CRÓNICA – El pasado de Leira | La ruina china del marido de Manuela Carmena

MundoJAVIER G. NEGRE 22/06/2015

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Trabajó con Tierno y fue uno de los primeros arquitectos españoles en probar suerte en China
Tras unos años dorados, un proyecto fallido le llevó a la bancarrota, con un agujero de 3 millones

Carmena tuvo que pedir un crédito de medio millón para socorrerle

Eduardo Leira (71 años) es un hombre feliz. El marido de Manuela Carmena aparece a su encuentro con Crónica vestido con una camisa púrpura Podemos. Viene acalorado del metro pues no ha llegado en el flamante Lexus que manejaba cuando su empresa de arquitectura movía varios millones de euros al año. Ese vehículo de alta gama que algunos de sus extrabajadores le recriminaron cuando le denunciaron por impago. Este asunto fue utilizado durante la campaña para minar las posibilidades de la one girl de Podemos de conquistar la alcaldía de Madrid. Esos chicos no cobraron porque nuestro proyecto estrella en China se cayó. Perdimos todos, reconoce Leira. Su sueño de triunfar en el gigante asiático le llevó a la bancarrota. Hasta el punto de que Carmena tuvo que solicitar un crédito bancario de medio millón de euros para ayudarle a sobrevivir a las deudas de su empresa, que ascienden a los tres millones de euros.

La aventura china de Leira comenzó en junio de 2001. Su estudio I3 consultores era uno de los más exitosos de este país y se encontraba inmerso en el desarrollo de uno de los centros comerciales más grandes de España, el Boulevard de Vitoria. Leira venía avalado por la fama de haber sido el director de la Oficina Municipal del Plan General de Madrid promovido por el alcalde Tierno Galván. Le sobraba el trabajo, pero Leira quería más. Fue entonces cuando aceptó el ofrecimiento de un amigo de probar suerte en China. En unos años en los que no muchos españoles habían apostado por aquel país. Su primer destino, la isla de Hainan, el Caribe chino. “Ahora todo el mundo ve China como un país de oportunidad, pero cuando yo fui no. Un amigo, el gerente de una empresa catalana que estaba haciendo invernaderos allí, me dice que el Ayuntamiento de Sanya les había pedido que le presentasen un proyecto para los márgenes de los ríos. Necesitaban un arquitecto y pensaron en mí”, cuenta.

Screen Shot 2015-06-22 at 9.01.34 AMLeira no se lo pensó dos veces y viajó hasta allí. El secretario del partido comunista, que es quien gobierna en la sombra el Consistorio de Sanya, le citó a las ocho de la mañana en un lujoso salón. Siguiendo el protocolo, le sirvieron té. La reunión se prolongó hasta la hora de comer, pero el jefe del partido le volvió a convocar a las siete de la tarde en el salón de actos del Ayuntamiento. Estaba a rebosar. En primera fila se encontraban los cuadros políticos y el alcalde de la ciudad. Le pidieron que mostrase las imágenes del proyecto. Un traductor las iba explicando. Su ponencia acabó y el secretario del partido subió al estrado para arengar a las masas. “Sacó el cuadernito rojo como el de Mao y les echó un mitin a todos diciéndoles que había que abrir las mentes a nuevas cosas como las que yo traía”. Al término del acto le ofrecieron un banquete de serpiente. Piel, carne y tostadas para untar. “No me gustó”, cuenta.

La comitiva china organizó 15 días después un desplazamiento a Madrid. “Me dijeron que querían visitar mi casa, el Palacio Real y El Corte Inglés. Ahora prefieren Las Rozas Village”, afirma. Aquel proyecto fluvial quedó en nada, pero le fueron invitando a otros concursos. En 2002 ganaron uno para desarrollar el plan estratégico de Sanya. Facturaron 380.000 euros. En 2003 llegaría el proyecto de ordenación marítima de la ciudad de Haikou. Otros 380.000 euros. Aquello funcionaba y parecía que Leira había sido tocado por el gato chino de la suerte. Era tal su popularidad en la isla de Hainan que en 2004 el gobernador le dio una condecoración reconociendo su gran contribución a la reconstrucción de la zona. Maldito aquel día pues desde aquel momento todo comenzó a irle mal en Asia.

Meses después de aquel homenaje, ganó un concurso para desarrollar en Haikou el proyecto conceptual de un resort turístico. Le gustó tanto a los propietarios del hotel que le encomendaron el proyecto básico (necesario para conseguir la licencia en el Ayuntamiento) junto a otro estudio chino. Firmaron todos un contrato, pero la otra empresa asiática le hizo la trece-catorce al día siguiente. Sus responsables tuvieron una reunión con los promotores del hotel y les dijeron que no necesitaban contar con la compañía española para desarrollar el trabajo. “Les dijeron que si a ellos les había gustado el proyecto conceptual que se lo hacían exactamente igual. Que no no nos necesitaban para nada. Y nos quitaron el proyecto después de firmado”, explica Leira, que decidió no denunciar a los promotores. “Nos dijeron que al cabo de los años podríamos conseguir algún tipo de indemnización, pero que quedaríamos muy marcados para seguir trabajando en China”, aclara.

Fue tal “el palo” que en 2010 decidió probar suerte en otra área en expansión de China. Su destino: Tianjin, una ciudad marítima ubicada a 150 kilómetros de Pekín. A Leira se le encendió la bombilla nada más pisar el terreno. Pensé en crear un parque empresarial en China para pymes europeas que quisieran instalarse allí. Se trataba de ofrecer a las empresas todo lo necesario. Ese parque avanzado iba a tener colegio para los niños, casas para los expatriados, hoteles, centros de formación para obreros. Era el gran proyecto de mi vida, 1.200 millones de euros de inversión, recuerda Leira, que encontró un grupo europeo-americano para financiar su sueño.

Leira contrató a un bufete de abogados alemán para redactar el contrato de compra del suelo. Eran 600 hectáreas para 3.000 compañías. El arquitecto comenzó a trasladar personal, recursos… para llegar a una inversión de dos millones. Pero los costes se dispararon y el grupo inversor le cerró el grifo. Leira estaba ya tan endeudado con los bancos que no consiguió más créditos.

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Su única salvación era que saliesen adelante dos proyectos en Angola. Los firmó, pero no vio ni un duro. “Invertí más dinero para conseguirlos, pero no me los pagaron. Sólo me invitaron a comer”, dice. Su empresa se fue al garete (está en concurso de acreedores) y sus trabajadores le denunciaron tal y como se conoció en la campaña. Aquello no le pasó factura a Carmena, pero Leira lo pasó mal. “No pensé que la campaña pudiese ser tan agresiva”, cuenta Leira, agradecido a la regidora. Por el amor que le da y porque solicitó un crédito de medio millón de euros para sacarle de la quiebra. La buena de Carmena tuvo que vender varias propiedades para saldar su deuda bancaria. Ha llegado al Consistorio con saldo positivo.