Carlos Canache Mata | LOS NUEVOS BÁRBAROS

Screen Shot 2017-01-18 at 08.08.21Mariano Picón Salas dijo que el siglo XX entró en Venezuela después de 1935, cuando muere el dictador Juan Vicente Gómez. Parafraseándolo, podemos ahora afirmar que Hugo Chávez y su sucesor Nicolás Maduro, al instaurar desde 1999 un régimen político despótico y un modelo económico anacrónico y fracasado, han impedido que en nuestro país haya comenzado el siglo XXI.

Por primera vez en la historia nacional, un presidente de la república o que funge como tal, el señor Maduro, presenta su Mensaje o Memoria y Cuenta de su gestión gubernamental del año anterior, ante el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y no ante el Parlamento Nacional. Refugiado en una sentencia celestinesca del máximo tribunal, que pretende ignorar la existencia de la Asamblea Nacional (AN), desconoció el mandato constitucional que lo obliga a rendir cuenta a la representación popular. Así, aventaja a los ventrílocuos que le prestan voz desde La Habana, porque éstos, al menos, se cuidan y van a un Parlamento que, aunque manso y domesticado, permite guardar las formas.

Al igual que el Gobierno nazi nunca derogó formalmente la Constitución de la República de Weimar y por decisión del Reichstag fue facultado para dictar leyes, el Gobierno venezolano, autorizado por un TSJ incondicional, legisla amparado en unos decretos de estados de excepción que prorroga cada dos meses. Durante la presentación de su Mensaje en el TSJ el pasado domingo 15, Maduro ordenó que se publicara en Gaceta Oficial, como en efecto se hizo, el nuevo decreto de estado de excepción y expresó “qué útil ha sido decretar constitucionalmente de manera ilimitada la emergencia económica”. Lo de “constitucionalmente” es un embuste porque el artículo 339 de nuestra Carta Magna exige que el decreto sea aprobado por la AN y pueda prorrogarse sólo una vez, y, como sabemos, no ha habido tal aprobación de la AN y ya lleva seis prórrogas. Miente también cuando promete “un modelo diversificado de mayor fuente de ingresos y empleos” para “superar el rentismo petrolero” porque todo el mundo está informado de que el ingreso de divisas en Venezuela, que en 1998 dependía en solo un 70% del petróleo, el régimen actual ha elevado a un 97% esa dependencia.

Gobernar al margen de las instituciones ha devenido en práctica rutinaria. La reciente creación del llamado Comando Antigolpe, no es para combatir contra los fantasmas ganados por afanes conspirativos que ha inventado el chavismo, sino para profundizar el terrorismo de Estado con el fortalecimiento de la nomenclatura radical. Certeramente, la presidente de la ONG Control Ciudadano, Rocío San Miguel, manifestó que “oficialmente se ha declarado una guerra no convencional contra la oposición”. La escalada represiva desatada por Maduro, con la complicidad de una cúpula militar que le está haciendo un grave daño a la FAN, se ha puesto a andar por todo el país amenazando y apresando a los que adversan al oficialismo, sin importarle la inmunidad parlamentaria o cualquier otra consideración política.

Razón tiene la MUD para no ir a una interlocución directa, cara a cara, con los nuevos bárbaros que han invadido a Venezuela.