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Después de Santos en Colombia -Ricardo Escalante

Screen Shot 2014-01-19 at 12.38.32 PM http://www.ricardoescalante.com/ domingo, 19 de enero de 2014

Oscuras perspectivas de lo que se cocina en La Habana

Cualquiera podría preguntarse por qué, si la convicción del presidente Juan Manuel Santos sobre la necesidad de una reforma de las instituciones colombianas era sincera, en vez de plantear un debate amplio con los sectores democráticos de su país, prefirió el escabroso camino de negociar de tú a tú con un grupo minúsculo, criminal, dañino, alzado en armas.
La agenda de las reuniones en La Habana da pábulo a la tesis de que a Santos le interesa más su reelección que la gravedad del diluvio que va a desatar, una de cuyas consecuencias será un clima de inestabilidad política que, a su vez, repercutirá en esa economía nacional sólida que ha sobrevivido los peores embates del narcotráfico y la guerrilla.  El clima político y económico tiene sus límites, pero el Presidente pareciera no entender que el legado del vetusto régimen cubano es solo caos y no hay nada que buscar con sus fórmulas.
He leído y releído los artículos publicados por el jefe del equipo negociador del gobierno colombiano, Humberto de la Calle Lombana, en los cuales usa frases edulcoradas para desparramar cosas tan delicadas como, por ejemplo, la intención de modificar la ley para darle a las Farc y al ELN cuotas parlamentarias superiores a las provenientes de la voluntad popular. Y al leerlo me pregunto si bajarse los pantalones es un cauce para la paz.
De la misma manera y como si hiciera una confidencia o revelara un “estupendo secreto”, él ha hablado de “un esquema de reconocimiento escalonado de diversos derechos que incluirían financiación y acceso a medios de comunicación”, pero se guarda el “beef” del asunto.  Se trata nada más y nada menos que de asignaciones económicas estatales para propaganda del partido que surja de la negociación y, por supuesto, con eso volvemos a lo mismo: ¿Se reivindica así a las víctimas?  ¿Es justo financiar a quienes han matado a mansalva, secuestrado, torturado, desplazado, extorsionado y chantajeado a cientos de miles de ciudadanos?
Quienes negocian y bailan al traqueteo de ametralladoras, juegan con cartas marcadas y están asesorados por los amigos de Cuba y Venezuela, que, además, les proveen dinero y armas.   Las Farc han proclamado de manera constante su lucha contra el sistema establecido en Colombia, es decir, contra las instituciones y la democracia.  Hugo Chávez tenía un discurso similar para engatusar a los cándidos y ahora tenemos el resultado a la vista.
¿Estará Santos en vías de convertirse en un símil de lo que fue Rafael Caldera en Venezuela? Con su descomunal ego, Caldera se sentía cercano a Dios y hasta pretendía agarrarlo por las barbas, a pesar de lo cual pasó a la historia como lo que en realidad fue: Uno de los grandes responsables del derrumbe de la democracia venezolana.  Su discurso anti sistema del 4 de febrero de 1992 -cuando todavía estaba fresca la sangre de los muertos causados por el golpe de Chávez-, alcanzó una celebridad tan amarga como la del sobreseimiento de la causa militar a que después fue sometido el teniente coronel golpista.  Ahh, y la ñapa fueron las prebendas que otorgó a otros sublevados. ¿No estará Santos dándole un palo a la lámpara con estas negociaciones?
La situación política colombiana se complica, además, por la ausencia de partidos robustos, con direcciones colectivas bien estructuradas y con líderes sólidos.  Y, por supuesto, también hay que decirlo: El ex presidente Alvaro Uribe es responsable de cuanto ocurre por haber estimulado la candidatura de Santos, así como por las pretensiones de convertirse en un caudillo a la vieja usanza.  Uribe castró la posibilidad de derrotar en las próximas elecciones a su ahora enemigo jurado, al crear un movimiento a su imagen y semejanza, con un candidato que no emociona y no levanta vuelo, escogido mediante un guiño a la maquinaria uribista.  Y, por cierto, a todas estas me pregunto dónde andará Pacho Santos, y qué pensará de este descomunal enredo y del caudillo en quien confiaba.
Por todo eso, ahora solo nos resta desear que ante el eventual referéndum sobre el acuerdo Farc-Santos, prive la sensatez de los colombianos.
@opinionricardo