ANÁLISIS Secretos entre líneas

MARISA CRUZ Madrid 24/12/2014MUNDO

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Las claves ocultas que apuntan hacia su propia hermana, Podemos y Mas

El primer discurso navideño del nuevo Rey llegó rodeado de expectación y se fue dejando un rastro tenue. Falló el sabor comparado con el espléndido mensaje que Felipe VI preparó para su proclamación. En aquel texto, muy meditado y muy personal, las reflexiones brillaban nítidas y saltaban de párrafo en párrafo sin maquillaje, abiertas y perceptibles para todos. Anoche, hubo menos valentía. En las palabras del Monarca hay claves, sí, e importantes, pero algunas demasiado ocultas y constreñidas.

El mensaje de Navidad se dividió en tres capítulos y un epílogo. La elección de los asuntos abordados fue certera porque coincide con los problemas más graves que padece el país y que ocupan y preocupan a los españoles: la corrupción y la urgente necesidad de regenerar la democracia; la situación económica y el elevadísimo nivel de desempleo que mina la confianza en el futuro, y el desafío al Estado lanzado desde las propias instituciones y una parte de la sociedad catalana.

El apartado final en esta ocasión destiló esperanza, la que corresponde a un Monarca nuevo, con ganas de afrontar retos y que espera que el país prospere y florezca bajo su reinado. Una esperanza muy similar a la que desea transmitir el Gobierno, a un año de las elecciones generales, basándose en el cambio de tendencia de las principales magnitudes macroeconómicas que si bien aún no toca ni de lejos a muchísimos españoles, augura sin duda tiempos mejores.

Felipe VI conjugó tres palabras importantes: regeneración, empleo y unidad. Las mismas que han salido a relucir en los últimos tiempos en todas las encuestas del CIS. El Rey demuestra así que no vive ajeno a los problemas que más inquietan a los ciudadanos, aunque muchos anoche esperaban más fuerza.

Empezó el Rey por la corrupción, un asunto que tiene hipersensibilizados a los españoles. Dijo comprender la «indignación y el desencanto», reclamó «una profunda regeneración de la vida colectiva» y proclamó que la lucha contra este mal «es un objetivo irrenunciable».

Quienes aguardaban un mensaje nítido en relación con el procesamiento de la Infanta Cristina, anunciado apenas 48 horas antes del discurso navideño, tuvieron que hurgar entre líneas para encontrar la clave en una frase esencial: «Debemos cortar de raíz y sin contemplaciones la corrupción».

Ése «sin contemplaciones» viene a transmitir en toda su extensión la idea de que nadie, sea quien sea ni ocupe la posición que ocupe, quedará impune si se mece en la red de la irregularidad. Ése «sin contemplaciones» apunta más allá de los servidores públicos, de los cargos políticos, de los altos funcionarios…, señala también a su propia hermana.

El segundo bloque del discurso estuvo dedicado a la situación económica. En este punto, el Rey, lejos de repetir el mensaje demasiado triunfalista del Gobierno que incluso ha llegado a sentenciar que la crisis «es ya historia», reconoció que «continúa siendo un motivo de grave preocupación para todos».

La demanda de Felipe VI en este terreno pasa por una idea que, sin duda, complacerá a las fuerzas políticas progresistas: «La economía debe estar siempre al servicio de las personas».

El tercer aspecto que abordó el Monarca fue el referido a Cataluña. Habló Felipe VI del «derecho de todos a sentirse y ser respetados», aludió al «espíritu constitucional» bajo el que hemos convivido tantos años, elogió la contribución de los catalanes a la «estabilidad política» y al «progreso económico», e insistió en que todos «formamos un tronco común». Sin embargo, el mensaje firme del jefe del Estado hay que sonsacarlo de una afirmación lúcida: «Nadie en la España de hoy es adversario de nadie». ¿No fue acaso Artur Mas quien se refirió al Estado como el «adversario» de Cataluña? Pues ahí está la respuesta del Rey.

Y, ya al final, tras recordar a su padre y agradecer a los españoles el «cariño» que le han dispensado a él mismo, Felipe VI quiso hacer un guiño ilusionante con la vista puesta en un futuro que, dijo, «ha empezado ya», aunque antes dejó caer una última idea: «Afortunadamente, no partimos de cero, ni mucho menos, y, por ello, no debemos olvidar lo que hemos conseguido juntos con grandes esfuerzos y sacrificios, generación tras generación». ¿Era una réplica a los que apuestan por una labor de demolición y creen poder construir un país sin vestigios del pasado? ¿Se refería el Rey aPodemos? Las lecturas son libres.

Posdata: por primera vez no hubo en el discurso de Nochebuena ni una sola mención a las víctimas del terrorismo, pese a que lo serán hasta el final de sus días.