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DESDE EL PRINCIPIO Los cristos del alma AMÉRICO MARTÍN

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Sábado 09 de Noviembre de 2013  |  TalCual

Difícil, complicado, condenadamente explosivo es el drama económico y social del país. Si en algún momento se han esperado medidas capaces de remover carnes muertas y descompuestas es éste. La política se ha universalizado. El más ajeno a este mágico oficio ha sido arrastrado por él. En las esquinas, puestos de venta, taxis, buses, Metro, hasta en actos recreativos o de evasión todos piden salidas, arriesgan propuestas, se quejan porque no aparecen soluciones drásticas. Los managers de tribuna se multiplican en protestas, descontento manifiesto. Mordidos por la crisis, han perdido la paciencia. Quieren decisiones viables ya, ahora. “Pa ´luego es tarde” me dice un hijo de madrileños que nunca ha ido a España.

El presidente Maduro, consciente del problema que debe afrontar, se jugó el crédito en la cadena del miércoles. El formato fue lo más amplio que podía esperarse de alguien que no conoce otro escenario que la Venezuela manchada de miedo y partida en dos campos enemigos. La presencia de gobernadores de oposición fue una sorpresa, digamos apropiada. Es el pequeño gesto que podía permitirse con gente a la que cubre habitualmente de insultos y calumnias infantiles, con frecuencia llorosas.

Pero “medidas”, lo que se llama “medidas”, no hubo. El formato anunció seis y en efecto Maduro se refirió a grandes propósitos, varios de los cuales son obvios: equilibrar la economía, levantar la producción.

En alguna otra puso la carreta delante de los bueyes: combatir masivamente la especulación sin entender ­porque el hombre no lo entiende y su entorno tampoco- que la inflación es el centro motor de la carestía trepidante y contra la cual no valen Mercales, controles de precios y de cambio o inflamados discursos patrióticos. La especulación es un subproducto nacido al calor de los controles y con alarmante participación de funcionarios del propio gobierno que se aprovechan de las oscuras realidades que fluyen del modelo, tan pomposamente llamado socialista.

Tratar de cubrir con la raída vestidura de la especulación una inflación que corre desbocada, sin jinete, es engañar a la gente, es demostrar que no hay ni asomo de solución porque todavía el gobierno no ha sido aconsejado por el régimen de Cuba que debe abrir ancho espacio a la inversión privada y olvidarse, por lo menos en ellos, del recetario jurásico de los infelices controles.

La salida está en la inversión masiva y de calidad, que por el contrario no dejará de retirarse si se mantiene ­como parece- el antediluviano modelo madurista, adornado además de groseras amenazas contra los fantasmas de su imaginación. Maduro quiere un país productivo con la asistencia de empresarios “patriotas”, eufemismo que encubre la infructuosa lata de siempre.

La fijación de los precios ­hasta el último de ellos- y la regulación del suministro de divisas valiéndose de una nueva instancia burocrática van a agravar el daño que pretenden sanar, salvo que la ya célebre incompetencia gubernamental para frustrar promesas no los proteja nuevamente del disparate mayor. Sirva lo dicho para hacer notar un rasgo originalísimo del principado madurista; y lo digo muy en serio: sus absurdos son tan increíbles que no falta quien piense que en lugar de dislates se trata de astucias ocultas. Por eso, atribuir a una silenciosa guerra económica de índole imperio-derechista, puede haber convencido a algunos chavistas, no dispuestos a aceptar que la cúpula de la revolución tenga la sesera vacía. Y no es para menos: alguna mano oculta ha de haber causado una crisis tan sorprendente como la que padecemos, en una Latinoamérica en festivo crecimiento y baja inflación pese a carecer de la plétora de divisas de la tierra de Bolívar, fluyendo del mercado alcista del petróleo.

Intentan hacer algo, sin duda. Pero están envueltos en un caos alborotado por nerviosas propuestas que se niegan unas a otras. La cercanía del 8 D los inclina a descargarle a la “burguesía parasitaria” la responsabilidad de lo que ha hecho la “burocracia parasitaria”, vulgo, boliburguesía o bolichicos, vaya usted a saber.

Pero eso de hablar de un estamento social como si fuera una persona natural es un añejo anacronismo propio (hará una centuria) de los grupos más fanatizados e ignorantes del anarquismo y el comunismo. Al igual que en la estremecida Venezuela de esta penosa era, estaban hechos para pelear no para debatir argumento vs argumento. La espiral del insulto se desliza en un pozo insondable, infinito. Si comenzaron hablando de la “derecha”, la sonrisa mordaz del así calificado los hace subir el tono para motejarlo de “ultraderecha”, sin que haya ocurrido algo nuevo que lo explique. Esa añagaza se agota. He hablado con gente honesta del chavismo. Para ellos, como para los Heraldos de Vallejo.

“son las caídas hondas de los Cristos del alma”
En Miseria de la Filosofía, sin cumplir 30 años y por lo tanto con toda la pasión de la juventud, Marx habla de categorías económicas pero no de “burguesía” encarnada en seres humanos. No porque no creyera lo que sabemos que creía de ella, sino porque no la “personalizaba”; trataba de “clase social”, sin ocurrírsele que Proudhon a quien masacra en esa obra- fuese una transfiguración del estamento dominante.

Lo llamó ignorante, lo batió contra el suelo, pero no clamó que fuera una especie de animación burguesa, como lo hace desde el fondo de sus tinieblas intelectuales don Nicolás Maduro en su angustioso intento de descalificar a quienes lo llevan asido de la oreja al sacrificio del 8 D.

“De la oreja izquierda”, digamos en respeto a su siniestra ubicación ideológica.