Carlos Canache Mata @CarlosCanacheMa | MADURO VICTIMARIO, VENEZUELA VÍCTIMA

Carlos Canache Mata3 Mayo, 2017

 

 

El Manifiesto de la AN pide apoyo a la comunidad internacional

   Más de 30 muertos se llevó en sus alas la brutal represión gubernamental contra las protestas populares del mes de abril. La insurgencia de los venezolanos y el asombro internacional fueron provocados por el mayor error político de la dictadura chavista: haber ordenado a su escudero, el TSJ, dictar la sentencia 156 del pasado 29 de marzo en la que la Sala Constitucional sustituía a la Asamblea Nacional en el ejercicio de sus funciones, hasta ese momento solo bloqueadas.

      Ese error del régimen dictatorial facilitó, a su vez,  la corrección de un error cometido por la oposición democrática al suspender las grandes manifestaciones de calle de septiembre del año pasado y comenzar el 30 de octubre un diálogo con el oficialismo, que a los pocos días fracasó porque éste no daba cumplimiento a lo que se iba comprometiendo. Haberle echado candado a las atribuciones constitucionales de la AN y que las asumiera, cual alevoso impostor, el propio TSJ, traspasó el límite que separa la paciencia de la ira. La vida de los pueblos es así: en sus entrañas discurren calladamente corrientes ocultas que un detonante saca a flote y las hace avanzar con fuerza arrolladora.

    El pasado 27 de abril, la AN aprobó un Manifiesto a la Nación en el que traza la ruta para rescatar la democracia y reconoce que los esfuerzos de las conversaciones anteriores no se concretaron, por lo que anuncia que el proceso de diálogo que inició en 2016 está clausurado y fracasó por el incumplimiento del Gobierno. Como reza el refrán, el  picado de culebra salta cuando ve un bejuco.

   La caracterización dictatorial del régimen que encabeza Maduro (no digo que preside, porque la palabra presidencia presupone una legitimidad de origen y de ejercicio, que en este caso no existen) está bien descrita y bien escrita. Sin pretender que sean una especie de los diez mandamientos de la ley de Dios que recibió Moisés en el Monte Sinaí, en un decálogo de señalamientos se precisan las barbaridades políticas y jurídicas cometidas por la dictadura de Maduro (desconocimiento de la soberanía popular encarnada en la AN, aniquilación de la separación de poderes, presos políticos y torturas, supresión del sufragio al impedirse en el 2016 el  referendo revocatorio presidencial y la elección de Gobernadores y de los Consejos Legislativos regionales, armamiento de grupos paramilitares, los llamados colectivos,  que asesinan a opositores, así lo acaban de hacer con el estudiante Juan Pablo Pernalete, etcétera), como también la catástrofe económica causada por el despilfarro, la corrupción y la expropiación de empresas que, por falta de alimentos y medicinas, ha sido otra manera de matar gente que han inventado los seguidores de Chávez.

   Para revertir ese lienzo de tragedias, especie del Guernica picassiano a la venezolana, el Manifiesto de la AN pide a la Comunidad Internacional, entre otras cosas, su apoyo a la activación de los distintos mecanismos que permite la Constitución para la celebración de una elección presidencial anticipada  este mismo año 2017 y  la fijación de las fechas de las otras elecciones pendientes. Que no venga la dictadura con la cantinela del injerencismo,  porque esa cooperación  se  solicita en el marco de los tratados y convenios suscritos por la República.

   Sí, dice bien la AN, Maduro es el victimario y Venezuela es la víctima.