CARLOS CANACHE MATA @CarlosCanacheMa | LA CUESTIÓN MILITAR

21 de marzo de 2018Screen Shot 2018-03-21 at 10.28.45 AM

   En los países democráticos, las Constituciones establecen que las Fuerzas Armadas son obedientes y no deliberantes, subordinadas al Gobierno civil. En Venezuela, desde la Constitución de 1830 hasta la de 1961, con la sola excepción de la que se hizo aprobar Pérez Jiménez en 1953, se establece ese principio. La Constitución de 1961, artículo 132, expresaba además que las Fuerzas Armadas debían asegurar “el respeto a la Constitución y a las leyes, cuyo acatamiento estará siempre por encima de cualquier otra obligación”. La Constitución vigente de 1999, aun cuando eliminó la tradicional frase de “obedientes y no deliberantes”, sí dispone que la Fuerza Armada Nacional (en singular) debe dar cumplimiento a sus funciones “de acuerdo con esta Constitución y con la ley”, es decir,  conforme a lo que pautan sus normas.

   Las fuerzas democráticas de la oposición lo que están pidiendo es exactamente eso, no un golpe de Estado.  Están solicitando, como debe esperar también la Fuerza Armada,  una elección limpia y sin fraude del Presidente de la República para el período constitucional 2019-2025. El régimen de Nicolás Maduro ha puesto un candado a la salida de la crisis por la vía electoral al haber promovido la convocatoria de los electores a la votación del 20 de mayo, con partidos y líderes fundamentales ilegalizados o inhabilitados, con un CNE incondicional, y sin las mínimas condiciones y garantías de pulcritud y transparencia. Hay vías institucionales para que la Fuerza Armada Nacional le haga saber al régimen que procede y es pertinente una rectificación y que la elección programada debe tener lugar “de acuerdo con esta Constitución (de 1999) y con la ley”.

   Esa situación, más la crisis económica y humanitaria que bordea dimensiones de hecatombe, con su cauda de hambre y de muertes, ha generado un creciente malestar no solo en la ciudadanía, sino también en la institución armada. En los últimos días, la ola represiva se ha llevado por delante a numerosos oficiales activos en posiciones de comando con alto poder de fuego, algunos vinculados al chavismo originario, que de alguna manera mostraron preocupación por la tragedia que ahoga al país. A este respecto, el General (R) Fernando Ochoa Antich, ex-Ministro de la Defensa durante la era democrática, le dirigió el día 18 de este mes una carta pública al General Vladimir Padrino López, actual Ministro de la Defensa, en la que le dice: “…creo mi obligación advertirle que existen grandes rumores en la opinión pública sobre un creciente descontento militar. No tengo manera de confirmarlo, pero hay razones para pensar que puede ser cierto. La angustia y desesperación que azotan a la sociedad venezolana también afectan a los familiares de los cuadros militares. Usted conoce perfectamente bien que la manera de pensar en los cuarteles es un fiel reflejo del sentimiento nacional”. Acertada descripción de lo que está pasando.

   Faltan dos meses para el circo electoral del 20 de mayo. Un circo para la magia, en el que el CNE hace maromas y los enanos crecen. Si el espectáculo llega a ese día, una presión in-crescendo y las ya anunciadas nuevas sanciones de la comunidad internacional se sumarán a un estallido de la rebelión popular interna. Y habrá que desmontar la carpa y terminará la fiesta.