Crece el temor de que la constituyente pone en riesgo a la democracia en Venezuela – As Venezuela Prepares to Vote, Some Fear an End to Democracy

Una por una han empezado a caer las fichas de la democracia venezolana.

Primero el Tribunal Supremo de Justicia fue modificado para estar compuesto por simpatizantes del gobierno, que decidieron que algunos legisladores de la oposición no podrían tomar posesión de sus cargos en la Asamblea Nacional.

Luego, los jueces revirtieron algunas leyes a las que se oponía el presidente y se suspendieron las elecciones locales para alcaldes y gobernadores.

Acto seguido, el tribunal falló a favor de deshacer por completo la asamblea, una decisión que provocó tal clamor tanto en Venezuela como en el exterior que tuvo que ser revertida.

Ahora, el presidente Nicolás Maduro impulsa un plan radical para afianzarse en el poder: busca reescribir la Constitución del país y cambiar las atribuciones de los poderes considerados desleales –o sencillamente desaparecerlos–.

Se prevé que la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) le dé una autoridad prácticamente ilimitada al chavismo. Los venezolanos están citados este domingo para elegir a los integrantes de ese órgano, pero no tendrán la opción de rechazar que siquiera se establezca, pese a que sondeos muestran que la mayoría de la población está en contra. En cambio, los votantes solo podrán elegir a los futuros constituyentistas entre candidatos chavistas.

En las listas hay integrantes poderosos del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) como el diputado Diosdado Cabello, quien está siendo investigado por narcotráfico en Estados Unidos, y Cilia Flores, la primera dama.Screen Shot 2017-07-29 at 6.49.58 PM Screen Shot 2017-07-29 at 6.50.32 PM Screen Shot 2017-07-29 at 6.49.40 PM Screen Shot 2017-07-29 at 6.50.16 PM

La ANC, además, estará por encima de todos los otros poderes de gobierno (técnicamente también por encima del presidente) con una autoridad sin contrapesos.

“Esta es una amenaza existencial a la democracia venezolana”, dijo David Smile, analista de la Oficina de Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, por su sigla en inglés).

El impulso para consolidar el poder también deja al país en una encrucijada.

Por una parte, las acciones de Maduro encaminan al país hacia un posible enfrentamiento con Estados Unidos, que compra casi la mitad del petróleo venezolano. El gobierno de Donald Trump ya implementó sanciones esta semana contra trece funcionarios cercanos a Maduro, incluidos Néstor Reverol, el ministro de Interior, Justicia y Paz, así como los comandantes del ejército, la Guardia Nacional Bolivariana y la Policía Nacional Bolivariana.

El gobierno de Trump amagó con que se podrían tomar medidas más severas de celebrarse la votación del domingo. En un comunicado, Trump calificó a Maduro como “un mal líder con sueños de ser dictador”.

Por otro lado, está el polvorín a punto de estallar en las calles venezolanas: ante la ira hacia el gobierno de Maduro, los opositores se han manifestado durante más de tres meses, lo que ha colapsado a varias ciudades por los paros, protestas y saqueos. Han sido asesinadas más de cien personas, la mayoría en enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y los manifestantes armados. Es difícil adivinar qué harán los venezolanos que protestan en respuesta a los nuevos líderes que se les impondrán.

Los mismos constituyentistas aumentan la incertidumbre: tendrán tanto poder que podrían incluso remover a Maduro del cargo, de acuerdo con analistas, para poner fin a una presidencia que ha sido muy impopular hasta entre sectores chavistas.

“Es una cuestión de azar, una caja de Pandora”, dijo Alejandro Velasco, politólogo venezolano que trabaja en la Universidad de Nueva York. “Haces esto y tienes muy poco control sobre cómo se desenvuelve”.

Maduro afirma que es necesario reestructurar el gobierno para prevenir que se derrame más sangre en las protestas callejeras y para “perfeccionar” la Constitución. El presidente ha rechazado dialogar con los manifestantes, a quienes califica de terroristas y los acusa de ser financiados por gobiernos extranjeros que quieren derrocarlo. Maduro y otros chavistas aseguran que una nueva carta magna le daría las herramientas “para construir la paz”.

“Necesitamos orden, justicia, paz, un país que se reencuentre”, dijo Maduro hace poco. “Tenemos una sola opción, y el camino es la Asamblea Nacional Constituyente”.

La agitación en las calles de Venezuela es muestra del declive de la popularidad del chavismo desde la muerte de Hugo Chávez en 2013.

Fue el mismo Chávez quien supervisó la última asamblea constituyente en el país, en 1999, que obtuvo el respaldo mayoritario de los votantes que también lo habían impulsado al cargo con la promesa de que las nuevas leyes ya no favorecerían a los ricos sobre el resto del país.

Esa constitución, junto con el aumento de los precios del petróleo, desató una transformación socialista en Venezuela. Permitió que Chávez redistribuyera parte de la riqueza estatal a los pobres, nacionalizara bienes extranjeros y se volviera sumamente popular entre sus partidarios. La Constitución de 1999 también preveía la posibilidad de una constituyente en el futuro.

Ahora Maduro ha puesto en marcha esa opción, en momentos en que el chavismo enfrenta su peor crisis en décadas.

“Este es un último esfuerzo para reforzar su base”, dijo Velasco. “Lo está haciendo durante un momento de debilidad”.

De acuerdo con la reglamentación del voto del domingo, la ANC asumiría las riendas 72 horas después de la certificación oficial de los resultados, pero no queda claro qué sucederá después de eso.

Algunos políticos han sugerido que los alcaldes y gobernadores serían sustituidos por consejos comunales. Integrantes del PSUV han indicado que Luisa Ortega, la fiscala general que se ha vuelto una de las chavistas más críticas de Maduro, sería remplazada inmediatamente.

Sin embargo, muchos suponen que un primer paso será la disolución de la Asamblea Nacional; Chávez hizo algo similar en 1999.

Como lo era en ese entonces, la Asamblea Nacional es controlada por la oposición. Durante más de un año las cortes cercanas a Maduro han minado las atribuciones de los legisladores, al revertir medidas como una ley para la liberación de presos políticos o el que pudieran modificar el presupuesto.

La oposición dijo que más de 7 millones de personas participaron en un plebiscito simbólico el 16 de julio pasado.

Juan Guiadó, diputado opositor, dijo que teme que la ANC vaya a disolver al poder legislativo y a dejar sin poder político efectivo a los rivales de Maduro.

“Si quedaba algo de la democracia golpeada de Venezuela, eran los poderes que fueron elegidos legítimamente por el pueblo, como la Asamblea Nacional”, dijo. El voto del domingo creará “una dictadura total y represiva”.

Sin embargo, algunos afirman que la coalición opositora no ha ofrecido una alternativa clara a Maduro. Eva Golinger, abogada estadounidense defensora del gobierno de Chávez, dijo que los rivales del chavismo se han enfocado demasiado en quitarle poder al presidente y que eso presenta el peligro de un conflicto civil más pronunciado.

“Solo claman por un cambio de régimen”, dijo Golinger, quien también se opone a la propuesta de Maduro de reescribir la Constitución.

La ANC también podrá retomar una propuesta inconclusa de Chávez: crear una constitución socialista.

Chávez intentó enmendar la Carta Magna de 1999 con algunos cambios que dijo acelerarían su revolución. Sin embargo, esas medidas fueron rechazadas en un referendo constitucional en 2007 con el 50,7 por ciento de los votos en contra.

Maduro ha sugerido que quiere retomar lo que Chávez dejó pendiente. Al anunciar en mayo que se celebraría la constituyente, indicó que esta trataría nueve temas en particular, entre ellos, aumentar el gasto público en educación y salud, darle más facultades al poder comunal (como los consejos comunales o los comités encargados de repartir los alimentos) y posibles medidas para “la defensa de la soberanía e integridad de la nación y su protección ante agentes intervencionistas”.

Muchos analistas también prevén que la nueva constitución refuerce la política económica aplicada hasta ahora, que muchos culpan de exacerbar la crisis en el país al depender demasiado de las exportaciones petroleras.

La mayoría de la oposición planea boicotear el voto del domingo, por lo que sufragarán sobre todo los simpatizantes del PSUV y de Maduro.

María Elena Pérez, activista de 54 años, dijo que es momento de tener nuevas reglas pues ha pasado mucho tiempo desde la Constitución de 1999. “La Constitución actual es débil y hay que arreglar muchas cosas”, dijo.

En varios videos publicados antes de la votación, los candidatos a la constituyente como Ysmael Modoy, del estado de Portuguesa, urgieron a los venezolanos a defender el legado de Chávez y prometieron una carta magna enfocada en combatir la corrupción.

Otros, como Antonio León –apodado la Máscara– adoptaron un tono más ligero. En su video, León entra bailando por una calle vacía y, aunque no menciona cambios específicos que promovería en la constitución, dice que mejorará la distribución de las bolsas de alimentos repartidas por comités gubernamentales.

“Recuerda: tú eres amor, tú eres vida”, dice, antes de volver a bailar.

One by one, the markers of Venezuela’s democracy have been pushed aside.

First, the Supreme Court was packed with loyalists of the president, and several opposition lawmakers were blocked from taking their seats. Then, judges overturned laws that the president opposed, and elections for governors around the country were suddenly suspended.

Next, the court ruled in favor of dissolving the legislature entirely, a move that provoked such an outcry in Venezuela and abroad that the decision was soon reversed.

Now, President Nicolás Maduro is pushing a radical plan to consolidate his leftist movement’s grip over the nation: He is creating a political body with the power to rewrite the country’s Constitution and reshuffle — or dismantle — any branch of government seen as disloyal.

The new body, called a constituent assembly, is expected to grant virtually unlimited authority to the country’s leftists.

Venezuelans are going to the polls on Sunday to weigh in on the plan. But they will not have the option of rejecting it, even though some polls show that large majorities oppose the assembly’s creation. Instead, voters will be asked only to pick the assembly’s delegates, choosing from a list of stalwarts of Mr. Maduro’s political movement.Screen Shot 2017-07-29 at 6.55.52 PM

The new assembly will rule above all other governmental powers — technically even the president — with the kind of unchecked authority not seen since the juntas that haunted Latin American countries in decades past.

“This is an existential threat to Venezuelan democracy,” said David Smilde, an analyst at the Washington Office on Latin America, a human rights advocacy group.

The list of delegates includes powerful members of the president’s political movement, including Diosdado Cabello, a top lawmaker in the ruling Socialist Party who was involved in a failed coup attempt in the 1990s, and Cilia Flores, the president’s wife.

But the push to consolidate power also puts the country at a crossroads, one laden with risk.

As Mr. Maduro effectively steers his country toward one-party rule, he sets it on a collision course with the United States, which buys nearly half of Venezuela’s oil. On Wednesday, the Trump administration froze the assets of, and forbade Americans to do business with, 13 Venezuelans close to Mr. Maduro, including his interior minister and heads of the army, police and national guard.

The administration is warning that harsher measures could follow, with “strong and swift economic actions” if the vote happens on Sunday, according to Mr. Trump. In a statement, he called Mr. Maduro a “bad leader who dreams of becoming a dictator.”

There is also the potential powder keg on Venezuela’s streets. Infuriated by Mr. Maduro’s government, the opposition has mobilized more than three months of street protests that have crippled cities with general strikes, rallies and looting. More than 110 people have been killed, many in clashes between the state and armed protesters. Few know how protesters will react to newly imposed rulers.

Even the members of the new assembly themselves are a wild card. Their power will be so vast that they could possibly remove Mr. Maduro from office, some analysts note, ending a presidency that has been deeply unpopular, even among many leftists.Screen Shot 2017-07-29 at 6.56.06 PM

“It’s a crapshoot, a Pandora’s box,” said Alejandro Velasco, a Venezuelan historian at New York University who studies the country’s leftist movements. “You do this and you have so little control over how it plays out.”

Mr. Maduro contends that the government restructuring is necessary to prevent more bloodshed on the streets and save Venezuela’s failing economy, which is dogged by shortages of food and medicine.

The president has refused to negotiate with street protesters, calling some of them terrorists and asserting that they are financed by outside governments trying to overthrow him. A new governing charter would give him wide-ranging tools to “construct peace,” he and leftists have said.

“We need order, justice,” Mr. Maduro said during an interview with state television this month. “We have only one option, a national constituent assembly.”

The turmoil gripping Venezuela illustrates the sweeping declines in popularity for the Venezuelan left since the death of its standard-bearer, President Hugo Chávez, in 2013.

It was Mr. Chávez who oversaw the last rewrite of the Constitution, in 1999, which was widely backed by the voters who had propelled him to office in the belief that the country’s rule book favored the rich.

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That new Constitution — and rising oil prices — fueled a Socialist-inspired transformation in Venezuela. It helped enable Mr. Chávez to redistribute state wealth to the poor, nationalize foreign assets and make him popular with his supporters. The Constitution also left open the possibility of another constituent assembly in the future.

Now Mr. Maduro has taken that option at a time when the leftists are dogged by their deepest crisis in decades. This time, Venezuelans are seeing it less as a stab at reform than as an attempt by a struggling ruling class to maintain power.

“It’s a last-ditch effort to secure his base,” Mr. Velasco said. “He’s doing it at a moment of weakness.”

Under the rules of the vote, the constituent assembly would take the reins of the country within 72 hours of being officially certified, though it is unclear to most people what would happen after that.

Some politicians have already suggested that governorships and mayors be replaced with “communal councils.” Top members of Mr. Maduro’s party have identified Luisa Ortega, the attorney general, who has criticized Mr. Maduro’s crackdown on protesters, as someone to be immediately dismissed.

But many fear that a likely first step will be the abolition of the country’s legislature, a tactic first used by Mr. Chávez when rewriting the Constitution in 1999.Screen Shot 2017-07-29 at 6.56.34 PM

Leftists did not control the legislature then, and the same is true today. For more than a year, courts close to Mr. Maduro have chipped away at the powers of opposition lawmakers there, overturning laws like a measure to release political prisoners and stripping it of budgetary oversight.

Organizers of a symbolic vote against the measure this month said more than seven million ballots had been cast, with 98 percent backing the opposition.

Juan Guaidó, an opposition lawmaker, fears that the constituent assembly will dismantle his chamber, effectively liquidating any political power held by Mr. Maduro’s rivals.

“If there was anything left of Venezuela’s battered democracy, it was the powers that were legitimately elected by the people, like the National Assembly,” he said. The vote would create a “totalitarian and repressive dictatorship.”

Still, some say the opposition has failed to offer clear alternatives to Mr. Maduro. Eva Golinger, an American lawyer who was a confidante of Mr. Chávez’s, said rivals of the leftists had focused too heavily on wresting power from the president, something that could risk a wider civil conflict.

“They only rally around regime change,” said Ms. Golinger, who opposes how Mr. Maduro has gone about the constitutional rewrite.Screen Shot 2017-07-29 at 6.56.50 PM

The constituent assembly would also be able to take on one piece of work left unfinished by Mr. Chávez: creating a more Socialist Constitution.

Mr. Chávez later tried to amend his 1999 document with changes that he argued would speed the course of his populist revolution. But the additional measures were narrowly defeated when they were taken to voters in 2007.

Mr. Maduro has indicated that he intends to pick up where Mr. Chávez left off. He has suggested a nine-point outline that includes increasing public spending for education and health care, giving Socialist organizations increased governing abilities and taking unspecified measures to prevent foreign meddling in Venezuela.

Analysts also expect that the new Constitution could dig deeper into the economic policy favored by the president, which many economists blame for exacerbating the country’s economic crisis.

With much of the opposition expected to boycott the vote, it was mainly Venezuelans loyal to Mr. Maduro’s party who were eager to head to the polls on Sunday.

María Elena Pérez, 54, a leftist activist in Caracas, the capital, said it was time for a new rule book.

“The current Constitution is weak, and there’s a lot that needs to be fixed,” she said.

In the week ahead of the vote, potential delegates were making their pitches on Venezuelan airwaves.

In one video, Ysmael Modoy, a candidate from the western state of Portuguesa, urged voters to defend Mr. Chávez’s legacy and promised a new Constitution that better battled corruption.

Some sought a lighthearted tone. Antonio León, a candidate who goes by the nickname the Mask, entered his commercial dancing and singing while crossing an empty street. He didn’t address any changes to the Constitution, but promised voters that he would make it easier to get government rations.

“Remember: You are love, you are life,” he said before returning to his dance.