Armando Martini Pietri @ArmandoMartini | Bla, bla … majadera, secretos y mentiras

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En eso llevan, a cuenta de los escasos dólares venezolanos -y algunas ayudas extras a los que se presentan como “opositores”, a menos que el Gobierno de Maduro también los financie a ellos-, un grupo de jefes oficialistas y quienes se apropiaron indebidamente de la representación opositora, bajo el clima controlado del aire acondicionado, rodeados del potente sol, las bien cuidadas playas y el grato oleaje del mar caribeño dominicano -al este de Haití, y equidistante de Puerto Rico y Cuba que, al menos hasta abril, pisa con bota implacable otro heredero, Raúl Castro.

Llevan varias reuniones públicas, porque las secretas son incontables -más de cien, dijo alguien sin ser desmentido- y hasta ahora, que se sepa, sólo han logrado sacar de sus injustas cárceles a unos pocos despachados a sus casas donde seguirán, la mayoría, presos y bajo control del aparato tobillero. Algo es algo, dirá alguno, pero ni es suficiente ni es la verdadera dificultad.

El problema más grave está en las calles, en las cuales centenares de miles de venezolanos de los sectores populares y medios salen a protestar porque no tienen comida, ni gas doméstico, tampoco gasolina ni otra esperanza que no sea animarse a hurgar en bolsas de basura. También, porque los enfermos, niños incluídos, se mueren por falta de equipos médicos y medicinas que los curen o, al menos, alivien. La protesta suele ser por necesidad, la rebelión también es carestía, pero del espíritu, libertad, democracia, justicia, derechos humanos.

Esto se ha dicho mucho, claro, pero ya Maduro poco puede hacer tras quedarse sin los recursos que han despilfarrado -y en casos, robado- los dineros del país, de todos los venezolanos que pasan hambre y privación. Ninguno tiene la menor idea de lo que pueden hacer en sus altos cargos, para resolver problemas, porque hacen falta dos características: sentido ético y capacitación. Y de eso la mayoría carece. Que un general de la GNB -sin experiencia previa- pueda rescatar una estructura industrial y comercial de la magnitud de Petróleos de Venezuela, es pedirle peras al olmo o mangos a las matas de Paraguaná. Y ése es sólo uno de tantos ejemplos.

Lo que angustia es qué diablos están conversando tánto en Santo Domingo, un Gobierno que no sabe gobernar y una oposición que dependiendo como vengan las cosas va inventando palabrerías, ilusiones y desconciertos. La historia los registrará y la justicia calificará como quienes negociaron y cedieron un país, timoratos y complacientes, a una banda de malhechores.

Cómo olvidar que los que ahora conversan confortablemente y con todo pagado, son los mismos que aseguraron que la Asamblea cubana Constituyente jamás podría instalarse, por írrita e ilegal, no mucho después de anunciar que con ellos al frente de la Asamblea Nacional Maduro saldría de la Presidencia en seis meses, los mismos que desconocieron e ignoraron el mandato ciudadano del 16J y se burlaron de más de 40 países, pretendiendo negociar sin condiciones previas un par de rectores en el CNE que en nada serán útiles, porque ése no es el fondo de la estafa continuada; reconocer parcialmente la fraudulenta constituyente y convivir tan tranquilos, además, la promesa de ayudar para levantar o suavizar las sanciones de Trump. Que, por cierto, no solo lo hacen como parte de las negociaciones sino en beneficio de sus comprometidos intereses y el cabildeo de los tenedores de bonos, sin olvidar el refinanciamiento de la deuda pública, que muchos -de lado y lado-robaron obscenamente.

Pero la clase aflora, es parte del mismo grupo que charla alrededor de 6 puntos que a su vez están atiborrados de sub-misterios -según el psiquiatra- difíciles de manejar. No proporcionó indicios de cuáles son los temas ni, mucho menos, de sus partes. Sólo aseguró que debemos estar contentos porque ellos están conversando. ¡Además de comprometernos ilegalmente debemos agradecerlo!

Fue lo que suele llamarse un “saludo a la bandera”, otro discursillo para llenar espacios sin esperanza y de acuerdo a deslenguados de parte y parte, especular. Por no dar, ni siquiera fechas, límites, metas, sólo que se reunirán el 11 de enero, ellos solitos, sin testigos incómodos, y al día siguiente con los “países amigos”, es decir, los que nada harán, aliados del régimen y comprensivos con esa oposición que habla y habla, pero nada hace.

Nadie tiene ya ilusiones. La inmensa mayoría, desde quienes buscan comida en desechos y porquería hasta empresarios, que ya no saben que más hacer ni para dónde coger, coinciden en que el país irá de guatemala a guatepeor, como señala el viejo dicho popular. En cuanto a las conversaciones dominicanas siguen siendo eso, discusiones entre colegas y cómplices para seguir sacando lo que puedan de lo muy poco que nos va quedando. Santo Donald, ora pro nobis.

Nada saldrá de esas tertulias más allá de favorecidas conveniencias de los participantes, sólo de ellos, y nada nuevo, -excepto el partido cuyo líder turisteaba por Orlando, Florida, USA-, sucederá este 5 de enero cuando se instale otra vez el Parlamento que ha demostrado, en períodos sucesivos y dos presidentes de partidos cupulares/mud y seguirá confirmando, lo buena vecina que es de la asamblea cubana constituyente.

La penumbra continuará cuando un socio coautor, encubridor y secuaz del chavismo madurismo, tome posesión de la presidencia del congreso, con lo cual, el oficialismo recuperará sin trampas ni elecciones, pero con picardía socorrida de compinches, el control del Poder Legislativo. Sin embargo, los ciudadanos decentes, de principios éticos morales estarán al corriente de quienes acompañarán la payasada favorecedora que acabará con sus carreras políticas.

Venezuela sabrá agradecer -le gustaría tener que hacerlo- a los parlamentarios que comprendan lo transcendental del momento que vive la República, sus acciones, decisiones y quehaceres se deben a los intereses ciudadanos y es a quienes deben rendir cuenta, jamás sucumbir a la exigencia -en ocasiones- inmoral de la disciplina partidista. De lo contrario, la historia los juzgará sin compasión, la justicia sin miramiento y la ciudadanía sin pleitesía cortés.