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Armando Durán LA CONJETURA DE LA DEVALUACIÓN

http://armandoduran.com.ve/ 16 enero 2014

En la edición de El Universal de este jueves, Víctor Salmerón destaca el hecho de que el Gobierno de Nicolás Maduro le debe al sector privado de la economía 9 mil millones de dólares. Y nos informa que esta cifra escalofriante equivale a 43 por ciento de las reservas internacionales de Venezuela depositadas en el Banco Central, en Fonden y en el Fondo Chino.

La publicación del devastador comentario de Salmerón sobre las finanzas públicas del Gobierno no es inocente. A todas luces debió escribirlo antes de que Maduro acudiera el miércoles a la Asamblea Nacional a cumplir con su obligación constitucional de rendirle cuentas al país, para explicarle a sus lectores las circunstancias que obligaban a Maduro a afrontar la devaluación como una respuesta técnica inevitable para enfrentar una situación que cada día se tornaba más fuera de control: sin disponibilidad de dólares para importar, la inflación y el desabastecimiento estaban generando los ingredientes más explosivos de una conflictividad social peligrosísima pero perfectamente justificada.

Sin embargo, por razones de dogmática política populista, Maduro anunció en su discurso todo lo contrario. Ni habría devaluación ahora, ni en lo queda de año. O nunca jamás. Una posición que por supuesto tomó por sorpresa al país, razón por la cual el análisis de Salmerón, sin necesidad de ir más allá de la objetiva descripción del problema, al publicarse, metió el dedo en la llaga de la disparatada irracionalidad de una decisión cuyas consecuencias comenzaremos a ver muy pronto. Más inflación, más escasez de productos básicos y una dramática caída de la oferta y el consumo si alguien dentro del régimen no encuentra la manera de ir saldando esa deuda desmesurada. Sobre todo si tenemos en cuenta que el Gobierno, con el ministro Jorge Giordani al frente (quien por cierto no dejó de sonreír de felicidad a medida que Maduro avanzaba en su razonamiento socialista y en el desarrollo de su tesis sobre la necesidad de politizar la economía), en lugar de la devaluación, se ha inclinado por la fórmula de eliminar Cadivi y oficializar la implementación de una tasa de cambio dual, 6.30 para casos muy específicos, y 11.30, casi el doble hasta el día de hoy, para todos lo demás. O sea, para casi todo. Una indiscutible devaluación encubierta, pero sin la contrapartida social que se hubiera tenido que diseñar para reducir los ruinosos efectos de una devaluación oficial de casi 100 por ciento.

En los próximos días, los especialistas analizarán y opinarán sobre esta decisión política de cercar aún más al sector privado de la economía, a la vez que se acorrala al ciudadano, indefenso ante las arbitrariedades de un régimen unipersonal y absolutista, que ahora, tras ejercer un control total sobre los medios de comunicación radioeléctricos, pretende silenciar a los medios impresos por la vía implacable de negarle las divisas necesarias para comprar papel a no ser que entren por el angosto aro chavista, y encima asfixiar a las televisoras, incluso a las que transmiten por cable, regulando vía el Minci y Conatel el contenido de sus programación, en primer término a las telenovelas, sus únicos programas con amplia aceptación de los televidentes, acusadas en el Mensaje a la Nación de divulgar los antivalores burgueses que vienen corrompiendo a la juventud, según Maduro, la causa principal del crecimiento desmedido de la delincuencia y la violencia en Venezuela.

En pocas palabras, este fue el mensaje central del discurso de casi 4 horas pronunciado el miércoles por Maduro, y el contexto teórico y político dentro del cual anunciar la profundización de una revolución socialista a la cubana, precisamente, cuando Raúl Castro, con timidez pero al parecer resuelto a hacerlo al más corto plazo posible, aspira a deshacer ese nudo que aprisiona a los cubanos desde hace 55 años. Incluso eliminando la tasa de cambio dual, una de las principales causas que durante décadas ha condenado a los cubanos a la miseria y la desesperación.

¿Será hacia ese punto por ahora de no retorno hacia la nada de nada que nos conducirá el camino señalado el miércoles por Maduro? Mientras tanto, que haremos los otros, ¿seguir conjeturando sobre el futuro incierto de Venezuela como hacíamos estos días sobre una devaluación que nadie ponía en duda? ¿Será esa quimera de la esperanza vana la única alternativa que le queda a los venezolanos que no comulgan con las piedras de molino que les ata al cuello el régimen?