Carlos Canache Mata @CarlosCanacheMa | AD y su validación

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La validación de su nómina de militantes realizada el 25 y el 26 de este mes fue una contundente confirmación de que AD fortalece su vigencia cuando le toca luchar en tiempos de adversidad

Hace años escribí en El Nacional un artículo en el que decía que Acción Democrática no había sido fundada sino descubierta por Rómulo Betancourt y los otros grandes dirigentes que participaron en su nacimiento. Antes de que apareciera en la vida pública, ya el partido existía, entrañado en el alma del pueblo venezolano. Ellos removieron la tierra de nuestra geografía y alzaron la criatura en sus manos. En el momento genésico, en sus filas, Rómulo Gallegos puso su Santos Luzardo y Andrés Eloy Blanco puso su Juan Bimba.

La validación de su nómina de militantes realizada el 25 y el 26 de este mes fue una contundente confirmación de que AD fortalece su vigencia cuando le toca luchar en tiempos de adversidad. En la penúltima dictadura, la de Pérez Jiménez, entraron héroes a la historia partidista. En la última dictadura, la que ahora vivimos, el combate no ha cesado y el pueblo nos acompaña.

Que los partidos validaran el capital humano con que cuentan, se maniobró por el régimen y su bastonero el CNE, mediante la colocación de obstáculos y limitaciones, con el propósito de que se quedara sin existencia legal la oposición política organizada. El ardid fracasó. Confrontando el asalto intentado, partidos importantes salieron victoriosos. En lo que respecta a AD, leí un ingenioso tuit que decía, ante la masiva movilización popular, que el 25 y el 26 de marzo lo que presenciamos fue una nueva e inmensa romería blanca, pero esta vez convocada por Maduro y Tibisay Lucena. Como reza el refrán, fueron por lana y volvieron trasquilados.

AD es indestructible. Es una idea y es un sentimiento que andan por los caminos de Venezuela y palpitan en el pecho de su gente. Los héroes tampoco mueren. Cuando la otra dictadura asesinó a Leonardo Ruiz Pineda, Andrés Eloy Blanco, en un acto celebrado en México en octubre de 1952, pronunció un discurso en el que dijo: “Allí está nuestro mártir, en una calle de San Agustín, en su sangre metida la frente luminosa”. Y adelantándose al tiempo por venir, como en una epifanía, anunciaba que llegaría el día en que un hijo del verdugo de Leonardo, “con rubor o sin él, bajando o alzando la cabeza descubierta, pronuncie con amor venezolano el nombre de Leonardo asesinado”. En los labios del poeta tremoló una pregunta sin respuesta: “Coronel que lo asesinaste, ¿cómo harás para asesinarlo en el corazón de tu hijo?”.

Parafraseando a Andrés Eloy, AD, después de su convincente validación, pregunta a la camarilla civil-militar que detenta el poder: “¿Cómo harás para desaparecerme del corazón del pueblo?”.