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De la política AMÉRICO MARTÍN

TalCual Sábado 12 de Octubre de 2013

Screen Shot 2013-10-12 at 7.37.58 AMLes horroriza la información independiente. No soportan que la gente exponga libremente su insatisfacción frente a una gestión extremadamente deplorable. No tienen amplitud para entender que el pueblo reacciona tarde o temprano cuando se le despoja de derechos que obtuvo con sangre, corazón y peligro. Han perdido los valores, renunciaron a la convivencia, carecen de convicciones. Juegan con las palabras como globos de colores que flotan en el aire.

El caso es que en este momento es la espontánea protesta de sectores cada vez más extendidos del país lo que está marcando la pauta. El fenómeno es tan profundo, tan genuino, tan inescrutable que tanto el Gobierno como varios núcleos de la disidencia no entienden su naturaleza ni saben cómo enfrentarlo. Aquellos reaccionan con rabia y violencia balbuciendo incoherencias y entregando la dirección y ejecución de los operativos a militares y grupos armados de índole fascista.

¿Lo ven? ¡Son los rostros del golpe, del magnicidio, el sabotaje emanado de los laboratorios imperiales y derechistas! En fin, es la oposición la que incansablemente maneja las quejas populares en todo el país.

Pero en la acera disidente, muchos más bien creen lo contrario: ¿Se dan cuenta? ­se quejan- los líderes de la oposición pactaron secretamente con el Gobierno, le temen a la calle, se obsesionan con las elecciones sin exigir un nuevo árbitro. Lo que soy yo ­se les oye decir- no me prestaré al juego electoral. No votaré porque no me dejo manipular por el señor Maduro. Es verdad, están decididos a suicidarse por temor a que posiblemente los maten.

El éxito que le reconozco al difunto presidente es precisamente ese: sus seguidores de las esferas dirigentes y una parte de sus opositores ven la vida y hablan como lo hacía él. Un mundo dividido en dos. Un país separado por un caudaloso río de sangre, como dijera Danton en momentos febriles de la revolución francesa. Un maniqueísmo absurdo que no oculta su temor al diálogo franco entre las partes y dispara al bulto sin distinguir matices, sin abrir y defender espacios. Suponen que la verdad está, toda ella, de un solo lado y quien piense distinto es un truhán al servicio de las peores causas.

Bloquean la entrada del arte de la política y de la diplomacia que tantas veces ha salvado a la humanidad del desastre.

Odian a políticos y parlamentarios que discuten, sonríen y al final se entienden, si ese es el caso. Esta visión ávida, de Neanderthal atemorizado, solo puede traerle desgracias a Venezuela y el mundo.

Si el escandaloso deterioro de la economía y de la calidad de vida siguen su marcha, el resultado no va a gustarle ni siquiera a los mejores defensores de la mano dura y de buscar salidas extremas.

Renunciar a la política y la lucha social para entregar el destino a los militares es lo que viene haciendo el cercado gobierno de Maduro y lo que tienta a algunos ansiosos opositores.

Debo confesar que me sorprendió la forma como la cumbre del poder intentó maliciosamente interpretar el atraco común al ministro Samán cual si se tratara de un atentado terrorista organizado por la oposición. Lamenté que un hecho tan obviamente causado por la desbordada delincuencia fuera miserablemente usado para atacar a la oposición. Con estas acusaciones tan manifiestamente falaces, el odio infantil lleva a gente del gobierno a abalanzarse cuchillo en boca contra la mitad o más del país, y a decretar la impunidad de los atracadores Para explicar con incierta solvencia conductas tan aberradas, el Gobierno de Maduro se prodiga en falacias. Su lenguaje es típico de la logomaquia: las palabras nada tienen que ver con la realidad, la retórica vacía y sonora nunca ocupará el espacio de la verdad. Aniquilar a millones de críticos solo puede provocar resultados escandalosos. El Gobierno quiere pero no puede declarar no-personas a varios millones de personas que aman su país, no lo abandonarán y lo defenderán firmemente. Insistir en un camino como ese, cuando se hacen visibles el naufragio de la economía y las contradicciones en el seno del régimen, es poco menos que un suicidio.

Sobre todo no entienden el significado de la política. La medida de su éxito reside en la posibilidad de mover a la mayoría hacia el objetivo posible con mínimo costo en víctimas y ruina económica.

Daré dos ejemplos extraídos de la historia que no entran en estas duras cabezas. El moribundo rey Enrique IV aconseja a su hijo y sucesor que envíe a los espíritus inquietos a defender la dulce Inglaterra. Envueltos en esa causa no preguntarán demasiado sobre las fallas de tu gobierno. El otro ejemplo es, quizá, más apropiado. Harum al Raschid, el califa abasia, extendió su luminoso imperio a los confines de India y China por el este y del Magreb y España por el oeste.

Al otro lado del Mediterráneo Carlomagno conducía el poderoso imperio romano germánico. Harum pudo competir con él, disputarle territorios, insultarlo e infamarlo. Como no era bruto, prefirió conservar un estado de convivencia y se permitió un gesto digno de su riqueza interior. Le envió al emperador europeo un presente inolvidable: las llaves del santo sepulcro.

Son actos eficaces de la vilipendiada política, propios de la parte humana del animal y no de la parte animal del humano.