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DESDE EL PRINCIPIO Alucinaciones kirchneristas AMÉRICO MARTÍN
Sábado 02 de Noviembre de 2013  |  TalCual

Se ha dicho, señores, que soy un enemigo de los capitales y, si ustedes observan, no encontrarán ningún defensor más decidido que yo de los intereses de los hombres de negocios Juan Domingo Perón, 25 de agosto, 1944 

Screen Shot 2013-11-03 at 4.12.47 AMLas elecciones legislativas del pasado domingo han anunciado el desasimiento administrativo del kirchnerismo. Algunos se apresuran a aclarar que el epitafio de Néstor y Cristina no arrastra en su previsible caída al movimiento fundado por Juan Domingo. Pontificaba Perón en Argentina desde la cartera ministerial de Trabajo y Previsión de un gobierno militar fuertemente influido por el nazi-fascismo. Pero ojo, tomemos esto con algodones, porque si bien este grupo de militares complotistas amaba a Hitler y Mussolini, el brillante coronel Perón se amaba más a sí mismo y su ambición no le cabía en el cuerpo.

La célebre pareja que puede estar pasando a la historia se asumía peronista y abusaba mañosamente de no pocos de los símbolos de los padres fundadores, Perón y Eva. Cristina, tan histriónica como Evita, carece sin embargo de aquella sensibilidad extrahumana y melodramática que hizo de Eva la madre de los descamisados y cabecitas negras de la nación, y la mejor intérprete de lo que en honor a su marido los analistas del mundo bautizaron con el nombre de “populismo”.

Interminables listas de menesterosos reales o fingidos desfilan frente a la Fundación Eva Perón. Van a pedir y a recibir.

La esposa del mandamás se siembra en la Fundación. Personalmente oye, sin cansarse, a su devoto pueblo.

¿Y usted que necesita? ­¿Yo?, un colchón para no seguir durmiendo en el suelo.

Muy bien aquí lo tiene. ¿Pero no cree que le falta algo? ­No, no quiero abusar.

Muy considerado de su parte, pero ordeno que se le entregue una buena cama para que tenga donde poner el colchón.

Dar más de lo que piden, alimentar el consumo hasta el fin de los tiempos y reírse de lo que los especialistas llaman “inflación”, es la manifestación visible del populismo. La menos visible es gastar mucho más de lo que ingresa y hacerlo en bienes no reproductivos. Pan para hoy, hambre para mañana.

Desde la Secretaría del Trabajo, Perón conoció a los líderes sindicales y calibró el enorme potencial de los trabajadores de Argentina, a la sazón disparada al desarrollo industrial. Sin pensarlo dos veces, dividiendo y otorgando se hizo casi eternamente del gran movimiento obrero sureño. La legislación social peronista será modelo de las aplicadas por la socialdemocracia de América y se reflejará en la avanzada Constitución dictada por la Constituyente presidida por Andrés Eloy Blanco en 1947. Firmenich, líder sindical ferroviario, le calzó el título de “Primer Trabajador”.

¡Perón, Perón! ­¡Qué grande sos! ­¡Sos el Primer ­Traaabajador! ¿Y qué faltaba para dar luz al justicialismo peronista? Que nadie responda: una ideología. Para nada. Hubiera sido un obstáculo al pragmatismo del general Perón. Ese flanco se cubriría con una retórica parecida a ideología, que no fuera más que palabras danzantes al son que le toquen.

Solo faltaba el absolutismo, la dictadura. El cesarismo popular centrado en la divinización de Perón y de una esposa algo cursi pero entregada a sus queridos descamisados.

La fórmula acuñada por Perón para el servicio de sus epígonos argentinos y latinoamericanos se resume pues así: populismo extremo, retórica hueca, pragmatismo sin límites y dictadura militar sancionada por la Constitución.

El tiempo se encargó de desgastarla, pero como el recuerdo de Perón no se iba del corazón del pueblo, los líderes del Justicialismo, asumiéndose legatarios del Primer Trabajador, ganaron sucesivas elecciones, pero claro, no para repetir la descabellada gestión del fundador. Dejaron sin embargo un vago desengaño no obstante agenciarse desde el poder corrientes propias asentadas en el légamo original.

Después del ciclo dictatorial argentino, en medio de una crisis brutal y la renuencia de Alfonsín a concluir su segundo período, los peronistas que gobernaron antes del aterrizaje exitoso de Néstor Kirchner, tuvieron vuelo propio. Menem y Duhalde. El primero pareció superar la crisis económica atado al muy poco prestigiado Consenso de Washington. La tormenta social amenazó convertirse en guerra civil.

Cristina ha sufrido un gravísimo traspié en las elecciones legislativas. Perdió la mitad de los votos que le dieron la Presidencia en 2011. En el horizonte se levanta Sergio Massa, peronista solo de nombre, porque de otra manera perdería toda opción presidencial. No es imposible que reagrupe la disidencia kirchnerista y arrastre otros sectores, si supera a Maccri, cuyo crecimiento nada le debe al general Perón ni a ninguno de sus sucesores.

Cristina deberá responsabilizarse por los dos muy complicados años que le faltan, sin mayoría parlamentaria y con su popularidad desplomándose.

La proyección internacional de esta derrota incidirá en la degradación del neoperonismo, simbolizado en los países de la ALBA y sobre todo en Venezuela, cuyo destino parece en juego como lo está el kirchnerismo. ¿Son casuales la visible debacle de los regímenes de los sucesores de Néstor y Hugo? Se vienen produciendo cambios notables en la Región que nos hablan de nuevos polos emergentes y de cambios políticos. Basta escuchar al pensamiento anacrónico llamar “neoliberal” a Bachelet, cuya victoria electoral está cantada.

Si Venezuela, bastión económico de la ALBA, marcha enloquecida hacia la derrota, la vieja fórmula peronista que originalmente se veneraba en Argentina será sepultada en el único país que insistía en aplicarla.

Populismo vehemente, ideología retórica y hueca, estatismo agobiante y absolutismo a paso militar.

¡Ay Perón! ¡Qué grande y Maduro sos! @AmericoMartin