficialista, resistido virilmente por la sociedad democrática, ha disparado como un misil la voluntad opositora, proyectándola al mundo.

La causa madurista lleva un ala rota. Alrededor del 80% favorece la salida del Presidente. Ha sido de sabios encauzar semejante energía por vía pacífica, constitucional y electoral. La cosecha de éxitos rotundos desde el 6 de diciembre hasta hoy ha sellado con lazos broncíneos la conexión entre las organizaciones de la MUD y numerosas ONG, consolidando una relación armónica entre el país y el liderazgo opositor. El cambio democrático parece inevitable, pero el desacertado Presidente y sus colaboradores no entienden nada. En lugar de dialogar en serio se aferran a la fantasía de los golpes y magnicidios.

Al final, la falacia y la truculencia han caído en un descrédito desolador.

¿No era el momento apropiado para dar un viraje? Obviamente sí, pero ahora no saben cómo hacerlo. La economía en ruinas, la sociedad hambrienta, y la espiral viciosa de la violencia han desatado una ola inmensa de protestas y posicionado sólidamente a los perseguidos y difamados. A unos 200 presos de conciencia, sin causa ni debido proceso (incluyendo los mundialmente conocidos Leopoldo y Ledezma), se suman alcaldes, legisladores, estudiantes y figuras conocidas. La arbitrariedad es agobiante, de allí que vuelva a agitarse la Carta Democrática en pas de deux con el referendo revocatorio.

Pepe Mujica no tiene idea de lo que sea el Derecho, pero sí de los manejos de la política, aparte de sentir la democracia como sistema natural. No sabrá de Derecho pero respeta a quiénes lo saben y practican, como su compatriota Almagro.

-Está casado con la Ley, aseguraba, admirado.

Al referirse al barranco en que se están precipitando Maduro y sus adláteres, Almagro va al artículo 20 de la CDI, que en conexión con el 19 definen el callejón sin salida que sella el destino jurídico-político del zarandeado Presidente. Mencionan las dos situaciones que pondrían la Carta en movimiento.

La primera es “la ruptura del orden jurídico”. Objetan algunos que cuando menos “formalmente” siguen vivas las categorías constitucionales.

¿Hablarán de la discutible vida de los zombis? Pero sin entrar en ociosos debates, la segunda situación del artículo 19 no permite escapes, pues al hablar de “una alteración del orden constitucional que afecte gravemente el orden democrático”, no deja para dónde coger, si recordamos que Maduro castró las funciones constitucionales de la Asamblea Nacional valiéndose de un Tribunal Supremo que maneja a su aire y trata como a una sentina. Aberraciones de ese tenor ponen a crepitar la sedicente revolución en la puerta del horno.

Sus coletazos represivos y mentiras trepidantes parecen arrastrarlo al crematorio y asombra su falta de voluntad para el viraje hacia la democracia, que el país sabría reconocer.

Se afirma la decisión nacional de salir electoralmente del fallido Gobierno. Tal como lo ha explicado -quizá mejor que nadie- el líder de ABP Caracciolo Betancourt, el reglamento dictado y violado por el CNE y la experiencia electoral, hacen factible el RRpara fines de noviembre. Eso sí: una máquina por mil electores como manda el reglamento, horario corrido y no “de oficina” y 20% nacional, no regional, porque el presidente se elige y revoca nacionalmente. Son tres demandas elementales, lógicas.

El cambio no tiene que ser trágico para quienes piensen distinto. El gobierno democrático valorará la unión, no la división. Recibirá un legado siniestro que lo obliga a convocar las más variadas corrientes del pensamiento para que, unidas, extraigan nuestro abrumado país de la oscura ciénaga en que lo han sepultado.