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Descubierto un Van Gogh de su serie floral -El País ISABEL FERRER La Haya 9 SEP 2013

El museo Van Gogh de Ámsterdam ha descubierto un nuevo cuadro del artista, pintado en Arlés en 1888. En 1991, la sala lo consideró falso

Puesta de sol en Montmajour es el título de todo un nuevo hito en la historia del arte: el materializado en esta tela pintada en 1888 por Vincent van Gogh y presentada hoy por los responsables del museo Van Gogh de Ámsterdam con honores de verdadero bombazo informativo.

Ejecutada durante la estancia del artista en la ciudad francesa de Arlés, la pintura tiene una historia particular. Si bien pertenece a la misma época de Los girasoles, La casa amarilla y La habitación del artista, tres piezas clave en la trayectoria del loco del pelo rojo, su rastro se perdió tras su venta, en 1901, al marchante galo Maurice Fabre. En 1970, el coleccionista noruego Christian Mustad lo arrumbó enfurecido en el ático cuando un rival le convenció de que no valía nada. En 1991 llegó a manos del museo para su análisis, pero los expertos no pudieron confirmar la autoría. Oficialmente, se trataba de “un falso van gogh”. Hace dos años, el nuevo dueño insistió, y su perseverancia ha sido recompensada. Ha conseguido un sueño, porque la mejora de las técnicas de análisis pictórico ha permitido la atribución de una tela sin firma. Consecuencia: su valor se ha multiplicado.

Los directivos del museo ya se han apresurado a declarar que —teniendo en cuenta que no ha habido hallazgos de nuevos van goghs desde 1928— un descubrimiento de este calibre no se recuerda en la historia del centro, abierto en 1973.

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Puesta de sol en Montmajour es una obra grande, de 93,3 x 73,3 centímetros. “Es una rareza poder añadir un nuevo título al catálogo del artista”, dijo Axel Rüger, director del museo, al mostrar el lienzo. El centro, experto en encontrar nuevos ángulos a la marca Van Gogh, preparó la presentación con cuidado. Incluso reforzó la intriga cubriendo la obra con una tela. Como si estuviera aún en el taller del pintor.

Al contrario que sus colegas del Siglo de Oro, en especial Rembrandt, su maestro y modelo, el impresionista holandés no tuvo alumnos. Solía firmar además casi toda su producción y no ha sufrido problemas de atribución. A la hora de rastrear su trayectoria, además, las cartas remitidas a su hermano Theo y sus cuadernos de apuntes son una guía fiable. Aún así, se precisan pruebas científicas concretas para aceptar una autoría que puede aupar, o hundir, una subasta. Así que el museo encargó a dos de sus especialistas un estudio exhaustivo. Tras dos años de observar meticulosamente el estilo y analizar la pintura utilizada, colores, tipo de lienzo y su preparación, además del material epistolar, Louis van Tilborgh y Teio Meedendorp han concluido que sí, que se trata de un Van Gogh por todo lo anterior y “por las similitudes con otros cuadros del aquel verano de 1888”, aseguran.

“En las notas enviadas a Theo entonces, Vincent asegura que es un cuadro malogrado, tal vez porque combina trazos fuertes con zonas menos conseguidas. Se puede comparar con Las rocas de Montmajour con pinos (a lápiz, pluma y tinta), propiedad del museo de Arte Moderno de Houston, en el mismo paraje y de la misma época”, explican los autores del estudio.

Momento en que se dio a conocer Puesta de sol en Mont Majour’, el nuevo cuadro descubierto de Van Gogh. / AFP

La correspondencia del pintor holandés es esencial para comprenderle. Entre 1872 y 1890 envió más de 600 cartas a su hermano Theo. De este último se conservan 40. Vincent no solo detallaba sus planes. Añadía dibujos, a veces a color, de las obras que esperaba crear. En sendas misivas le habló de un lugar nuevo, pleno de vegetación. Montmajour era un paraje cercano a Arlés, adornado con las ruinas de una abadía, que visitaba en busca de inspiración. “La luz del sol parece una lluvia dorada. No sorprendería ver aparecer caballeros y damas de vuelta de cazar con halcones. O bien oír la voz de un viejo trovador provenzal. Los campos parecen púrpura; el horizonte, azul”, escribió.

Pero Vincent van Gogh se pegó un tiro en 1890 en un trigal de otra localidad francesa, Auvers-sur-Oise, y dejó una habitación abarrotada: en 70 días pintó casi 70 lienzos. Poco después del tiro falleció en brazos de Theo, que dijo algo tremendo: “Esta tristeza durará siempre”. A continuación, guardó toda la producción de su hermano en su tienda de marchante de arte. En 1901 el paisaje ahora renacido fue comprado, detalle muy significativo en la trayectoria de Van Gogh.

Van Gogh nunca estaba satisfecho con sus obras. Aparte de sus achaques físicos, diagnosticados con profusión y que oscilan entre epilepsia, esquizofrenia, sífilis y vértigo, su oficio se le resistía. La perspectiva no era su fuerte, le costó meses lograr figuras proporcionadas y deseaba dotar a sus paisajes de la poesía de la naturaleza, el paraíso buscado en su fallida etapa como predicador calvinista, y al que dedicó casi toda su obra final.

“La tensión entre el drama personal y la realidad dota a este y a otros cuadros del mismo periodo de un encanto y un valor que él no vio. Tal vez los considerara inferiores, cuando hoy les damos más valor. Luego se lanzó a pintar con muchas más capas y su famoso empaste. Por otro lado, la puesta de sol nos ha permitido valorar mejor los dibujos a lápiz hechos una semana después de haberla concluido”, según la pareja de estudiosos. El 24 de septiembre, Puesta de sol en Montmajour será expuesto al público en Ámsterdam.