EDITORIAL @analitica | El resentimiento destruye al raciocinio

AnalíticaEditorialLunes 17 de agosto de 2015

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Al igual que la ceguera ideológica, el resentimiento no solo impide pensar sino que no permite transigir y mucho menos concordar

El resentimiento es una de los peores facetas de un ser humano porque obnubila la razón y hace de la persona que lo padece  esclavo de una situación vivida en el pasado y que seguramente le causó mucho enojo, pero que no lo deja vivir libremente ya que se ve impelido a re-sentir a diario aquello que tanto lo turbó en el pasado.

En la historia universal los grandes dramas han ocurrido, frecuentemente, cuando un resentido alcanza el poder. Un ejemplo clásico fue el descrito por el médico y escritor español Gregorio Marañón cuando escribió su fenomenal libro Tiberio, historia de un resentimiento.

Ese libro se puede leer a la vez como un texto de historia, como un tratado político o como una ficción, pero lo importante es que describe la tipología del resentido y el daño que puede causar cuando tiene el poder absoluto en sus manos.

Al principio del texto Marañón comenta: Entre los pecados capitales no figura el resentimiento y es el más grave de todos; más que la ira, más que la soberbia, solía decir don Miguel de Unamuno. Y continua diciendo En realidad, el resentimiento no es un pecado, sino una pasión; pasión de ánimo que puede conducir, es cierto, al pecado, y, a veces, a la locura o al crimen.

Desgraciadamente en nuestro país muchos gobernantes han sido producto de un hondo resentimiento.

Peor aún es cuando esa pasión se convierte en el denominador común de una clase dirigente, ya que al igual que la ceguera ideológica, el resentimiento no solo impide pensar sino que no permite transigir y mucho menos concordar.