ANDRÉS CORREA | Un Panamá, un pana menos

Andrés Correa27 de agosto de 2017

Me ladra y me muerde la burda ironía…
Udón Pérez (1871-1926), Maracaibo Mía

MI NOMBRE ES Panamá, declaró Bárbara Palacios, se embolsilló al jurado y sobre todo al público, y ganó el Miss Universo 1986 en la misma tierra donde el tenaz Bolívar había celebrado su cónclave diplomático procurando la unión de las jóvenes naciones americanas, aún con todo lo difícil que era comunicarse y viajar en 1826.

Durante el siglo XIX Panamá fue territorio español, colombiano, neogranadino y a ratos libre. Ha sido independiente desde 1903, lo que la hace una de las repúblicas más jóvenes de occidente. También es de las más pequeñas, pero su ubicación geográfica es insuperable.

Estados Unidos promovió su independencia con el objetivo explícito de construir un canal interoceánico, luego de un fallido proyecto francés. Según la leyenda, la rebeldía se planeó en una suite del hotel Waldorf-Astoria de Nueva York. Lo que sí es un hecho es que desde Washington el Congreso concedió a Colombia una indemnización por 25 millones de dólares, en 1922, para eliminar todas las desavenencias

UntitledAsí, Panamá ha sido el país hispano más próximo a Washington, con pragmatismo de ambos lados, teniendo de punto culminante la presencia del narcotraficante general Manuel Noriega, en su llegada y salida del poder, ambas grotescas.

Panamá daría el gran salto al asumir su canal en 1999, el mismo año que el chavismo llegaba el poder, lo que Vargas Llosa diagnosticó bien temprano al hablar del suicidio de un país. Sabía de qué hablada: en esa época su Perú natal respiraba pobreza y dictadura, y Venezuela gozaba de una democracia que ya olía a moribunda. Irónicamente, hoy Perú es de las naciones con mejor disposición y condición para recibir su exilio.

Esta concatenación de hechos y fechas prueba que todo sube y baja, natural o mecánicamente, como las esclusas de un canal. El de Panamá es fundamental para el comercio -legal e ilícito- mundial, pilar de su próspera economía. Pero el empleo sigue limitado y el exilio de venezolanos llegó en un número y bulla que aparentemente el istmo no está en capacidad de procesar.

Si como dijo Vargas Llosa nos suicidamos hace 18 años, ¿qué somos ahora? ¿Fantasmas, ánimas-solas, lloronas, cadáveres insepultos, pordioseros, murgas, almas tercas y/o apóstoles a la espera de la resurrección?

Screen Shot 2017-08-28 at 2.52.14 AMAlgunos han encontrado una respuesta: quizá los venezolanos no han muerto, pero sí apestan, y necesitan una invasión como la que cambió la suerte de Panamá en 1989. Con cierta lógica, quienes parecen estar más claros son aquellos venezolanos que entonces no habían nacido o eran menores de edad, y que este año dieron al mundo un ejemplo de esa gallardía que no abunda en occidente.

Durante el chavismo suicida, de Venezuela ha salido mucho dinero limpio y sucio a Panamá, que ahora se convierte en el primer país latinoamericano en pedir visa a los panas. Y hasta recompensas están ofreciendo a quien los golpee en bares de las húmedas noches panameñas, imitando a xenófobos en naciones recién vestidas de la Unión Europea.

Algunos por dárselas de vivos avergüenzan a sus paisanos, abusan y quieren beneficios sin responsabilidad, abonando que otros confundan esclusas con excusas y exclusión.

=ROJOenAZUL

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EDUARDO MORGAN JR. |  EL UNIVERSAL viernes 31 de diciembre de 2010