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DESDE EL PRINCIPIO Arte y ciencia AMÉRICO MARTÍN
Sábado 18 de Enero de 2014  |  TalCual

Screen Shot 2014-01-19 at 10.25.52 AM“Stalin perdió toda noción de realidad. Arrogante, desconfiado, brutal, inventaba conspiraciones, tomaba decisiones económicas catastróficas, forjaba teorías demenciales sobre la inevitabilidad de la guerra.”NS Jruschov, 1956

Salvo los momentos de guerra -breves estornudos que por lo general terminan en diálogos o los preparan- la condición normal del animal humano es el intercambio pacífico, trátese de comercio, política, amor, amistad o regularización de la enemistad. “Intercambio pacífico” es “diálogo”.

No tiene gracia limitarlo a los amigos ­suponiendo que los tenga- como postula desde la penumbra el inefable Diosdado Cabello. Gracia es referirlo a quienes piensan distinto, desde los enemigos más encarnizados hasta los más tibios. Visto en términos de la Historia, tuvo trascendencia que Churchill y Roosevelt forjaran una sólida relación pero más la tuvo que se entendieran con Stalin, pese a considerarlo el demonio mismo. Bien valía aliarse con el impío para combatir otro monstruo, más inminente. Esa manera flexible de desenvolverse en la vida es lo que ha evitado el colapso de la Humanidad. En ella reside la vital importancia de la Política como ciencia y arte. Sí, como ciencia, “ciencia del gobierno”, la definía Emile Littré en 1870 y como arte de eso, “del gobierno”, Paul Robert, 92 años después. ¡Y tan fácil que es darle la razón a los dos! La reunión de alcaldes y gobernador en el Zulia para enfrentar el drama nacional de la inseguridad es positiva y demuestra la inevitabilidad del diálogo. Pero aún si esa apertura se contagiara al resto del país, habría que ir más al fondo. Los problemas en que el sedicente gobierno bolivariano ha metido a los venezolanos rayan en el apocalipsis. Si Miraflores ordenara vaciar las cárceles de presos políticos y el regreso de los exiliados daría un paso adelante. Pero se necesita más, comenzando por un cambio considerable del modelo que con tan mal resultado ha pretendido imponerle al país, sin percatarse que hasta en Cuba están tratando desesperadamente de dejarlo atrás.

Tender la mano para actuar sobre los efectos sería arte, pero la solución de fondo pasa por construir un modelo plural, democrático y productivo lo que ya sería ciencia política. Y, caramba, arte sin ciencia no resuelve nada. La ausencia de los dos, menos que nada.

El gobierno está en el subsuelo; en el tétrico año que se inicia los conflictos lo desbordarán. ¡Ah los conflictos! Hay quienes se habitúan al establishment confirmando la satánica banalidad del mal de la que habló Hanna Arendt. El animal humano tiene una agónica capacidad de adaptación.

Manipularla es arma demoledora del totalitarismo. Acostumbrarse a Hitler era algo inimaginable.

Afortunadamente en la actualidad rige una ley de acero: la productividad. Es el tema decidendum en los conglomerados democráticos, convencidos de que sin producción ni libertad los gastos desmedidos se devolverán como una tormenta negra contra sus ilusos beneficiarios. Si entre la inflación y la improductividad siguen pulverizando el dinero, imagínense ustedes.

Perdido en las nebulosas, Maduro perora sobre grandes obras que nadie ve.

Vieja costumbre inflada de estalinismo.

En una aldea soviética se extrañaban de no encontrar la represa que el Politburó decía haber construido en ese lugar. Con fe militante les respondieron: desde aquí no la verán ustedes, pero desde la Torre del Kremlin se divisa claramente. Desde la de Miraflores, Maduro ve crecer las obras de su agobiada imaginación.

El obstáculo supremo es un pueril postulado estalinista sembrado en las entrañas del gobierno. Para semejante postulado la lucha de clases se exacerba mientras avanza y en consecuencia para alcanzar la máxima facilidad hay que aniquilar al contrario. Como no vivimos en la guerra fría de los años 1950 y en casi todo el mundo, así sea adornado de hipocresía, rige un ordenamiento basado en el respeto a los derechos humanos, resulta difícil consolidar dictaduras a la antigua.

Regímenes como los de Pérez Jiménez o Pinochet no durarían lo que un caramelo a la puerta de una escuela.

No les queda sino encubrir los abusos autocráticos con raídas vestiduras constitucionales. En tal esquema no cabe diálogo alguno. La lucha es a muerte, de pobres contra ricos. No me pregunten por qué los más ricos, los del gobierno, son los que dicen representar a los pobres.

Es lo que farfulla Diosdado, quien en su vida no se habrá leído un libro completo pero oía arrobado al caudillo despotricar contra fascistas y burgueses. En esa religión se formó. Venezuela ­dicho sin hipérboles- vivirá un infierno en el lúgubre año que comienza. Para afrontarlo, lo lógico sería reunir al país y eso pide un diálogo sin renuncias banderizas. 80% de la opinión nacional lo entiende así pero ahí es donde el gobierno exhibe su anatómica debilidad, acentuada por los resultados electorales de diciembre.

3 En el oficialismo brotan tres posiciones. Los gobernadores del Táchira y Zulia convocaron a todos los alcaldes, aparentemente sin dividirlos en bandos enfrentados, para caerle a problemas agudos. Con timidez, Maduro dialogó también con los alcaldes de oposición, pero Cabello lo paró en seco: “¿Diálogo con los fascistas y burgueses? ¡Jamás!” Ese desplante, precedido de su reelección como presidente de la AN, revela que el jaqueado gobierno no puede contenerlo. Con Cabello y los suyos atrincherados en el poder, el país se meterá en el huracán sin casco protector, y el deseo de cambio será clamoroso. A esta gente se la tragará el sumidero estanflacionario.

Unidad opositora, diálogo y profundo cambio democrático son ­recordemos al gran Víctor Hugo- las ideas a las que les habrá llegado su momento.