ANGÉLICA LUGO @Angelicalugob | Las tres rutas para llegar a la comida en Venezuela

Viernes 22 de Enero de 2016Screen Shot 2016-01-25 at 13.35.34

Mientras amas de casa invierten hasta 10 horas de su tiempo para comprar productos regulados, otras mujeres han creado redes con empleados de supermercados a cambio de propinas

Quienes no tienen tiempo, han recurrido a la última opción: pagarle a los bachaqueros 

Caminar por la Gran Caracas con bolsas de comida, hacer hasta 10 horas de cola, agar los productos 21 veces más caros que su valor establecido y crear redes de contacto con empleados de supermercados, son los mecanismos que los ciudadanos han asumido para abastecerse de alimentos y productos básicos.

No importan las causas de la escasez en el país. No importa si se deba al control cambiario o a la tesis de guerra económica que sostiene el gobierno de Nicolás Maduro, entre las principales preocupaciones de los ciudadanos destaca la necesidad de comprar comida, que desde finales de 2013 se ha convertido en una suerte de tesoro para los venezolanos.

Runrunes detectó al menos tres rutas que en la actualidad utilizan las personas de clase media para conseguir comida:

1 . Largas horas en cola

Carolina Ospino, ama de casa, utiliza la primera ruta: hace colas en supermercados con la esperanza de conseguir productos regulados y, de esta manera, abaratar costos. La cédula de identidad de la mujer termina en 2, por lo que los martes se despierta a las 3:30 am para iniciar una larga travesía que la puede traer de vuelta en su hogar a las 5:00 pm.

“Es duro y agotador, pero todo está carísimo y hacer cola es lo que me permite hacer economía.

Por lo general siempre me comunico con amigas y vecinas, mientras yo estoy en un mercado y veo lo que hay y les comunico a mis amigas, ellas hacen lo mismo desde otros mercados. Pero a veces no me alcanza el tiempo para ir a tres mercados y solo voy a dos”, cuenta Ospino.

El martes 19 de marzo la mujer, que vive en la urbanización Nueva Casarapa de Guarenas, invirtió 13 horas y media de su tiempo para ir al Mercal ubicado en la urbanización Los Naranjos.

Allí estuvo siete horas y media y posteriormente fue a su casa a comer y dejar las bolsas para a iniciar otra cola a las 2:30 pm en el automercado Luvebras que le ocupó otras dos horas y media de su tiempo. Al final del día, después de haber hecho 10 horas de cola, la ama de casa pudo comprar 2 kilos de leche en polvo, 2 botellas de Mazeite, 1 lata de sardinas, una pasta de 250 gramos, 3 paquetes de 4 rollos de papel higiénico y 2 paquetes de toallas sanitarias por un total de 1.405 bolívares. Es la única vía que tiene Carolina Ospino para enfrentar la inflación y la escasez.

2 .Redes con personal de los establecimientos

La segunda ruta es una vía que algunas personas de la clase media han elegido para no invertir su tiempo en largas colas, ni pagarle a los bachaqueros. Es el caso de Ana Méndez, quien desde finales de 2013 ha tomado medidas para que en su casa no falten productos de la cesta básica. En algunos grupos de whatsapp sus conocidos le informan en qué mercados hay productos regulados.

Sin embargo, el mecanismo que más le ha funcionado desde mediados de 2015 ha sido formar redes con empleados de determinados establecimientos que están ubicados en su urbanización.

Ella cada vez que es contactada por los trabajadores de supermercados, va a los locales, pasa sin hacer cola, recibe los productos y, después de pagar propinas que oscilan entre 300 y 1.000 bolívares, es atendida por el cajero que su contacto le indica. De esta manera puede hacer compras, sin importar que no sea el día del terminal de su cédula.

“Como tengo 25 años viviendo en la zona, los trabajadores de los supermercados me conocen.

A mediados de 2015 uno de los muchachos que entrega los productos me ofreció informarme cada vez que llegara algo y me pidió que lo ayudara con lo que pudiera.

Así fue, pero a finales del año pasado lo botaron y cuando volví a ir al mercado, otro de los empleados se me acercó y me ofreció ayuda. Hasta ahora me ha funcionado.

No pienso pagarle a un bachaquero, ni hacer cola en mi zona, pues la mayoría de la gente que viene a comprar es de sectores populares. Si yo no voy a sus barrios, ¿por qué ellos vienen a mi urbanización a generar colapso?” Aunque Ana Méndez trabaja por las mañanas y dedica las tardes para recorrer supermercados, no llega a estar más de dos horas en colas, a diferencia de Carolina Ospino que ha logrado hacer amistades en las colas que hace en Guarenas y Guatire para comprar productos regulados.

Méndez, una mujer que ha hecho de los recorridos por supermercados un hobbie vespertino, logra visitar hasta cuatro establecimientos en menos de tres horas. Su carácter, sus contactos, las propinas que les cancela, han sido claves para hacer respetar, lo que asegura, es su derecho de comprar productos en su lugar de residencia.

Méndez defendió su posición el lunes 18 de enero cuando le aseguró a un funcionario de la Guardia Nacional Bolivariana que no haría la cola, pues “todas las personas presentes no eran de la urbanización”. La mujer se ha ganado el respeto no solo de los funcionarios, también de los vigilantes y otros empleados de los supermercados de la zona que, por medidas de seguridad, pidió no mencionar.

3 . La “comodidad” se paga caro. Para las personas que pasan todo el día ocupadas con una larga jornada de trabajo, no han podido ni siquiera pasearse por el escenario de hacer colas para comprar comida

Tampoco pueden elegir la vía de Ana Méndez de mantener contacto con los empleados de automercados. Ponerse en manos de “bachaqueros” que venden al mayor productos básicos que han desaparecido de los anaqueles ha sido la única opción que les ha permitido surtirse de algunos bienes.

Bárbara Seijas es periodista, madre, ama de casa y esposa. En su agenda es imposible dedicar al menos un par de horas para hacer colas en supermercados. El lunes 18 de enero se puso de acuerdo con unos compañeros de trabajo para escoger la tercera ruta: pagarle a un bachaquero. Ese día hizo su pedido y el miércoles le canceló 9.298 bolívares al hombre por cinco kilos de harina pan, seis paquetes de cuatro rollos de papel higiénico, cuatro botellas de Mazeite y seis kilos de arroz.