ANDRÉS CORREA GUATARASMA | El salami expropiado

Screen Shot 2017-02-20 at 6.42.15 AM19 de febrero de 2017

 

 

CON UN MES al timón, el gobierno de Trump ha sido como se esperaba: una proyección de esa visceral campaña presidencial que tanto apoyo y rechazo le germinó.

Tiene razón en muchos diagnósticos y quizá hasta buenas intenciones, pero se auto flagela en un eterno masoquismo político. Vive apasionado por su febril cuenta de Twitter, reafirmando su estilo personalista de comunicación narcisa, que lo agota peleando desde el primer día, cuando negó el obvio discreto público que acudió a su toma de posesión. Desde entonces las noticias no han parado y el aburrimiento está descartado.

El fantasma del conflicto de intereses y su reto a las instituciones siguen allí: desde su reclamo porque una tienda no quiere vender las creaciones de su niña hasta el veto migratorio que, como sugirieron los periodistas Painter y Eisen de The NY Times, en la polémica lista de siete países Trump se cuidó de no incluir aquellos que podrían entorpecer sus negocios, que en teoría ahora manejan sus hijos.

Screen Shot 2017-02-20 at 6.47.41 AMSu entorno ha cometido traspiés considerables, especialmente el malhumorado jefe de prensa Sean Spicer y la “asesora” Kellyanne Conway, convertidos en el tema central de programas cómicos como Saturday Night Live. Y de repente, entre tanta risa y parodia, surgen inevitables preocupaciones…

Sin obviar las deportaciones masivas, batallas judiciales y renuncias de quienes han querido distanciarse del gobierno o debieron hacerlo al descubrirse sus torpezas, como Michael Flynn por sus contactos con diplomáticos rusos.

Y en medio de este aquelarre, Trump ha resultado el presidente más solidario con los venezolanos decentes de los cuatro que han convivido con el chavismo, y en Miraflores le temen tanto que como nunca antes han evitado al máximo criticarlo. Irónicamente, Trump también ha sido el más parecido a aquel régimen, en el autoritarismo e insultos a la prensa, el supuesto enemigo común de ambos, cuando en realidad se dañan a sí mismos.

Trump no duda en echarle la culpa al gobierno anterior -cosa que en Caracas sencillamente no tiene sentido- y a los medios. El jueves 16 la rueda de prensa en la Casa Blanca fue desastrosa, con el presidente histérico. Hasta el periodista Shepard Smith, de la cadena FOX -considerada la más próxima a los republicanos- estalló: lo que vemos todos los días es una locura. Una completa locura.

El magnate ha declarado ser víctima de las “noticias falsas” y recalca que la prensa “es el enemigo del pueblo”. Palabras calcadas del régimen chavista que él combate y que esta misma semana sacó del aire a… CNN, la cadena noticiosa que también Trump cuestiona sin cesar.

¿Cómo terminará este huracán de contradicciones? La lluvia apenas comienza y hace rato nadie ha podido dormir bien. En Miraflores y la Casa Blanca odian las preguntas, como el papá de Mafalda.

¿CUÁNTO DE POLÍTICA tendrá el Oscar este año en discursos y tendencias? ¿Quiénes ganarán? El premio se entregará el próximo domingo 26, cerrando la temporada de casi 3 meses de premios que arranca a principios de diciembre.

Luego que los sindicatos, los críticos y la prensa han anunciado sus ganadores, y tras dos años de fuerte campaña afroamericana, la ruta al Oscar tiende a lucir más “clara”. No siempre ganan las mejores, pero a estas alturas los favoritos a subir al podio son los siguientes, aunque como en toda buena película una sorpresa, empate o desplante puede ser suculento:

Actriz protagónica: Emma Stone tiene el rol, la película y la simpatía para asegurar el Oscar. Natalie Portman sigue sonando y, aunque ganó hace relativamente poco (2011), en cada década hay al menos un caso de triunfos seguidos (Leigh, Taylor, Hepburn, Jackson, Fonda, Field, Foster, Swank). La francesa Isabelle Huppert sería un agradable batacazo.
Rol secundario: tradicionalmente se le considera la categoría más impredecible, pero no este año. Viola Davis es quizá el triunfo más seguro de la noche.

Actor protagónico: Casey Affleck lidera, pese a sus aburridos discursos en los premios que ha ganado, casi emulando su rol de conserje taciturno. En contraste, el enérgico Denzel Washington le acaba de arrebatar el premio del sindicato (SAG), que nunca había conseguido. Con 2 Oscars en casa, Washington tiene además el apoyo de la onda afroamericana en boga este año. Muy probablemente será el primer actor negro en sumar tres estatuillas, este año o más tarde.
Rol secundario: es la categoría más difícil de esta edición y aunque en el Oscar nunca se revelan los escrutinios finales (el paraíso de Tibisay y sus comadres), este año quien gane aquí quizá sea por un tris. Mahershala Ali lidera discretamente, pero Jeff Bridges tiene muchos amigos en Hollywood y Dev Patel cabalga en el mercadeo de los hermanos Weinstein, famosos por sus agresivas campañas para conseguir votos. La sorpresa más merecida sería la de Michael Shannon, un actor de verdad, no dado a la auto promoción.

Director: Damien Chazelle (La La Land) está en ruta de convertirse en el ganador más joven de este Oscar (acaba de cumplir 32 años). Barry Jenkins (Moonlight) le sigue de cerca y también sueña con hacer historia como el primer afroamericano.

Guión original: Damien Chazelle también es favorito aquí, aunque el guión de Kenneth Lonergan es más elaborado (Manchester by the Sea).
Adaptado: la competencia luce cerrada a favor de Barry Jenkins, pero la nominación póstuma del legendario dramaturgo August Wilson (Fences) tiene peso.

Cinta extranjera: The Salesman (Irán) disfruta el voto anti-Trump, mientras Toni Erdmann (Alemania) y A man called Ove (Suecia) han quedado rezagadas. Pero siendo un comité pequeño de votantes, cualquier cosa puede pasar.
Animada: la carrera se ha resumido a Zootopia y Kubo.

Película del año: el musical “La La Land” luce imbatible y para muchos ha sido ideal para combatir el pesimismo post electoral. Mientras, a la modesta y poética “Moonlight” le favorece la tendencia revolucionaria de que por primera vez una historia negra y/o de diversidad sexual gane el gran Oscar. Lo más salomónico es que una se lleve el trofeo al mejor director y la otra el de la película.