Carolina Jaimes Branger @cjaimesb | Lo que hay que rescatar

Screen Shot 2016-09-26 at 8.29.10 AM26 de septiembre de 2016

 

No puedo decir que me tomó por sorpresa la decisión del CNE. Pero sí puedo afirmar que además de la indignación que sentí por cómo nuevamente se viola la Constitución de una manera tan fullera, el hecho me llevó a pensar sobre qué tiene que cambiar para que cambie Venezuela. ¿Qué tienen en la cabeza y en el corazón las personas que actúan de esa manera y se acuestan a dormir tranquilas? (Porque estoy segura de que duermen como peñas).

El viernes pasado estuve co-animando el programa de Gladys Rodríguez en el Circuito Éxitos. Ahí conversamos sobre el CNE. Gladys comentó que Tibisay Lucena había dicho que se retiraba a más tardar en 2013. Esa historia me recordó otra historia, la de Sean Connery, cuando se “retiró” de interpretar a James Bond. Años después, volvió en el mismo papel del que había jurado no interpretaría jamás, en la película Never say never again (Nunca digas nunca de nuevo). El día del estreno, un periodista le preguntó que para qué había dicho que nunca volvería a ser James Bond. La respuesta de Connery fue: porque por lo que me pagaron, he podido haber interpretado a su abuela (de James Bond)…

Ese visionario que fue Luis Alberto Machado decía que no es que la educación sea una prioridadla educación es la única prioridad. Porque un pueblo educado cambia todo. Educado en academia, pero principalmente educado en valores. Y aquí en Venezuela los valores los perdimos hace mucho tiempo, si es que en algún momento los tuvimos. No habrá academia que nos salve si no apuntalamos los valores.

Mi abuelo Jaimes decía que en Venezuela era más fácil ser doctor que ser señor. Eso se hace patente cada día, cuando vemos que hay doctores que son unos auténticos patanes, unos consumados ladrones y unos redomados cínicos.

En Venezuela el ascenso social ha sido netamente económico. Eso es bueno y es malo. Es bueno, porque habla del poco racismo o clasismo existente. Es malo, porque el dinero lava desde currículos hasta prontuarios, desde multas hasta juicios. Encima, no hay sanción social. Y si no hay sanción social, no hay freno. Porque hemos visto que la ley no frena, porque está a la venta. Entonces tiene que cambiar el poder judicial. No pueden existir jueces uh, ah. Los jueces deben ser personas de reconocida solvencia moral.

Tiene que apuntalarse el valor de la rendición de cuentas. Esa práctica perdida de que los niños traigan el vuelto de sus meriendas y salidas. Esa práctica aún más perdida de enseñarles el valor del dinero. Debe acabarse esa vara que dice tanto tienes, tanto vales. No puede ser, señores, ¡no puede ser! Que en Venezuela tenga más valor lo que hay en los bolsillos y en los bancos que lo que hay en las mentes y los corazones. Que dejen de ser vistos como estúpidos quienes tuvieron la oportunidad de robar y no robaron. La permisividad en todo sentido debe acabarse, porque corroe lo mejor del país. Decir la verdad tiene que ser una costumbre, no una excepción. Que la palabra recupere el peso que en algún momento tuvo. La honorabilidad debe ponerse de moda.

Tenemos que rescatarnos a nosotros mismos. Si no cambiamos individualmente, nada cambiará. Podemos cambiar de gobierno, pero estamos tan corrompidos, tan cínicos, tan insensibles, que si no cambiamos seguiremos camino al despeñadero.

Hay que rescatar la decencia, esa dignidad en los actos y en la palabra. La integridad. La probidad. Dejar las solidaridades automáticas. Ser amigo no es taparear delitos, es confrontar a quien los comete. Denunciar. Señalar. Tenemos que rescatar el alma del país antes de que el país termine de quedarse sin alma…