CRISIS POLÍTICA EN BRASIL » Rousseff afronta en Brasil otra protesta masiva para pedir su destitución

País São Paulo 17 AGO 2015

Los grupos que defienden el fin de la era de dominio del PT en la presidencia esperan repetir el éxito de movilizaciones pasadas convocando protestas en 200 ciudadesScreen Shot 2015-08-16 at 6.58.49 PM

El malestar social que vive Brasil por la crisis económica y los escándalos de corrupción que salen a luz a diario se está plasmando este domingo, por tercera vez este año, en las calles de 150 ciudades brasileñas.

Miles de ciudadanos de la clase media, en su mayoría vestidos de verde y amarillo, han salido a la calle para protestar contra el Gobierno de Dilma Rousseff y su formación, el Partido de los Trabajadores (PT). Reclaman el fin de la corrupción y exigen que la presidenta, Dilma Rousseff, deje su cargo. Gritos ¡fuera Dilma!, ¡fuera Lula! y ¡fuera PT! se escuchan en todo el país.

Pese a todo, las protestas contra el Gobierno —Rousseff solo lleva ocho meses en este segundo mandato— han perdido fuelle respecto a las que se celebraron el 15 de marzo y el 12 de abril. A estas horas no hay aún una estimación total de asistencia a las manifestaciones de hoy, pero se prevé que sea menor que aquellas, si bien en algunas ciudades las calles estaban abarrotadas.

Las protestas están convocadas en 257 ciudades a través de las redes sociales por los principales movimientos populares opositores al Gobierno, sobre todo Vem Pra Rua (Ven a la Calle) y Movimiento Brasil Livre (Movimiento Brasil Libre, MBL). Esos grupos, aunque proclaman la lucha contra la corrupción como tema central para derrocar al Gobierno, han evitado presionar a involucrados en las denuncias de corrupción, como el presidente de la Cámara, Eduardo Cunha. Se sospecha que Cunha haya podido aceptado sobornos de cinco millones de dólares de proveedores de Petrobras. “Tenemos prioridades. En este momento, es la destitución de Rousseff”, dijo Fabio Ostermann, uno de los líderes del MBL, de agenda ultraliberal y conservadora.

Todas las encuestas aseguran que la mayoría de los brasileños desean la destitución de la presidenta, cuyo nivel de aprobación está en el 8%. Pero también es cierto que los brasileños ya no están tan seguros sobre la eficacia de tumbar a la presidenta, según coinciden los expertos. No se sabe qué puede ofrecer el vicepresidente, Michel Temer, o la oposición, liderada por el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), del senador Aécio Neves, que perdió las elecciones del pasado octubre frente a Rousseff. El pesimismo es unánime y generalizado.

Que intervenga el Ejército  Aun así, son muchos los que quieren aprovechar los actos de hoy para al menos expresar su indignación contra la corrupción y contra el Gobierno.

São Paulo una vez más lideró las protestas en todo el país. Según el instituto Datafolha, 135.000 personas acudieron a la manifestación en la Avenida Paulista, la mayor de todas. En el acto de marzo, acudieron 210.000 manifestantes y en el de abril, 100.000, según el mismo instituto. Ya se escuchaba en las calles, desde antes de que empezara la manifestación, gritos de ¡El PT nos ha robado!. “Estamos aquí para expresar nuestra indignación por la corrupción”, se quejó Silvana, de 33 años. “No podemos quedarnos callados. Hay que llenar las calles”.

En la capital, Brasilia, se han manifestado 25.000 personas. Muchos de los asistentes pedían la privatización de todos los organismos públicos. “Robaron Petrobras, que ahora está en pérdidas. Si pudiera, privatizaría hasta el Gobierno”, decía uno de los asistentes, el jubilado Josué Gomes.

Mientras, unas 10.000 personas formaron un mar verde y amarillo que se movilizaba en la playa de Copacabana de Río de Janeiro. La mayoría pedía la destitución. Algunos hasta reclamaban una intervención militar. “Necesitamos una intervención del Ejército para eliminar a todos y cerrar la Cámara y el Senado”, dijo la profesora Teresinha Vitorin, de 53 años.

En São Paulo, donde se espera una asistencia masiva en la Avenida Paulista, ya se escuchaba en las calles, desde antes de que empezara la manifestación, gritos de “¡El PT nos ha robado!”. “Estamos aquí para expresar nuestra indignación por la corrupción”, se quejó Silvana, de 33 años. “No podemos quedarnos callados. Hay que llenar las calles”.

Screen Shot 2014-12-23 at 7.49.02 AMCon información de Afonso Benites, Maria Martin y Marina Rossi

País São Paulo 16 AGO 2015

Screen Shot 2015-08-16 at 7.06.23 PMLa metamorfosis del PT: del partido más amado, al más odiado

Cómo el PT dejó de ser el partido más aclamado de Brasil para convertirse en el blanco de las mayores protestas de la democracia

El 20 de junio de 2013 cientos de simpatizantes del Movimiento Pase Libre (MPL) tomaron la avenida Paulista, en São Paulo. Celebraban la caída del aumento en la tarifa del transporte público, una victoria de la ola de protestas que duró 13 días y se extendió por todo el país. Detrás de la masa iba un pequeño grupo de militantes del Partido de los Trabajadores (PT), que habían participado tímidamente en los actos, avergonzados por el aumento decretado en la ciudad por un alcalde del partido.

Al dar los primeros pasos, los militantes del PT fueron rodeados por hombres que se autodenominaban “antipartido”. Después de una discusión acalorada, agarraron la bandera roja del PT y la quemaron. En protesta contra el gesto, los simpatizantes del MPL se retiraron con los militantes del PT y las manifestaciones brasileñas, que aún se prolongaron durante semanas, pasaron a ser protagonizadas, aunque no exclusivamente, por un grupo más conservador, el mismo que este domingo exigirá la destitución de la presidenta Dilma Rousseff.

La batalla en la avenida Paulista fue simbólica, pero demostró que el PT ha perdido su puesto como líder de las movilizaciones populares que había conquistado en las décadas de los 80 y los 90. Acosado por denuncias de corrupción, el PT ve ahora un discurso de odio en las calles pidiendo la salida de Rousseff a raíz de la crisis política y económica. El desempleo y la inflación crecientes aumentaron la decepción de los brasileños con el partido, que ya era alta desde que las investigaciones sobre el caso de corrupción en Petrobras destaparan una trama de sobornos y desvíos que ha llevado a la cárcel a una de sus figuras míticas, el exministro José Dirceu, y al extesorero nacional João Vaccari Neto.

Una caída al infierno después de años de luna de miel con la población. En marzo de 2013, tres meses antes de las primeras protestas multitudinarias que llamaron la atención del mundo, el PT era la formación preferida de un 29% de los entrevistados por el Instituto Datafolha. El Gobierno de Rousseff también navegaba con marea a favor: era considerado excelente o bueno por un 65% de las personas entrevistadas, un índice apalancado por los programas sociales, como Bolsa Familia, y por los índices positivos de la economía.

Screen Shot 2015-08-16 at 7.10.15 PMSin embargo, este mes, cuando el instituto dio a conocer su última encuesta sobre la popularidad de las formaciones políticas, solo un 9% de los brasileños afirmaron que preferían el PT, que todavía llevaba la delantera, aunque pegado a siglas identificadas con el conservadurismo, como el Partido Movimiento Democrático Brasileño (representado por el vicepresidente de Rousseff, Michel Temer) y el Partido de la Social Democracia de Brasil (del expresidente Fernando Henrique Cardoso), ambos con un 6% de las preferencias, un nivel similar al que mantienen desde 1989.

El apoyo al PT de hoy es prácticamente igual al del Gobierno Rousseff, considerado bueno o excelente por apenas 8% de los brasileños, según las últimas encuestas, un rechazo récord desde la redemocratización brasileña en 1985. La crisis económica por la que pasa Brasil, que perjudica principalmente a los mas pobres, obligó a Rousseff a entrar en la ruta de las políticas de austeridad similar a la aplicada – y criticada varias veces en el pasado por la mandataria – en la Eurozona después de 2009. “El PT, que surgió como el partido de los pobres, de la ética y de las transformaciones sociales, abandonó esos propósitos al llegar al poder, en 2003”, afirma Frei Betto, uno de los fundadores del partido, amigo de Lula y coordinador, durante el primer Gobierno del PT, del programa Fome Zero, embrión de Bolsa Familia, el sistema de ayudas económicas para ciudadanos con pocos ingresos . “El PT se alejó de sus bases y adoptó una política de consumismo populista, en vez de promover su objetivo de organizar a la clase trabajadora”, añade.

Al suceder a Lula en 2011, Rousseff trató de mantener la misma política económica, pero ‘estiró’ demasiado la cuerda, haciendo más gastos públicos de los que podía para que Brasil siguiera consumiendo y la economía, girando. Los efectos de este exceso de optimismo fueron visibles este año, cuando se instaló la desconfianza sobre la capacidad de Rousseff de manejar la economía. La mandataria se vio obligada a incorporar a su equipo a Joaquim Levy, un ministro de Economía más identificado con las políticas neoliberales, para promover el ajuste fiscal, una paradoja para los defensores de su Gobierno.

Si las denuncias de corrupción convirtieron al PT en blanco de sus opositores y movimientos de derecha, el ajuste de Levy, que promovió recortes de gastos y una alza de impuestos y tarifas públicas, sonó como una traición para los partidarios del partido.

Como un último suspiro de confianza y ante lo que creen que sea una amenaza mayor, un frente de la izquierda formado por movimientos sociales y sindicatos promete volver a las calles el próximo día 20, cuatro días después de la movilización a favor de la destitución de la presidenta. Para evitar la vergüenza de que se les acuse de defender ciegamente al Gobierno, insisten en enfatizar que pedirán respeto a la democracia, pero también el fin del ajuste fiscal.