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DESDE EL PRINCIPIO Del culto a la persona AMÉRICO MARTÍN | TalCual Sábado 21 de Septiembre de 2013

Screen Shot 2013-09-21 at 8.32.48 AM1 El poder triunfó. Su control sobre la sociedad y el individuo es absoluto. No queda ni el recuerdo de lo que sea el ámbito de la intimidad personal. La Policía del Pensamiento observa cada uno de tus pasos y sentimientos más reservados. Puede acusarte sin sentirse obligada a probar nada porque acusar es condenar. Una sospecha contra ti es un boleto de viaje a la muerte o a la más insondable degradación. Hay un enorme Ministerio destinado a cambiar la historia, borrar la memoria y reescribirla como eslabón del proceso revolucionario dirigido por el caudillo, el Gran Hermano. Los textos educativos son reescritos para enaltecer al victorioso héroe trasmutado en deidad. Se reeditan las viejas ediciones de los periódicos. Se eliminan del recuerdo los caídos en desgracia.

A cada momento se paralizan las actividades para corear “dos minutos de odio”.
Vayas donde vayas, en cada esquina, el Gran Hermano te sigue con la mirada.
Una advertencia gráfica. Debajo de sus ojos amenazantes, sus grandes mostachos.
George Orwell no da nombres en su obra aterradora, pero sabemos que se refiere a Stalin, el dueño de la vida y la muerte.
No hay un boceto más brutal de lo que sea el totalitarismo; más plástico, más impresionante. Y sin embargo un régimen como el expuesto por Orwell en 1984, su sombría novela, no existió nunca. Ni Hitler, ni Stalin.
El relato es una maqueta de matemática precisión, que al final solo será una aproximación, excelente o no, pero eso: una aproximación. No es perfecta por la resistencia de la realidad, las irregularidades, los accidentes.

La resistencia de la realidad en cada espacio disputado es la clave para revertir los avances totalitarios.

2 Pocos aprenden en la biografía de los demás. La condena del culto a Stalin marcó un sorprendente viraje cuyo destino final fue la muerte del totalitarismo soviético.

La insurgencia contra el estalinismo comenzó en 1956, en el XX Congreso del PCUS. Jruschov empuñaba la batuta. No cuestionó el sistema socialista pero desmontó la mítica figura del sacralizado dictador georgiano y acuñó el concepto de “culto a la persona”. Fue un escándalo, una proeza, un alivio. Dictó la nueva línea general del comunismo. Dictadura del partido, sí; endiosamiento y culto religioso a un líder, nunca más.

¿Nunca más? Cuatro años después de estos sucesos apareció Fidel, el ominoso culto en versión antillana. No obstante, quedó encerrado en las fronteras de Cuba hasta reproducirse cincuenta años más tarde en Venezuela. Los errores e inconsecuencias de las revoluciones leninistas del siglo XX resucitaron al conjuro del modelo de Chávez.

Ahora el horizonte se ha oscurecido con Fidel fuera del poder en una Cuba en desesperada búsqueda de salidas; y en Venezuela ­fallecido el caudillo- el bloque gobernante chapoteando en el fondo de una crisis cada vez más profunda. Desamparado, el gobierno ha preferido reconstruir el recuerdo del desaparecido líder, en lugar de imprimir un viraje de signo aperturista y mano tendida.

El culto toma entonces connotaciones mágico-religiosas. ¡Chávez vive!, repiten, con la esperanza de ser reconocidos albaceas testamentarios del caudillo.

Saben que no pueden continuar la demencial carrera hacia el abismo cavernario, pero biológicas necesidades los inducen a continuarla. Tantean a los odiados organismos financieros internacionales, entregan soberanía a su principal acreedor mundial, hablan en la sombra con los siniestros capitalistas, pero compensan esas señales con la retórica de las conspiraciones, los magnicidios, los desembarcos imperiales y el más burdo ventajismo electoral. También ellos piensan en el voto castigo. No les queda más recurso que atropellar los espacios de autonomía. ¡Soberbia contradicción! Abrir el puño e inmediatamente cerrarlo.

3 En política los tiempos son decisivos. Las críticas justificadas e injustificadas deben aplazarse o someterse a los retos históricos inminentes. Ante fuerzas lanzadas a copar la totalidad de los espacios y entrar en tu intimidad personal, renunciar a defender unidos cada pulgada de terreno equivale a suicidarse, aunque se esgrima el argumento de que se trata de un suicidio para evitar que lo maten a uno. Es decir, una muerte segura contra la conjetura de una muerte probable. La batalla es proteica. Está en todo. Concentrar el esfuerzo en un solitario y resonante acto de voluntad puede venirle bien al rival.

Cada confrontación electoral, pacífica, democrática, es de importancia extrema.

La del 8D lo es especialmente porque redistribuye el poder, afirma el crecimiento democrático y puede impactar al bloque gobernante, minado como está por la inanidad de las políticas del poder y la profundización de la crisis que sacude al país.

Los sucesores no pueden consolidar el modelo. Quisieran quizá reformarlo, pero el fundamentalismo endógeno impone la marcha fatídica. La fatalidad los lleva a destruir instituciones emanadas de largas luchas democráticas: libertad sindical, descentralización, autonomía universitaria, educación abierta a todas las corrientes del pensamiento. Y en su reverso: estatizaciones “ideológicas”, comunas y consejos autogestionarios, que cargan el fardo de una universal historia de fracasos.

Ingresan, también ellos, en las emociones íntimas elevando al cielo el culto a la persona. Los nuevos textos escolares son un
continuum de Bolívar a Chávez.

¿Qué quiere Maduro? Multiplica promesas que no honrará. Es la cuadratura del círculo. En sueños se sentirá salvador de la desintegrada sociedad, pero lo condena la contumacia fundamentalista y el cálculo de rivales internos.

¡Se es o no se es!, gritaba Marcos Vargas en la selva de Canaima. ¡Ser o no ser! repetía en su monólogo el príncipe que simulaba ser un enajenado mental y realmente lo era.

That’s the question.