CARLOS MALAMUD @CarlosMalamud | La huida hacia adelante de Nicolás Maduro

22 Feb 18Screen Shot 2018-02-23 at 11.39.44 AM

Hace tiempo que Nicolás Maduro emprendió una acelerada huida hacia delante. Lo preocupante, y el presidente venezolano parece saberlo muy bien, es que su desenfrenada carrera no tiene marcha atrás. Para librar y ganar su guerra antiimperial se permite cambiar las normas cuantas veces haga falta. Pero eso no es suficiente garantía para impedir, como le deseó de forma desafortunada el secretario de Estado de EU, Rex Tillerson, que termine sus días en una playa cubana.

Tras la contundente derrota en las parlamentarias de 2015, su principal objetivo fue taponar la vía de agua que abrió la oposición. Nombrar jueces de la Corte Suprema, vaciar de competencias a la Asamblea Nacional, rechazar el referéndum revocatorio o elegir una Asamblea Constituyente que en seis meses no ha redactado ningún artículo constitucional son maniobras políticas que sólo buscan conservar el poder. El mismo fin que tiene anticipar medio año las elecciones.

Por eso no se entiende su empeño en seguir negociando con la oposición en República Dominicana. El venezolano Michael Penfold cree que su empecinamiento responde más a sus debilidades que a sus fortalezas, tanto en lo referente a la contestación dentro del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) como entre los militares.

Las sanciones internacionales ya afectan a altos cuadros del régimen. Esto y el deterioro irrefrenable de la economía lo han obligado nuevamente a tomar la iniciativa, aunque esta vez sin la perspectiva de ganancias inmediatas. Su deseo de adelantar consensuadamente las elecciones a marzo ha fracasado, en parte por la presión internacional, pero también porque en su intento de sobrevivir ha reducido a lo indecible la capacidad negociadora de la oposición.

Maduro sabe que un triunfo electoral, aunque sea abultado, no le garantiza revertir la crisis económica, resolver los problemas de abastecimiento o controlar la hiperinflación. Pero así y todo, debe ganar si quiere mantener la unidad interna. Entre las medidas a tomar para garantizar su triunfo electoral, preferentemente con más de 10 millones de votos, destaca la puesta en marcha de un plan cívico-militar de defensa popular contra cualquier plan terrorista, contra cualquier intento golpista,  contra cualquier provocación de la oligarquía colombiana en la frontera, contra cualquier grupo terrorista que intente insurgir otra vez.

Esta vez Maduro lo tiene más complicado que en ocasiones anteriores y por eso ha puesto a Diosdado Cabello al mando de su plan cívico-militar. Ello no implica que la crisis se solucione rápidamente o que no continúe en su cargo muchos años más. Pero la intensificación de las contradicciones ha reducido el margen de maniobra de unos y otros, en un contexto proclive a cometer errores irreparables.

La supervivencia de Maduro dependerá de su habilidad para gestionar la crisis interna y minimizar las presiones externas que arreciarán en las próximas semanas. Al mismo tiempo, el éxito de la oposición pasa por su capacidad de mantener la unidad política y organizativa con un proyecto democrático y atractivo tanto para sus seguidores como para los sectores populares desencantados del chavismo.