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Con Bocaranda hemos topado -Editorial analitica.com -Miércoles, 17 de julio de 2013

Los venezolanos de bien, sea cual sea su criterio político, tenemos el deber de rodearlo, de defenderlo, de demostrarle a quien pretenda callarlo, que el silencio de Nelson Bocaranda no será tolerado

Defender las libertades de pensamiento, de búsqueda y de difusión de la información es mucho más que un deber de los ciudadanos; en un derecho profundo, insustituible e intransferible. No hay democracia, no hay ciudadanía, ni siquiera hay patria sin el derecho a pensar e informar libremente. Por eso la defensa de la libertad de información es también un compromiso que no admite vacilaciones ni complacencias.

No siempre es fácil, los pueblos muchas veces perciben con escasa claridad cuando un régimen hábil en la manipulación política va cortando pacientemente esa libertad, poquito a poquito para evitar alarmas. En la Venezuela del socialismo tergiversado y extranjerizante, el Gobierno ha sabido ir paso a paso. La realidad es que cada día, paso a paso, hay menos libertad de pensar y de informar.

Grandes masas de ciudadanos salieron a las calles a protestar cuando el Gobierno cerró RCTV por la vía legalista -no por ello menos injusta- de no renovar la licencia oficial de ese canal. Pero lo hicieron principalmente porque surgió un para entonces sorpresivo movimiento estudiantil que desde entonces, afortunadamente, ha rechazado quedarse tranquilo y se mantiene como protagonista de la democracia.

Menos salieron a protestar los numerosos ataques contra Globovisión, y muchos menos a defender a emisoras de radio brutalmente atacadas o simplemente suspendidas, y nadie, hasta donde podemos saber, está cuidando a los diarios. Por eso son aun más valiosos para la nación hombres y mujeres que en sus columnas de prensa y cada día menos programas de radio y televisión combaten por la libertad de expresión e información, es decir, por lo más profundo de la democracia.

Es lo que viene haciendo, desde hace décadas, Nelson Bocaranda. Con tenacidad y una enorme capacidad profesional, ha creado una amplia, eficiente y leal red de fuentes que no son simples contadores de chismes sino seres humanos que, en diferentes posiciones dentro y fuera del país, tienen en Bocaranda su canal confiable de salida para contar las verdades. Y a diferencia de ciertos columnistas interesados, lo más grande de Bocaranda es que los lectores, radioescuchas y los propios medios nacionales e internacionales tienen la certeza de que jamás miente, de que se asegura cabalmente de que lo que va es informar es cierto.

Este trujillano de especial carisma y simpatía, que ha hecho patria luchando por alrededor de medio siglo por ser un periodista de primera magnitud y lo ha logrado, para orgullo de su profesión y de su país, no puede ser dejado solo. Ya no basta con leer o escuchar a Nelson Bocaranda. Los venezolanos de bien, sea cual sea su criterio político, tenemos el deber de rodearlo, de defenderlo, de demostrarle a quien pretenda callarlo, que el silencio de Nelson Bocaranda no será tolerado. Si mueren los Runrunes, Venezuela quedará sorda.