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EDITORIAL Ahí viene Unasur -Fernando Rodríguez
Lunes 17 de Marzo de 2014  |  TalCual

Screen Shot 2014-03-17 at 7.39.52 AMDe verdad que es absurdo que el gobierno esté cantando victoria por las resoluciones de Unasur sobre nuestra trágica condición actual. Más allá de las fórmulas vagas por el mantenimiento del hilo constitucional, la paz y los derechos humanos que contienen, que se haya decidido enviar una delegación de cancilleres con la finalidad “de que acompañe, apoye y asesore un diálogo político amplio y constructivo, orientado a recuperar la convivencia pacífica en Venezuela…”es un claro e inequívoco índice no solo de que atravesamos una situación lo suficientemente grave como para necesitar una injerencia extranjera (sic) a fin de intentar solucionarla o, dicho con otro matiz, que el gobierno de Maduro no es capaz de enfrentarla con sus mermadas fuerzas. Que sea Unasur y no la OEA es una insignificancia. Lo que se ha caído es aquella soberbia que ayer no más decía que los problemas de los venezolanos los solucionamos los venezolanos, es decir, aquí hay gobierno suficiente para mantener el orden y el normal funcionamiento del país. Esa misión indica la convicción de los vecinos de que no lo hay.

Es cierto que en el documento existe algún saludo para los esfuerzos dialogantes del gobierno y exhorta hasta “considerar la Conferencia de paz instalada”, pero es todavía más cierto que ello es bastante retórico a la luz del mandato de la comisión de cancilleres de instalar un verdadero diálogo. Distinto a la caimanera al estilo Maduro (y Chávez).

A los que no creemos que la guarimba sea una Salida debería más bien interesarnos esa puerta que se abre y que a lo mejor nos permite hacer más viables algunas propuestas alentadoras, al menos para no seguir ampliando la lista de muertos, heridos y torturados.

Habría que agregar que no nos parece tampoco probable, eso se dice, que el organismo suramericano mande una comisión fuertemente sesgada, formada solo por partidarios de la diplomacia a la manera de los chulos.

Al fin y al cabo allí hay gente seria que caerá en cuenta de que es un sinsentido nombrar solo réferis ganados para una u otra parte. Y también porque aun los chulos, justo por chulos, deben estar calculando que no es demasiado sensato poner todas las fichas en un gobierno tan tembleque, con una economía destrozada y un pueblo muy bravo.

Ahora bien, esto no conduciría a mucho sin que esa mediación convenza a los eventuales interlocutores locales. Son perfectamente razonables las sospechas de muchos, muchísimos, sobre la credibilidad de un gobierno que ha hecho de la mentira descarada e impúdica su arma “ideológica” básica (El viernes pasado el propio Maduro no titubeó para decir que absolutamente todos los casi treinta muertos de estas cuatro semanas de ira son víctimas de los guarimberos, lo cual es un verdadero gesto de desprecio con el raciocinio de todos, hasta de muchos de sus partidarios). Y por ende esos justificados escépticos son renuentes al tema mismo del diálogo, imposible con sujetos de esa catadura.

Ante eso solo cabría argumentar que, ciertamente, el diálogo no es una ofrenda del amor y los anhelos de paz, alegría y felicidad…

que proclama la cúpula gubernamental sino que es una prueba de fuerza como cualquier otra, que proviene de la necesidad y no del altruismo. Que es la guerra continuada en una mesa, sin duda una mejor manera de hacerla. Y para este gobierno esa necesidad parece haber llegado, lo demuestra el documento de Unasur y la manera jubilosa como éste lo ha acogido. Por último hay que recordar que esa posible mesa de diálogo no es incompatible con otras políticas que habrá que hacer, tan aguerridas como deban ser.