AMÉRICO MARTÍN Pau de Brasil
Sábado 6 de Septiembre de 2014 | TalCual

Screen Shot 2014-09-06 at 1.49.47 PMNo haré por el momento comentarios sobre el tímido enroque dictado por el presidente Maduro y su orfandad frente al naufragio de Venezuela. El hombre había insinuado la inminencia de políticas que no pudo o no se atrevió a honrar. El enmascarado que lo espera oculto en una esquina habrá sonreído: posponer es agravar y es ya masivo el rechazo que lo acusa. Rafael Ramírez había levantado expectativas en tenedores de moneda dura, pero su suave remoción parece haberlas evaporado.

Maduro está de manos atadas. La lucha interna no le permite moverse, pero como en política no abundan los suicidios no descartemos algún próximo paso en cualquier dirección. A la espera de decisiones complementarias dejaré correr una semana para entrever lo que le espera a nuestra atormentada Venezuela y a su acorralado timonel.
En su novela El imperio eres tú (ganadora del premio planeta 2011) el escritor madrileño Javier Moro habla del líder que fundó Brasil ahorrándole la lamentable fragmentación de la América hispana.

Es la saga de Pedro I sobre un vasto territorio cuyo nombre viene de la madera “pau de brasil”, fuente de un maravilloso colorante usado por los indígenas para adornarse. Color el de las garotas, el carnaval y la samba.

Bolívar, San Martín, Martí, Rodó soñaron una América unida. Ese sueño solo pudo ser concretado en el Brasil de Pedro I de Braganza y Borbón. El flamante emperador dio a su país una Constitución no republicana sino imperial. Un imperio constitucional de inspiración liberal.

Por eso Brasil es un gran país de vocación expansiva, y sin embargo con el parlamento más autónomo y soberano del subhemisferio.

Para deshacer esta monarquía tansui generis, una logia militar derrocó en 1889 a Pedro II, hijo y sucesor del fundador.

Asumiéndose republicanos, estos militares eran autocráticos. Es bajo ese signo que reimpulsarán el destino imperial de Brasil, y con él su celebrado pragmatismo diplomático. Influir sobre América del Sur estaba en el orden natural de las cosas. Y también sobre África y de allí en más hasta donde alcance la musculatura.

En 1938, embriagado de fascismo, Getulio Vargas diseñó el Estado Novo, corporativo, centralizado, represivo y populista como pocos. Se propuso desplazar a Argentina -el rival histórico- en el destino del sub-continente, manteniendo a raya a demócratas, liberales y comunistas de su propio patio.

Encarceló al líder comunista Luis Carlos Prestes, el Caballero de la Esperanza, cuya esposa entregó en estado de gravidez a la Gestapo nazi, y no obstante Prestes lo respaldará en su intento de retornar al poder en 1951, postulado por el Partido de los Trabajadores. Pragmatismo casi inhumano, como puede verse, trátese de Prestes, de Vargas o del Partido del futuro Lula.

Brasil es un gran reservorio democrático y productivo de América, que pudo superar el horror del militarismo y entrar en la senda del desarrollo aperturista bajo la conducción de Fernando Henrique Cardozo. Esa ruta la retomará Lula da Silva, lo que le aseguró dos períodos presidenciales y uno a su sucesora Dilma Vania Rousseff. La rica geopolítica proporciona buenos títulos a Brasil para marcar el paso de la América hispano-lusa. Lo dijo una vez Richard Nixon: “adonde vaya Brasil, irá Latinoamérica”. No es tan sencillo, pero su influencia es obvia.

Ningún presidente democrático de Brasil se sentirá cómodo admitiendo el calificativo de “imperio”. Pero Getulio Vargas no tuvo empacho en vanagloriarse de eso. El agudo historiador de nuestra ULA, JP Espinoza Aguaida, exhuma en su obra Brasil, Vargas y la Proyección Continental, una declaración emitida por Vargas en 1938, que retrata bien este problema: ­El imperialismo de Brasil ­dijo Getulio­ consiste en ampliar sus fronteras económicas e integrar un sistema coherente… La expansión económica traerá el equilibrio deseado.

En 2014, año electoral, el crecimiento brasileño se ha ralentizado, la inflación crece (por supuesto, mucho menos que en Argentina e infinitamente inferior a la de Venezuela) y el cansancio y malestar amenazan la reelección de Dilma.

No es que Marina sea más pragmática que Dilma, pero en política las realidades tienden a prevalecer sobre las personalidades. Aécio Neves, el abanderado de la socialdemocracia al que dos consultoras colocan en tercer lugar a mínima distancia de Marina, dejo escapar una declaración reveladora. Ha dicho este importante jefe político que si Marina Silva resultara electa para disputarle el balotaje a Dilma Rousseff, la socialdemocracia le arrimará sus votos.

Aliarse con una corriente universal de certificada ubicación ideológica como la de Neves debería fortalecer el liderazgo democrático de aquella gran nación Dilma-Marina-Aécio. Felicitémonos.

No hay militares prusianos en competencia como los que oprimieron brutalmente a Brasil tras el derrocamiento de Joao Gulart. Ni tampoco civiles cesaristas que desprecien los derechos humanos, a lo Getulio Vargas. Probablemente Brasil terminará siendo una gran potencia de vocación expansiva si no tuviera sanos contrapesos. Y de hecho ya los hay. El más sólido, la promisora Alianza del Pacífico. En cualquier caso es inmensamente mejor que la gran nación encerrada entre las cuencas del Amazonas y el Plata se consolide en el esquema democrático y que adicionalmente condicione su histórico pragmatismo nunca se aleje de los derechos humanos ni de la tolerancia cero hacia las autocracias así se revistan de socialismo.

Son causas irrenunciables en este mundo amenazado por el terrorismo que parece devolvernos a las ominosas guerras religiosas, a las decapitaciones, torturas y conversiones humillantes.

Por todo eso, la suerte de Brasil toca muy pero muy de cara a Latinoamérica y al mundo. Por todo eso, el resultado de estas elecciones nos concierne directamente.