CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO | HOJA DE RUTA – ¿Por qué se desinfla Podemos?

Mundo24/8/2015

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La última encuesta del CIS (realizada entre el 1 y el 9 de julio pasados) daba a Podemos una estimación de voto del 15,7%, reflejando una caída de un 35% respecto al sondeo del pasado mes de enero, en el que obtuvo el respaldo del 23,9% de los votantes.

La cuestión no es baladí, sobre todo teniendo en cuenta que el descenso ha sido continuado y progresivo y que estamos a poco más de tres meses de la celebración de las elecciones generales.

El partido que, según diversos sondeos realizados a finales de 2014 y principios de 2015, tenía incluso posibilidades de ganar al PP y al PSOE, se sitúa ahora como tercera fuerza, a más de 12 puntos del primero y a nueve del segundo.

En mi opinión, la tendencia a la baja continuará de aquí a que se celebren los comicios (probablemente el 13 de diciembre) hasta situarse por debajo del 15%.

¿Qué factores han contribuido a que se produzca este desplome?

1º. Pablo Iglesias, sobre cuyo liderazgo se ha construido el partido político que nació hace menos de dos años, ha perdido la frescura de los primeros meses. Sus apariciones públicas despiertan menos interés porque, de alguna manera, ya ha pasado a formar parte de la «casta» que él criticaba. En cierto sentido, a medida que se le conoce más, se le aprecia menos.

2º. A Podemos ya no se le percibe como el partido que puede ganar y, consecuentemente, no se le ve con capacidad para cambiar radicalmente las cosas. Por tanto, ya no cuenta con el llamado efecto del carro del vencedor (efecto bandwagon), según el cual muchos votantes se inclinan por el partido que creen que tiene más posibilidades de victoria.

3º. El giro hacia el pragmatismo (el populismo de izquierdas, que diría Iglesias), llevado a cabo con el objetivo de arrebatar al PSOE la hegemonía de la izquierda, ha desilusionado a una parte de su electorado, vinculada al 15-M. Las disensiones internas, protagonizadas por Teresa Rodríguez o Pablo Echenique, son una muestra de esa tensión ideológica que ha desmovilizado a muchos de sus seguidores, como puso de relieve la escasa participación en las primarias. En expresión de John Kenneth Galbraith (La anatomía del poder), Podemos ha perdido su inicial «simetría bimodal», según la cual una organización obtiene sumisión a sus fines externamente sólo cuando obtiene sumisión dentro; la fuerza y la seguridad de su poder externo dependen de la profundidad y certeza de la sumisión interna.

4º. La indefinición ideológica en cuestiones relevantes como la independencia de Cataluña ha generado confusión entre sus potenciales votantes. Esencialmente, Podemos representa un movimiento genuino de izquierda que nada tiene que ver con el nacionalismo. La posición acomodaticia adoptada sobre la secesión ha generado tensiones en el seno del partido en Cataluña y ha desanimado a muchos ciudadanos proclives a Podemos de otras regiones que rechazan la concesión de privilegios a las autonomías más ricas.

5º. La experiencia de Gobierno en coalición en ayuntamientos y comunidades tras las elecciones del 24-M ha sido un tanto decepcionante. Las continuas rectificaciones en mensajes y propuestas, la inexperiencia de sus cargos públicos, la obsesión por abordar prioritariamente asuntos simbólicos (estatuas, nombres de calles, etc.) han generado la sensación de que Podemos es incapaz de llevar a cabo cambios sustanciales que supongan mejoras en los estándares de vida de los menos favorecidos. Es decir, la gestión excesivamente centrada en la imagen ha hecho que cale la idea de que Podemos es un partido que no tiene capacidad real para propiciar el cambio que prometió.

6º. El debate sobre las posibles alianzas electorales ha aflorado una concepción oportunista de la política. Podemos prevé pactar en lugares donde otras formaciones (Compromís o las mareas gallegas) son más fuertes, pero rechazan acuerdos (con IU, por ejemplo) donde su marca es predominante. Esa táctica refleja un anhelo de poder que asemeja al partido de Iglesias con los repudiados partidos de la «casta».

7º. A pesar de los esfuerzos de Iglesias por convertir a Podemos en un partido socialdemócrata, los ciudadanos (ver la última encuesta del CIS) siguen posicionando a esta formación en la extrema izquierda, mientras que sitúan al PSOE en el centro izquierda, que es donde se encuentra ubicada la mayoría sociológica de los españoles. Eso significa que el giro pragmático aún no ha tenido el rédito electoral buscado.

8º. La experiencia griega, que ha derivado en la ruptura de Syriza, ha tenido un efecto letal sobre Podemos. Tsipras podía ser puesto como ejemplo cuando convocó el referéndum sobre el plan de ajuste que proponía la troika, pero ahora es visto por muchos podemitas (como, por ejemplo, la líder en Andalucía) como un político poco consecuente que se ha rendido a la fortaleza de los mercados, mientras que el oficialista Iñigo Errejón le califica de «valiente».

La operación de Iglesias para lograr el sorpasso respecto al PSOE necesita de más tiempo y más concreción en sus políticas para ser creíble y no ser percibida como una simple estratagema con objeto de alcanzar el poder.

Probablemente, Iglesias es sincero cuando dice que, para ganar desde la izquierda, hay que hacer «política plebeya». Pero para que la mayoría de los votantes de ese espectro ideológico le sigan a él y no a Pedro Sánchez tendría que asumir el coste de una ruptura al estilo de Syriza, cosa a la que, por el momento, el líder de Podemos no parece estar dispuesto.