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@carlosblancog CARLOS BLANCO | TIEMPO DE PALABRA
EL UNIVERSAL domingo 16 de marzo de 2014

La violencia es sustrato de existencia cotidiana, solo que a veces es una cola en un automercado

La luz que agoniza Venezuela asiste al ocaso de un régimen que pretendió mantener la ficción de democracia. Una vez que la protesta se hizo presente en las calles, en vez de intentar -al menos hasta ahora- un diálogo serio con los representantes genuinos de las fuerzas democráticas, inventó unos interlocutores para la farsa, y se lanzó a la represión más deliberada y brutal que el país haya conocido en su historia contemporánea. Ese régimen del cual se jactaba Chávez, el de la “suprema felicidad”, de la “democracia participativa y protagónica”, del “amor con amor se paga”, yace entre las patas del caballo desbocado de su represión. Las pudibundeces que recubrían las ansias del poder autocrático se evaporaron y ahora queda el esqueleto de la revolución, con la guadaña funeraria empuñada, ávida de sangre fresca y joven. ¿Era éste el sueño de la izquierda revolucionaria que decía soñar con un futuro mejor? ¿Era esto lo que los antiguos defensores de los derechos humanos se proponían conseguir? Desde las montañas de dinero acumuladas por los próceres, ¿era ésta la corrupción que planeaban combatir? ¿Este largo camino de 15 años para que Nicolás Maduro, Diosdado Cabello, Francisco Ameliach y Miguel Rodríguez Torres quedaran cebados con el poder que no quieren aflojar al costo que sea?Maduro no puede continuar en el poder mas que a través de la represión y ha demostrado que está dispuesto a usarla sin limitación. Las regorgallas rojas sobre derechos humanos, él se las pasó por los tejidos blandos y ahora, atrincherado en un lugar que ocupa sin legitimidad, envía a grupos paramilitares, a la GN la Policía a cobrar nuevas vidas.

El régimen es una dictadura con las características que la posmodernidad impone: tecnologías represivas más precisas, más selectivas, uso masivo del poder Judicial como hoja de parra para rodear de tramposa legalidad la persecución; ruina económica como recurso para el sometimiento; entre otras técnicas. Pero dictadura es dictadura aunque se vista de seda.

LA CALLE La explosión de ahora es una respuesta largamente acumulada. Comenzó en 1999 y, después de tantas luchas, con éxitos y derrotas, vuelve con los aprendizajes logrados y la determinación que solo producen los principios. La base es la escasez y la inseguridad, pero en esta dinámica conmovedora y trágica, la libertad ha emergido como cristalino objeto del deseo ciudadano.

Acá se ha insistido en que no es cierto que no exista dirección de lo que acontece en los espacios públicos, sólo que no es la estructura piramidal tradicional con una “base” y unos “jefes”. En este tiempo las estructuras organizativas son redes, con liderazgos fluidos en espacios y tiempos determinados, capaces de interconectarse con los de otras redes, para producir esta inmensa e indómita expresión de descontento. Como proceso social es arisco y contradictorio, y por su propia naturaleza avanza en medio de errores y victorias. Ninguno de los dirigentes democráticos quiere ni promueve la violencia; esta viene del Gobierno, de sus unidades paramilitares, así como de los grupos antimotines de la GN y de la PN. Nadie en la oposición la plantea, aun cuando el Gobierno, de manera mendaz se la atribuya, menos ahora que se ha puesto en evidencia que los asaltos, rotura de vidrieras, destrucción de bienes públicos y privados, los ejecutan paramilitares rojos. Más allá, la violencia es el sustrato de la existencia cotidiana, solo que a veces es una cola en un automercado, otras veces es un secuestro express, ahora con frecuencia es un guardia o un sebin que asesina, o es un joven con una molotov en la barricada. No apareció ahora, sólo que la violencia también se quitó la máscara, como Maduro.

Véase de seguidas un extracto de posiciones de dirigentes de este proceso:

Leopoldo López: El cambio sólo puede llegar de la mano de millones de personas en la calle, en paz y sin violencia, pero en la calle.

Antonio Ledezma: Para mí la calle es el ejercicio de un legítimo derecho de los ciudadanos venezolanos… Las ollas vacías van a tomar las calles de Caracas, en paz, con civismo, con determinación, para que sepa el Gobierno y el mundo que Venezuela sigue en pie de lucha.

María Corina: Aunque traten de provocarnos, infiltren marchas o amenacen a líderes, no lograrán desviarnos de la ruta pacífica, firme y comprometida.

Henrique Capriles: Nadie acepta un monólogo ni imposiciones de un gobierno que ha querido resolver la crisis con muertos, heridos, torturados, detenciones, presosTodo el apoyo a los estudiantes… y el llamado a no pisar el peine de la violencia del Gobierno... .

Juan Requesens: (Declaraciones del 13 de marzo en N24) al Presidente le decimos que no se preocupe por las barricadas y las guarimbas que eso se recoge y se limpia, yo le diría que se preocupe por los estudiantes muertos, por la inseguridad que eso es lo que nos interesa a los venezolanos Lo primero que hay que poner en la mesa es la liberación de los estudiantes detenidos y metan preso a los que han matado a los estudiantes que han caído en las protestas.

Gaby Arellano: No es pueblo contra pueblo; es el pueblo en la calle resistiendo de manera cívica y pacífica, y unos pocos malandros pagados por el señor Nicolás Maduro y el Estado tratando de generar estado de zozobra… Llaman al movimiento estudiantil a sentarse en una mesa de paz, pero siguen disparando y criminalizando. Ante eso nos queda la calle.

De los referidos pronunciamientos, a pesar de las diferencias existentes entre algunos de los mencionados, se desprenden tres elementos esenciales: la lucha es en la calle, esta debe ser pacífica, y la violencia ha partido de la represión brutal del régimen de Maduro.

LA ESTRATEGIA DEL CRIMEN Maduro reprime y habla de paz. Sus paramilitares encienden y atizan la violencia, mientras los pondera como sereno brazo del pueblo. Censura a los medios y habla con cinismo del derecho a expresarse. Sus matones torturan o les caen a palos a los jóvenes en medio del amor que profesan por la juventud. Se refocila en Miraflores mientras los suyos disparan sin contemplaciones. Es el espectáculo de la decadencia, la expresión de un régimen exhausto que como proyecto político-ideológico ha muerto y del cual queda el bagazo de una idea, envuelta en las sábanas ensangrentadas de los jóvenes.

Heinz Dieterich, ideólogo del socialismo del siglo XXI y exasesor de Chávez, dijo el 11 de marzo que Maduro “no durará ni ocho semanas en el gobierno y probablemente será suplantado por una junta de gobierno”. Más que una profecía de iluminado parece el diagnóstico de un internista bastante familiarizado con el paciente. Nadie sabe, pero hace 22 años emergió este “proyecto” en medio de sangre venezolana derramada, parece que así concluirá. El sueño romántico se convirtió en crimen serial.