EDITORIAL @analitica | ¿Agoniza el socialismo del siglo XXI?

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Después de la caída del Muro de Berlín, el comunismo se derrumbó en el mundo, salvo en Cuba y en Corea del Norte, ya que en China y a pesar de que el poder sigue en manos del PCC, el modelo de gobierno adoptado fue el de libre comercio y economía de mercado.

En nuestro país se intentó recrear, con un diferente nombre, el comunismo ortodoxo o estalinismo, que es lo que se seguía aplicando en la Cuba de los castros, y gracias a la bonanza económica que tuvo Venezuela en los primeros años de este siglo se tomó, bajo la inspiración de Fidel Castro y la ejecución por parte de Hugo Chávez y de Lula, de sembrar en la región el supuestamente nuevo modelo político y económico que iba a conducir a Latinoamérica a lograr alcanzar el sueño utópico de que el comunismo llamado -ahora socialismo del siglo XXI- iba a triunfar y superar los errores que cometieron tanto la URSS y la China maoista.

Por un tiempo, y mientras la chequera petrolera avanzaba, se sumaron varios al proyecto como fueron los Kirchner en Argentina, Lugo en Paraguay, Morales en Bolivia, Correa en Ecuador, Ortega en Nicaragua y otros que si no de manera expresa se acomodaban, para recibir apoyo financiero, al nuevo mito político. Así se crearon nuevas organizaciones internacionales como la ALBA, la CELAC, UNASUR, BANCO DEL SUR (BANSUR) y TELESUR, todas ellas hoy en día en vías de desaparición.

La realidad del fracaso de un modelo que solo sembró gobiernos autoritarios, populistas en su esencia e intensamente corruptos y que no pudo presentar una imagen de una nueva sociedad más eficiente y más justa y, en particular, la quiebra de Venezuela con una de las mayores crisis humanitarias del continente, enfriaron los ánimos en el hemisferio y progresivamente se dieron cambios políticos en muchos países que se distanciaron del utópico socialismo del siglo XXI.

Hoy Unasur no existe, la CELAC tampoco, la ALBA perdió al Ecuador, y Nicaragua está sometida a fuertes protestas populares, Cuba anda en un proceso sui generis de cambio y solo la Bolivia de Evo Morales, por ahora se mantiene en pie de lucha.

Es difícil prever el futuro, pero lo que si parece probable es que América Latina irá en una dirección diferente en la que se intentará, con mayor o menor éxito, frenar la corrupción, buscar el crecimiento económico y gobiernos más pragmáticos que ideológicos que traten de superar la brecha que separa a sus países del resto del mundo.