EDITORIAL @analitica | ¿Estaremos fuera de la era del conocimiento?

Screen Shot 2015-09-16 at 10.15.14 AMMiércoles 16 de septiembre de 2015

La Venezuela de nuestros días depende del petróleo y ha descuidado de manera criminal la formación del capital humano altamente calificado

Si hay una verdad que no tiene atenuantes es que los países que progresarán son aquellos que se han insertado en la era del conocimiento y estos son los que desarrollan productos de alto valor agregado. En cambio, los países que siguen apostando su futuro en la producción de materias primas, o incluso de manufacturas básicas, quedarán inevitablemente rezagados en el concierto mundial de las naciones.

En Latinoamérica siguen creyendo que podrán crear prosperidad para sus pueblos vendiendo café, soya, cobre o petróleo y cuando más ensamblando piezas para las industrias manufactureras. Y parece que los Presidentes de estos países siguen viendo el futuro con el crisol del pasado, olvidando que a nivel del producto bruto mundial la agricultura pesa solo un 3%, e incluso la industria solo un 27%, mientras que los servicios representan ya un 70%.

Hoy, los países más prósperos son los que han potenciado el trabajo mental por encima del manual, por eso es que entre estos están países como Finlandia, Singapur, Taiwán e Israel, que carecen de materias primas, mientras que, por ejemplo, la Venezuela de nuestros días depende, casi exclusivamente de la exportación de un mono producto, el petróleo, y ha descuidado de manera criminal la formación del capital humano altamente calificado.

Es tan cierta esta tendencia que las empresas que en la actualidad tienen un mayor producto bruto son precisamente aquellas que producen tecnología o servicios como puede ser el caso de Apple , Google y Amazon.

Si los dirigentes políticos venezolanos no entienden que nuestra supervivencia como nación no depende del petróleo sino de la excelencia en la educación de los venezolanos, seguiremos decayendo y nuestras inmensas reservas petroleras quedarán como una oportunidad perdida, al no haberlas utilizado para potenciar al máximo el capital humano de nuestro país.