Carolina Jaimes Branger @cjaimesb | Choque de poderes

8 de agosto de 2016Screen Shot 2016-08-08 at 22.26.52

Los legisladores que redactaron la Constitución de 1999 –entre quienes se encontraba Nicolás Maduro, por cierto- nunca imaginaron que en Venezuela iba a haber un choque de poderes como el que hoy vivimos. Tal vez porque en aquel momento no habían considerado radicalizarse como después lo hicieron, siguiendo las órdenes de los hermanos Castro. Por desgracia, una receta que no ha dado resultado en ninguna parte del mundo. La consecuencia es que no previeron qué debería hacerse si un poder se enfrentaba con otro, como es el caso de la Asamblea Nacional y el Tribunal Supremo de Justicia.

Lo que sí me queda claro es que la Asamblea Nacional, como órgano representativo del pueblo, no puede ser anulada, destituida, apabullada ni cayapeada por la Sala Constitucional del TSJ. Siete magistrados nombrados por la antigua AN de manera espuria, no pueden ni deben tener más poder que la Asamblea electa por el pueblo. Cualquier tribunal internacional fallaría a favor de los diputados de la MUD. Y si vamos a cifras, como pareciera que le gusta a la canciller, 69,83% que obtuvo la MUD es mucho más que 32,93% del PSUV. Por cierto, a la señora Rodríguez se le olvida cada vez que habla de los votos que sacó Nicolás Maduro en 2014 para compararlos con los de Henry Ramos Allup (comparación por demás injusta porque es una votación nacional versus la de un circuito), que no sólo fue Ramos: los legisladores de la MUD juntos obtuvieron más votos que Maduro.  ¿Y entonces?… ¿Legitima o deslegitima?… ¿Quién es más “auténtico” representante del pueblo?… Las anteriores no son preguntas ni consideraciones que deberían darse en una democracia. Aún, así estamos…

Pero el tema es el choque de poderes. Nos encontramos en una situación similar a lo que en Teoría de Juegos se llama el Juego de la Gallina (Chicken Game): dos carros se dirigen uno en dirección al otro a toda velocidad y el que primero que gire para evitar la colisión se considera un cobarde (gallina) y es humillado por ello. Me imagino que en la vida real lo habrán jugado algunos que otros adolescentes intoxicados, pero en el cine ha sido tema de varias películas, como en “Rebelde sin causa”, donde los carros se dirigían a un acantilado a toda velocidad. Es un juego sin ganadores y lo mejor sería no jugarlo. ¿Cuál es la solución?…

Ninguno de los escenarios es fácil. Si el TSJ, por ejemplo, decidiera eliminar a la AN por cualquier razón sacada de un sombrero de prestidigitador, habría que convocar a nuevas elecciones legislativas y no me queda duda de que el PSUV estaría perdido: la MUD le ganaría con mucho más margen y a pesar del CNE. Entonces eso no lo harán. ¿Se atreverán a disolver la AN con lo que internacionalmente implicaría un acto como ése?

Otra solución sería enmendar la Constitución y que los magistrados fueran electos por voto popular. De esa manera podrían elegirse personas idóneas, que no respondieran a ninguna parcialidad política. Y para mí ése sería el escenario ideal. Así no habría oportunidad de incluir magistrados que en vez de currículos tengan prontuarios, o títulos falsos, o simplemente, cuyas trayectorias no respalden el honor que significa profesionalmente pertenecer al máximo tribunal de justicia de un país.

El hecho es que el juego está trancado, como escribió César Miguel Rondón en uno de sus recientes y lúcidos editoriales. Los poderes fueron creados para balancearse, no para chocar. Y a quienes se saben perdidos no les importa sacrificar lo que sea. Ya lo estamos viviendo: quien pierde es Venezuela.