Carolina Jaimes Branger @cjaimesb | Pura coincidencia …

Screen Shot 2016-09-12 at 13.43.5112 de septiembre de 2016

 

El pasado jueves en el Espacio Anna Frank, el Profesor Jon Aizpúrua dictó una charla magistral. Habló del movimiento político que surge enfrentando a las democracias liberales en crisis, en el que un pueblo va desdibujándose para terminar perdiendo las individualidades y termina formando parte de un colectivo que dependerá exclusivamente de lo que diga un líder ultra terrenal, universal, galáctico.

El proceso es el siguiente: el líder carismático e histriónico toma el poder. Al principio es sólo carismático. Luego se vuelve histriónico y allí comienzan a hacerse evidentes los abusos, cuando insulta, habla por horas sobre trivialidades, baila, canta, se ríe, amenaza… Como la democracia liberal imperante está en crisis, el líder  enfoca su potente discurso en dos vertientes: la primera, a destrozar la democracia y los partidos políticos existentes y la segunda, a hacer apología del orden caudillo-ejército-pueblo, la relación ideal para llevar a cabo los cambios profundos y supuestamente, la fuente de la felicidad eterna. El pueblo es el Estado y el Estado es el pueblo. Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado.

Disuelve poco a poco los poderes como los concibió Montesquieu. El Tribunal Supremo de Justicia y el Poder Legislativo desaparecen ante un mega Poder Ejecutivo que centraliza todo. Modifica el ente electoral mediante leyes que le permitan ganar todas las elecciones. La palabra del caudillo es ley, es verdad, es orden. El caudillo no se equivoca. El caudillo es infalible. Su legitimidad reposa en su carisma.

Crea fuerzas de choque paramilitares, que funcionarán como su guardia pretoriana. Disuelve los sindicatos mediante modificación de la Ley del Trabajo, dando paso a un corporativismo donde ya no hay individuos, sino un partido único que forma la nación. El derecho a huelga se abuele. Los trabajadores deben inscribirse en el partido único y quien disienta, es despedido y hasta encarcelado.

La educación también sufre lo suyo: buena parte del adoctrinamiento se logra a través de las escuelas, aunque no hay una doctrina per se, sino más bien un pasticho de ideas políticas de toda índole, siempre bajo el paraguas del nacionalismo unitario y el autoritarismo centralista y corporativo. Se inculca la obediencia de las masas (idealizadas y convencidas de que son las verdaderas protagonistas del régimen) para formar una sola entidad u órgano socioespiritual indivisible”.

El revisionismo histórico no se hace esperar. Se exaltan las epopeyas y los héroes. Se recrea la historia como una leyenda donde aquellos héroes de ayer, hoy se identifican con el caudillo. Se utilizan los símbolos y la propaganda. Se escoge un color que identifique al proceso. La propaganda es vital y para su difusión hay que acabar con los medios de comunicación independientes. Como decía Pol Pot en Camboya el que protesta es un enemigo, el que se opone, un cadáver. Así de simple, así de macabro. Crea un enemigo externo a quien culpar de todos los males propios, una suerte de chivo expiatorio

En esta etapa se pasa del autoritarismo al totalitarismo. Ya no hay sino un líder, un pueblo sometido y un ejército y una milicia al servicio del caudillo. ¿Le suena conocido, verdad?… El Profesor Aizpúrua nos habló sobre cómo nació y se consolidó el fascismo en la Italia de Mussolini. De manera que cuando a usted le digan fascista, ya sabe de quién le están hablando. Cualquier parecido con la realidad… es pura coincidencia…