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analitica.com -Editorial: Urge un acuerdo nacional -Viernes, 12 de julio de 2013

Si las dos partes no se sientan a conversar y resolver algunos de los principales asuntos que mantienen dividido al país no hay posibilidad alguna de estabilidad política, económica o social

Es evidente que el país está dividido en dos mitades desiguales, una un poco mayor que la otra, pero mientras eso siga así la consecuencia es, a falta de acuerdos, un mayor grado de ingobernabilidad.

Si las dos partes no se sientan a conversar y resolver algunos de los principales asuntos que mantienen dividido al país no hay posibilidad alguna de estabilidad política, económica o social. Conversar no significa renunciar a los principios, ni mucho menos aceptar lo inaceptable, pero sí establecer unas reglas claras para restablecer un mínimo de orden y de funcionalidad en el Estado venezolano.

Un cosa es la impugnación de las elecciones de abril, ese es un proceso largo y complejo y debe seguir su curso natural, pero ello no debe ser un impedimento para que las dos partes se sienten a definir reglas claras en el juego político.

Entre los múltiples temas que deben ser resueltos con carácter prioritario para lograr un cierto nivel de normalidad democrática está la liberación de los presos políticos. Una vez logrado eso las partes deberían sentarse a discutir la configuración y composición de los distintos poderes del Estado, y lo primero es la indispensable correlación de fuerzas en el CNE, la designación de un Contralor, la recomposición equilibrada del TSJ, la despolitización de la Fiscalía General de la República y de la Defensoría del Pueblo.

De no llegarse a ningún acuerdo en estas materias fundamentales para la convivencia democrática, la crisis política, económica y social no podrá sino agravarse ya que una sola mitad no está en condiciones de sacar al país del marasmo en el que anda irremediablemente inserto.

Este es un momento histórico fundamental en el que se impone la necesidad imperiosa de una sindéresis política. No es tiempo de seguir debatiendo modelos ideológicos incompatibles con la realidad del país y del mundo. No podemos seguir viviendo en los años sesenta ni con la sombra de una presunta revolución cubana que no le ha dado a su pueblo sino pobreza bajo un régimen dictatorial y excluyente.

Venezuela merece un mejor futuro y ello no se logrará sino cuando las diferencias se mitiguen y se restablezca el necesario diálogo elemento consustancial con el ejercicio democrático del poder.