CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ @CarlosRaulHer | La extraña historia de los pollos nonatos

30 de abril de 2017Screen Shot 2017-04-30 at 7.47.07 AM

Se sabe bien. De haber elecciones regionales el gobierno perdería, por eso están suspendidas arbitrariamente y algunos piensan que tampoco habrá presidenciales. De allí que la beligerancia de ONU, OEA, Unasur, Mercosur, Unión Europea sea clave para asegurar negociaciones y que los comicios se realicen, para detener así la tentación totalitaria y zurcir el traje de baño de moda, roto sistemáticamente: el hilo constitucional. Casi todos los organismos y países recomiendan a Venezuela conversaciones mediadas entre gobierno y oposición para obtenerlos. Por las calles, desordenadamente, en las movilizaciones, se percibe un haz de expectativas, varias de ellas contradictorias, incluso una que adquirió título entre tantas declaradas y escritas: una acción militar con correspondiente junta de gobierno. Un golpe de Estado es una desgracia, a veces inevitable, pero no luce como una propuesta democrática y, menos, aterrizada.

Con cierto desorden argumental, alguien invocaba extrañamente con ese fin la necesidad de la presencia de los multilaterales. No sé cómo se puede concebir que por el ojo de la aguja de la Unión Europea, ONU o Mercosur pase semejante pterodáctilo. Acariciar sus escamas adolece del más remoto toque de realidad. Lo que la sociedad tiene a su favor y estimula simpatía global es que rechaza un plan totalitario y defiende la Constitución. Paradójicamente algunos que lo rechazan hoy, parecieran soñar, a su vez, un poder total ya que sin él es poco lo que podría hacerse -afirman. Decir que un nuevo gobierno que no tenga control relancino de las instituciones estará amarrado, paralítico, suena a totalitarismo blanco o bienintencionado, así como aquél de los que apoyaron a Chávez para que en su momento limpiara los establos de Augías. Reconozco los mismos argumentos y voces de hace 25 años. Y aquí nos trajeron.
Sanear o sanar
No se trata de una equivocación sino de una concepción permanente. Es la quirurgia política (la sola palabra es tenebrosa) de los que creen en la amputación de tejido social enfermo, palabras más bien de Castro y Pinochet, aunque obvio que las intenciones no son las mismas. Y ciertamente una limpieza general solo es posible con un golpe de Estado porque si no, habrá que hacer los cambios con los inconvenientes de la negociación, ya que los bolivarianos no quedarán exterminados sino derrotados. Existe la opinión de que convienen las aplanadoras, el terrorismo judicial (uso de tribunales para saldar cuentas políticas) y las persecuciones. El otro lado del asunto es que eso suele conducir al fracaso y a lo mejor los planes de esos militares no coincidan con aquéllos que cuentan pollos antes de nacer. La DC chilena juraba que los militares darían el golpe para entronizar a Radomiro Tomic.

Demasiados países se hundieron en violencia, inestabilidad, caos, por pretender limpiezas. Más que sanear hay que sanar y en las transiciones, acorralar al viejo régimen es garantía de fracaso. Rómulo Betancourt da entre  varias razones para el golpe de 1948, el acoso a figuras del medinismo durante el trienio. Culminó su segundo gobierno (58-63) con más de 20 entre golpes militares, conatos y alzamientos guerrilleros y no necesitó poder total, sino capacidad para negociar y confrontar. No tenía un Congreso incondicional sino alianzas, ni mucho menos dos tercios a favor. Y esa idea de limpieza política menos se justifica en quienes le piden a los uniformados poner fin al gobierno. Es sencillo. Si Ud. pide ayuda a los militares, no los desprecie en párrafo anterior, ni anuncie de seguidas que después vendrá el Día de la Ira, porque les parecerá algo bastante surrealista.
Error de ayer y hoy
El Viernes Negro de 1983 habían crujido las trabas del modelo económico más estatista fuera de la órbita soviética, y cinco años después el gobierno democrático comienza a transformarlo con la apertura, la descentralización y la reforma del Estado. Entre 1988-1993, se desarrolló la consolidación, el crecimiento y el avance de la democracia, que los ciegos de la mente no quisieron o no pudieron ver. En 1998 la revolución engatusó al país, comprensible en los sectores populares pero no en los que, para bien o para mal, se ocupan del pensamiento. Por anacronismo conceptual y prejuicios, odio o falta de información, en la época efervescentes, grupos intelectuales la apoyaron desde 1992 y defendieran el golpe militar. Por eso los revolucionarios y sus fans ilustrados tienen la marca de Caín y la reconozco hoy de nuevo. Haber hecho de Venezuela el único en Latinoamérica que no fue capaz de terminar la tarea.

Por desventura una tendencia demasiado humana es justificar el desastre que promovimos a nombre de algún precedente aunque sea falso, una sublimación freudiana, una racionalización del viejo error. Lo auténtico es que Venezuela crecía a las más altas tasas del planeta junto con China y el sistema político mutaba aceleradamente con la elección directa de gobernadores, alcaldes, diputados y concejales. Un dólar costaba 60 bolívares (6 bolívares de hoy) Venezuela era cada vez más democrática y sanaba sus heridas. Luego las fuerzas del pasado y sus fans derrocaron a Carlos Andrés Pérez y comenzó la contrarrevolución de 25 años. El país no estaba enfermo, pero sí equivocados quienes impulsaron la tragedia que hoy seguimos viviendo.