ANDRÉS CORREA GUATARASMA | La jurisbrutencia

30 de octubre de 2016

Yo te propongo no hablar de nada,
seguir muy juntos la misma senda…
Roberto Carlos, 1973

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MIRAFLORES SIGUE AVANZANDO
en su redefinición de la especie y aportando el Halloween más largo de la historia (después de los Castro, sobra decir).

Uno de los grandes inventos del chavismo es la fusión de magia y borrachera lograda entre los leguleyos supremos que han pasado a ser “magostrados”, en honor a su pasión por el arte de aparecer y desaparecer ponencias y denuncias en cajas de Ace en justa medida. Agregando una pizca aquí y quitando allá, crean pócimas dignas del nobel de química.

Así, Miraflores tiene hoy a su disposición la fábrica de detergentes más grande del mundo. Donde no sólo lavan, sino también prestan la batea. ¿Qué país necesita una constitución cuando cuenta con eminencias en carne viva?

En referencia a los anunciantes originales, en EEUU las telenovelas se llaman “óperas de jabón”. Tal es la fórmula que inspira el trabajo de estos sacrificados profesionales de los decretos. ¿Llamémosle sentenciólogos?

Con la cara lavada –sería una estupidez regentar una lavandería sin mostrar frescura, plancha y desriz-, esta tribu es la más agresiva de todas las del espectro antropológico del chavismo autóctono. Y la más pretenciosa también, porque se pasean con sus togas dando la impresión de ser gente seria. Y estudiada…

Muestran para ello el respaldo de títulos y documentos rimbombantes al publicar sus CVs en internet y posar con caras de apóstoles, para dejar claro que ellos no son como los miles de doctores chimbines endógenos que han fungido de ministros, parlamentarios, alcaldes y gobernadores piratas en los últimos 18 años. No, ellos han sudado su doctorazgo… Han aparecido de vez en cuando en clases y hasta presentado “tesises”, con todo lo que eso implica. Incluso ante profesores afiliados a los gitanos de Podemos, que además son compañeros de nómina internacional.

Uno no puede evitar el orgullo patrio (y la sana envidia) cuando lee aquellas hojas “de vida” llenas de tantos cursos, reconocimientos, condecoraciones, “conferencias impartidas, trabajos académicos y de investigación relevantes” (sic).

Lo primero es agradecerles la abnegación, porque tanto logro académico indica muchas pestañas quemadas (bien delineadas), infinito sacrificio familiar e incontables trasnochos comiendo libros, tecleando y resumiendo para presentar exámenes, eximir materias y, luego, el máximo escalafón académico: sentar cátedra (en cómodos sillones) y acumular medallas.

Segundo, debemos reconocer que no somos nada y que nuestra puerca suerte se limita a ser sus contemporáneos y compaidiotas, perdón compatriotas. Y es que tener una mente brillante es exclusividad de unos pocos escogidos por el Supremo para acompañarlo en la dificilísima tarea de guiar la justicia en una nación tan choreta como la nuestra, donde la piratería y la desidia son la norma.

Pero ellos son la excepción. Ellos sí saben, ellos son los que son, los que corrigen los errores electorales y nos iluminan la senda de gloria -aún cuando se va la luz-, hacia el futuro próspero que el chavismo nos prometió (y el chavismo nunca miente).

El problema somos nosotros, el error histórico es esta impaciencia que nos tiene atorados y brutos, indignos de contar con semejantes “magostrados”.

Ya están trabajando en la sentencia para resucitar al barinés a juro. Todos pendientes…