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DESDE EL PRINCIPIO De botas claveteadas AMÉRICO MARTÍN | TalCual Sábado 7 de Septiembre de 2013

Screen Shot 2013-09-07 at 8.51.04 AMDe Havel he rescatado sus llamativas referencias a lo que fue el totalitarismo impuesto por el partido comunista de Checoslovaquia: un régimen absolutista cruelmente represivo pero, en cierto momento, dado a encubrir sus actos haciendo perversamente del conflicto, consenso. 

La “domesticación” del fuero interno se proponía acostumbrar a la gente a vivir en la mentira. No se pedía propiamente creer en ella, claro que no, pero se buscaba que el ciudadano corriente aceptara la falacia y terminara tolerándola como parte imborrable del paisaje.

-El hombre no está de ninguna manera obligado a creer en las justificaciones del poder ­precisaba Havel- pero debe comportarse como si las creyera, o cuando menos tolerarlas en silencio.

De esa manera, me permito acotar, uno puede encajar en la abrupta realidad, convivir con los gobernantes y sus cancerberos, vivir la mentira, sin considerarse un mentiroso.

-La mentira y el homicidio impersonales ­insistía Havel- son dos géneros del arte político que los Estados totalitarios manejan perfectamente

2 Hace años, cuando ambos estábamos en la oposición, le escuché decir a José Vicente Rangel que todos los gobiernos mienten.

Apotegma que habrá confirmado cuando, integrado al movimiento chavista, se convirtió en alto funcionario de un gobierno aficionado como pocos a mentir. Sobre todo bajo el mando de Nicolás Maduro.

Una idea complementaria fue aportada por muchos intelectuales de la disidencia de la Europa del este, dominada por el implacable oso soviético. Es la absorbente supremacía de la ideología como mentira institucionalizada, para lo cual necesita destruir la memoria histórica y crear otra destinada a reconcebir el pasado cual fase necesaria del triunfo de la revolución. Aniquilar la memoria, manipular la información.

Hasta fines de la década de 1980 la base de la estabilidad del sistema totalitario residía en la aceptación resignada de su dominio. Parecía imposible vencer aquella formidable máquina de poder y por lo tanto lo procedente sería habituarse a vivir en la mentira.

Por eso la perseverancia democrática fue generosamente premiada y tenaces luchadores como los muchos Havel del mundo oprimido por el fascismo de nazis y soviéticos, terminaron al frente de sus países en tiempos de democracia y libertad.

Convengamos en que las mentiras proferidas por el bloque político dominante en Venezuela, son alto más toscas, el estilo es más vil, despreciable o rahez.

Pero eso tiene, a mi juicio, una direccionalidad política. El grueso de la oposición ha hecho del reencuentro, el pluralismo, el respeto a la opinión ajena y el voto popular, el eje de su política. Y ha sido así porque semejantes rasgos son de la esencia de la democracia. Si un grupo en el poder ­como ocurre en Venezuelatrata de avasallar los espacios proscribiendo cualquier vestigio de disidencia, lógicamente estará constitucionalmente negado al diálogo, así eso le depare un agravamiento de problemas ya intolerables que podrían ser mejor resueltos en el marco de coincidencias mínimas.

3 La diferencia entre estas prácticas de vocación totalitaria y las exhibidas por el sovieto-nazismo nace de la fuerza del contrapeso democrático; y de la severa crisis venezolana que amenaza con provocar un colosal naufragio. Aprovechando lo que se le da para crecer, la oposición ha logrado comunicarle al mundo que el país está partido en dos mitades. Después de 14 años de férreo control, el régimen no puede impedir el crecimiento de la alternativa democrática, sobre todo desde que ésta se ha esmerado en aprovechar al máximo las confrontaciones electorales, por muy ventajistas y fraudulentas que puedan ser las condiciones.

Por eso la falacia no se propone lograr que la gente se habitúe a vivir en la mentira, aunque algunos honestos opositores, arrastrados por la angustia, la hayan emprendido contra su propia causa. Fuego amigo, menos abrasador por cierto que el de la acera gubernamental, atizado por la debilidad del madurismo, el agravamiento de la crisis económica y hundimiento del nivel de vida.

El reto del 8 de diciembre está a la vista. Se espera un sólido voto castigo que dejaría en claro dónde está ahora la mayoría.

Embriagado de cómicos magnicidios y conspiraciones, el poder habla de intenciones de retaliación en la alternativa democrática. Asusta a sus seguidores con pueriles cuentos de venganza.

El vasto apagón que dejó en tinieblas a dos tercios del país ofrece una deplorable muestra del fracaso, la desesperación y la impotencia del gobierno. Sus miedos lo indujeron a militarizar las plantas eléctricas. Por no aceptar la dura verdad, apelaron a la fantasía del manido sabotaje opositor olvidando que fueron ellos los que pusieron todo el dispositivo bajo mando militar.

¡Caramba señores! Más les vale que nadie se trague ese cuento. No quiere uno escuchar el choque de botas claveteadas y el enérgico saludo de manos junto a la visera.