AMÉRICO MARTÍN Los jinetes del Apocalipsis
Sábado 1 de Noviembre de 2014|TalCual

Screen Shot 2014-11-01 at 7.28.09 AM IMG_0085 - Version 2no olvidéis mostrar mi cabeza al pueblo para que vea cómo río después de muerto Danton

1  Hombre valiente y teatral, exuberante y conciliador. De no rendir su cabeza a la guillotina a lo mejor Robespierre no se hubiese entronizado. La historia habría sido otra, quizá mejor. Hablo de aquel líder del pueblo llamado George Jacques Danton.

¿Tenía razones para retar al verdugo? Ninguna, pero su varonil desplante fue un modelo de firmeza frente a la ruina, la muerte, las epidemias, la tortura y demás maldiciones que se le atraviesen al desamparado animal humano.

Saltemos de la tragedia francesa de 1791 a la tragicomedia venezolana de 2015, para ver en qué forma aplicar el gesto de aquel líder revolucionario al proceso bolivariano.

-La popularidad de Maduro ­secretea preocupado un chavista cupular- cayó a 24%.

La economía, lo saben todos, alcanzó inimaginables niveles críticos. La violencia crepita en la superficie político-social y erosiona al bloque gobernante. Inconformes, los colectivos exigen sea enjuiciado el general caído, y despedido Diosdado Cabello. El poderío de éste debería protegerlo pero no ha sido así. Utilizados por medradores anhelosos de posicionarse en la cúpula, los colectivos exhiben ahora una fuerza determinante que desborda al irresoluto gobierno.

En lugar de reír a lo Danton, Maduro la angustia pintada en el rostro- compra conciencias en intento infructuoso de detener la marejada. El aumento del sueldo de los militares -¡décimo segunda vez en quince años!- ha despertado indignación, no contra los uniformados, sino contra el régimen que no hace sino manipular calamidades. Han estallado muy duras declaraciones de chavistas desengañados. Hablan sin miedo. Son denuncias con aroma de pólvora. Carlos Hurtado, líder de clase media socialista, casi grita en rueda de prensa: -¡Esto se está desmoronando!

 Y, déjenme decirles amables lectores, que también manipulan verdades, extrayendo de ellas lo que nadie podría.

-Ni siquiera reconocen ­discursea estremecido Germán Saltrón- la heroica entrada de Venezuela en el Consejo de Seguridad de la ONU.

-¿Pero hombre qué te pasa? Nuestro país ya estuvo en ese sitio en varios períodos: 1962 y 1963 y 1992 y 1993. Nadie salió a la calle a celebrar con pífanos y panderetas o tirando el sombrero al aire porque sencillamente no es algo del otro mundo.

Importante de verdad habría sido alcanzar un puesto permanente en el Consejo de Seguridad. Brasil y Argentina han estado discretamente buscándolo. No se les ha visto alardeando infladas glorias, sin duda porque en este particular carecen del sentido del ridículo que sudora el representante bolivariano.

El buen Saltrón no está para quedarse callado. -Sí, es verdad, pero es que ahora no somos colonia. ¿Cómo responder a semejante nadería? A falta de obras que exhibir… No obstante, Maduro ha podido desplegar sonrisas, así no sea al pie del patíbulo como el vehemente Danton.

Le pareció fácil apropiarse de las merecidas victorias electorales de Evo y Tabaré. Pudo así cambiar por una sonrisa plena las arrugas de la angustia.

-Pero esos resultados nada tienen que ver con el socialismo, Nicolás, sino con los indicadores de crecimiento, inflación, empleo. Evo y Mujica muestran cifras que hablan por sí solas.

Por supuesto, si Evo, Tabaré o incluso Dilma hubieran encarado sus compromisos electorales con las negras cifras de Venezuela, habrían sido despedidos del poder con la suela de un zapato marcada en las posaderas.

 Si Maduro entendiera o le dejaran entender que la mejor vía para superar crisis pasa por consensos y diálogos, no insistiría en cargarle a la oposición la culpa del descomunal fracaso de su modelo. La lista de las fallidas acusaciones oficialistas se pierde en el tiempo. La conducta del Poder Judicial es vomitiva. Han dado lustre mundial a sus acusados, porque los errores siempre tienen un costo. La arremetida contra TalCual fortaleció a imagen de su noble director. Las obsesivas agresiones contra López, Capriles, Ledezma y Berrizbeitia, para nombrar solo las de estos días, son zarpazos contraproducentes. Y está la MUD, discutiendo unida. Es hoy por hoy el techo más consistente bajo la tormenta. El más visible, diría.

Su fortaleza descansa en su peculiar unidad. Es un punto de confluencia para las variadas corrientes del pensamiento y prefigura un porvenir democrático digno de ese nombre. Cuando las columnas del país se estremecen, es la referencia más firme.

No obstante se resiente de dos debilidades:

Primera  Le piden misiones que por naturaleza no puede realizar. Es una confederación de partidos abierta a la sociedad civil no diseñada para honrar la esperanza de quienes quisieran transmutarla en maquinaria política con estrategia y vocería únicas. Partido de gobierno contra partido de oposición. Pero si así fuera su representatividad se esfumaría. Lo procedente es que convivan MUD, líderes naturales y partidos, cada uno a su aire, en el marco de la estrategia general. La MUD debe ser expresión de unidad y centro de confluencia político-electoral.

Segunda  La desconfianza, que en el gobierno cuestiona el modelo mismo, el anacronismo conceptual, la violencia, el pensamiento único y el asedio contra quienes piensan distinto incluso en sus propias entrañas, opera en la MUD de otra manera. Es un subproducto envenenado de su fortaleza plural. Envuelve rivalidad y zancadilla.

La unidad de la MUD, sus componentes, líderes y agrupaciones destacadas no es un asunto menor. Es clave para cimentar la recuperación del país y la reconciliación política y ciudadana, sin pases de recibo, venganzas, odio encubierto y corrupción, que son ­permítame Vicente Blasco Ibáñez- los cuatro modernos jinetes del Apocalipsis.